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Notimex
Publicado el lunes, 7 de septiembre del 2015 a las 22:34
Canaima.- Una cadena de elevaciones, macizos montañosos llamados tepuyes por su forma rectangular, conforma el espectacular espacio natural del Parque Nacional Canaima, la última frontera en el sur de Venezuela.
El parque ocupa una superficie de más de tres millones de hectáreas, dentro del cual está el llamado macizo guayanés, con al menos 100 tepuyes o moles rocosas –las más antiguas del mundo, que dibujan un paisaje milenario, de ensueño, que recuerda el origen de la Tierra.
El principal atractivo del Canaima, que fue decretado parque nacional el 12 de junio de 1962, es el Auyantepui, de donde fluye el Salto Ángel, la caída de agua más alta del mundo.
Toda la zona, llamada la Gran Sabana, es la zona sur más remota de Venezuela, donde se encuentra la frontera con Brasil y es el hábitat natural de varias etnias venezolanas, entre ellas los pemones.
La cadena de tepuyes puede ser vista en el trayecto de la carretera del parque Canaima. La formación del tepuy asombra a los visitantes, pues tiene una estructura tubular, con paredes verticales en forma de mesetas.
Es una estructura de cuarzo, oro, diamante, pizarra, granito y bauxita y capas areniscas que cubren su espesor.
La cima del tepuy es totalmente plana y sobresale a la superficie del paisaje en la carretera del Parque Nacional Canaima, situado en el estado Bolívar, que concentra el mayor número de recursos naturales del país.
La zona es conocida como “Tierras altas de Guayana”, en el límite fronterizo con Brasil y Guyana.
Canaima cuenta con una extensión de 30 mil kilómetros cuadrados, lo cual lo coloca entre los seis parques nacionales más grandes del mundo.
Expertos explicaron que su formación es producto de varios períodos de levantamientos y hundimientos tectónicos que dejaron expuestas ciertas áreas del escudo guayanés, lo cual originó los tepuyes, cuya formación rocosa hace que la erosión diferencial destaque las cimas montañosas.
En la cadena que conforma el macizo guayanés, que comprende al menos cien tepuyes de distintas alturas, destacan el Roraima, con dos mil 810 metros sobre el nivel del mar.
Es uno de los lugares más antiguos del planeta, con más de tres mil 500 millones de años, que se remonta hasta el precámbrico. Constituye una de las mayores bellezas naturales del mundo.
De estos tepuyes, sólo el llamado Auyantepui, casa del Salto Ángel, y el Roraima pueden ser visitados por turistas, ya que la densa selva tropical impide el acceso a los restantes.
Escalarlo es reto para cualquier montañista y muchos visitantes prefieren tomar vuelos privados para disfrutar de su vista.
El tepuy Roraima es el más alto, con dos mil 810 metros sobre el nivel del mar, mientras que el Auyantepui es el más ancho por sus 700 kilómetros cuadrados de superficie, y una altura máxima de dos mil 460 metros.
En esta región de la Gran Sabana, además del Salto Ángel, se encuentra una serie de pequeños y medianos saltos y piscinas naturales que embellecen el paisaje.
En el parque Kako Parú, la quebrada de Jaspe adorna la selva mientras serpentea sobre un lecho conformado por una piedra semi preciosa, de apariencia entre lisa y rugosa, algo resbaladiza, que se denomina jaspe, el cual es el resultado de la mezcla natural de cuarzo y sílice.
La quebrada o riachuelo tiene una longitud de 300 metros, atravesando una pared rocosa roja, hasta el lugar donde brota una pequeña cascada, un manantial de agua pura, donde los visitante tiene la oportunidad de darse un baño refrescante.
Las etnias de la zona poseen la custodia del territorio, con la compañía de las fuerzas militares que custodian una región rica en recursos mineros y piedras preciosas.
Los aborígenes pueblan la Gran Sabana, donde se pueden observar campamentos de la etnia predominante, los pemones. Ellos son considerados por los lugareños “dueños y custodios” de esas tierras y aplican las ancestrales enseñanzas sobre el respeto a la tierra.
Algunos, más acostumbrados al contacto con los visitantes, se ofrecen a los turistas como guías. Es común encontrar en la zona quienes dominan cuatro idiomas, con el español, el portugués, el inglés y su lengua nativa pemón.
En el extremo sur del territorio venezolano, la frontera con Brasil es un mundo que se mueve con el comercio, no siempre legal. Como en el resto de las fronteras venezolana, por esta línea divisoria atraviesan bienes de consumo, alimentos básicos y piedras de oro.
También es común el idioma portugués por la cercanía de Brasil, que está a 10 minutos de la localidad más cercana, Santa Elena de Uairén, por lo que siempre hay movimiento de turistas brasileños.
La zona también atrae a los aventureros, debido a la cantidad de minas y asentamiento donde explotan el oro.
Carlos Cartaya, un colombiano residenciado en Santa Elena de Uairén desde hace 12 años, dijo que trabaja a destajo en una de las minas.
Confesó que se compró recientemente una camioneta 4×4, utilizando el intercambio de medio kilo de oro que obtuvo de las minas en solo un mes.
rd
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