Internacional
Por
Grupo Zócalo
Publicado el lunes, 16 de febrero del 2026 a las 19:33
La Habana.- Las esquinas de La Habana despiden un hedor penetrante. Montañas de desperdicios crecen día tras día, rodeadas de moscas que zumban sin descanso sobre cajas de cartón aplastadas, botellas vacías y bolsas rotas. La estampa se repite en barrio tras barrio de la capital cubana: residuos sin recoger que obligan a conductores y peatones a trazar rutas alternas para evitar los montículos.
La crisis tiene nombre y apellido: escasez de combustible.
Según reportó Cubadebate, el medio oficial del gobierno, apenas 44 de los 106 camiones recolectores de La Habana pueden circular. El resto permanece inmóvil en los depósitos, sin diésel para arrancar.
“Aquí en La Habana, donde quiera que mire, hay basura”, dice José Ramón Cruz, quien vive en uno de los barrios afectados. “Aquí hace como 10 días que no vienen a recoger, y lo que hay ahí son al menos seis o siete camiones de basura”.
Entre los desperdicios, algunas personas hurgan en busca de algo aprovechable: un pedazo de metal, ropa vieja, cualquier cosa que pueda venderse o reutilizarse.
La parálisis de los camiones recolectores es apenas un síntoma de una crisis mayor. Cuba, con sus 11 millones de habitantes, enfrenta un desplome en el suministro de petróleo que ha obligado al gobierno a racionar combustible para proteger servicios considerados esenciales.
Venezuela, que durante años fue el principal proveedor de crudo de la isla, suspendió sus envíos a mediados de diciembre. México también anunció que dejaría de mandar suministros tras las amenazas de Washington de imponer aranceles a cualquier país que comercie con Cuba.
La administración de Donald Trump ha intensificado la presión. Además del embargo que pesa sobre la isla desde los años 60, el gobierno estadounidense ha sancionado a buques petroleros que intentan llegar a puertos cubanos y ha advertido de represalias económicas contra proveedores extranjeros.
En poblados del interior, donde la situación no es mejor, los cubanos han recurrido a redes sociales para alertar sobre los riesgos sanitarios. La acumulación de basura no solo afecta el paisaje urbano: representa una amenaza concreta de enfermedades y contaminación en un país que ya batalla con la escasez de medicamentos y alimentos.
El gobierno cubano mantiene su apuesta por reservar el poco combustible disponible para hospitales, transporte público y otras prioridades. Pero en las calles de La Habana, el resultado es visible, oloroso e imposible de ignorar.
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