La verdadera guerra en Irán no es la que provocó Trump el sábado pasado enviando misiles a sus instalaciones nucleares, es la que padecen las mujeres iraníes desde 1979, después de la revolución islámica, y además en diciembre de 2024 entró en vigor la Ley sobre la Protección de la Familia mediante la Promoción de la Cultura de la Castidad y el Hiyab. “En una peligrosa escalada, la ley permite la imposición de la pena de muerte por el activismo pacífico contra las discriminatorias leyes iraníes sobre el uso del velo”… Hasta con 10 años de prisión y una multa de 12 mil dólares pueden ser castigadas las mujeres por ser “desobedientes” (Amnistía Internacional).
El hiyab se ha convertido en un verdadero símbolo de identidad religiosa, pero también en un arma política, la cual fue fundamental en las pasadas elecciones. El actual Presidente, Masoud Pezeshkian, dijo que suavizaría esta medida tan estricta sobre el hiyab (el velo) obligatorio. Pero no fue así, al contrario, ahora el uso del velo se vigila con drones y reconocimiento facial, según la misión de la ONU, tanto para las mujeres como para las niñas a partir de los nueve años.
Durante el 2024, según un informe de la organización Iran Human Rights, el régimen iraní ejecutó a 31 mujeres, la cifra más alta desde 2008. “Y lo cierto es que muchas mujeres de la zona quieren ir mucho más allá del uso opcional del velo, quieren conquistar otros derechos, libertades y oportunidades. ‘El hiyab es algo simbólico que ha puesto a las mujeres en primera línea, pero las conecta con todo tipo de discriminación a la que se enfrentan’, apuntó Nazli Kamvari, autora feminista iraní-canadiense” (NYT).
Afortunadamente las cosas han cambiado para las nuevas generaciones, ahora se ven mujeres jóvenes caminando por la calle, o comiendo en restaurantes, vestidas con telas muy floridas, con “tops” más audaces y con esponjadas y abundantes melenas. No obstante se arriesgan a que las detenga la policía, felices desafían las reglas.
La verdadera heroína de estas mujeres disidentes es Mahsa Amini, mujer iraní de origen kurdo, quien muriera el 16 de septiembre del 2022 a los 22 años, mientras estaba detenida por la “policía de moralidad” (policía religiosa islámica), por violaciones del código de vestimenta, es decir, por no llevar correctamente el hiyab. Recibió varios golpes tanto en el cuerpo como en la cabeza. Y a unas horas de su detención entró en coma. Su memoria está siempre muy presente en todas las manifestaciones de las mujeres que siguen luchando por sus derechos.
Algo que sin duda las estimuló mucho fue el premio Nobel de la Paz 2023 que recibió la activista de derechos humanos Narges Mohammadi. “Mohammadi, de 51 años, ha pasado la mayor parte de la última década entrando y saliendo de la cárcel, acusada de difundir propaganda antiestatal, como parte de la larga campaña de Irán para silenciarla y castigarla por su activismo”. Mohammadi ha sido no nada más víctima de la policía, sino que ha tenido varios problemas de salud, incluso un ataque cardiaco. “En respuesta a un importante levantamiento, liderado por mujeres, que sacudió a Irán después de que muriera Mahsa Amini, Mohammadi organizó protestas en la cárcel, escribió artículos de opinión y dirigió talleres semanales para las reclusas sobre sus derechos”.
Cuando recibió el Premio Nobel dijo que permanecería “al lado de las madres valientes de Irán”, y afirmó, “seguiré luchando contra la implacable discriminación, la tiranía y la opresión de género por parte del opresivo Gobierno religioso hasta la liberación de las mujeres”. Para ella, el cambio debe de venir desde el interior de Irán, mediante una sociedad civil sólida.
Narges Mohammadi es la quinta galardonada con el premio Nobel de la Paz estando presa. “El comité del Nobel dijo que el galardón reconoce además a cientos de miles de personas que se han ‘manifestado contra las políticas de discriminación y opresión del régimen teocrático de Irán contra las mujeres’” (Reforma).
Confieso que después de leer tanto sobre lo que sufren las mujeres iraníes, me entristecí mucho, me sentí mal de saber de ellas tan tardíamente, y no haber escrito antes a propósito de su realidad y de todas las injusticias por las que han pasado desde hace años. Ahora ya estoy un poco más enterada de su lucha y tengo la impresión que estaré más cerca de sus historias y de sus desafíos.
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