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| Verónica E. Llaca es también una conocida periodista.

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‘La novela negra habla del lado oscuro del ser humano’; mira la herencia de La Ogresa de la Roma

  Por Christian García

Publicado el lunes, 20 de diciembre del 2021 a las 04:30


Repasa la escritora Verónica E. Llaca a una de las asesinas seriales del país en su nueva novela

 Saltillo, Coah.- En 1930 México se sacudió ante uno de los casos más brutales de su historia: el de Felícitas Sánchez Aguillón, mejor conocida como ‘la Ogresa de la colonia Roma’ o ‘la Trituradora de Angelitos’. Una partera a la que se le achacan más de 50 infanticidios, aunque el número es desconocido aún hoy, a 90 años de los hechos.

Sin embargo, la sombra de este ‘ángel de la muerte’ sigue oscureciendo al imaginario mexicano y atrayendo la atención de personas como la escritora Verónica E. Llaca, quien escribió La Herencia (Planeta, 2021) una novela desgarradora y brutal, pero también necesaria para que el lector se pregunte: ¿qué sucede con la violencia en el país?

Para Llaca, la historia con la Ogresa inicia hace años, ya que durante una investigación dio con su nombre y sus asesinatos, pero también con una personalidad compleja, pues ante la muerte que provocaba había también una necesidad de placer personal. Así, la escritora encontró en ella a “un personaje súper novelesco para alguien que escribe novela negra”, y si a eso se le suma que hay poca información “se prestaba para ficcionarlo contando su historia, pero también una historia paralela”, como las que desarrolla en su libro.

Pues en este, el novelista de género negro, Ignacio Suárez, recibe fotos con reproducciones de crímenes inspirados en sus libros, lo que desata una carrera para descubrir al culpable de ellos, a la par, en cambio, se narra la historia de Felícitas Sánchez Aguillón, desde su nacimiento hasta su fin.

Por ello la autora indaga, ahonda y se introduce en el espacio negro de la vida de ‘la Espantacigüeñas’. Mirando no solo sus acciones, sino también las de sus padres y la del entorno que la rodeó. Sus deseos, individuales, pero también los impulsos sociales que estaban ahí. Es, entonces, una novela que se pregunta quién es el verdadero monstruo.

La novela negra habla del lado oscuro el ser humano, y sirve para plantear una pregunta para que todos nos cuestionemos de dónde venimos y si eso nos hace ser lo que somos, la persona que mostramos. La gente que tiene una historia regular, común y corriente, no llegaría a una respuesta tan compleja como ser una asesina serial. Por eso la novela se llama La Herencia, porque hace que el personaje y el lector se pregunten si la Ogresa tiene que ver con una herencia genética, social o familiar, si fue ella la que nació así o se le formó de esa manera”, comentó a Llaca a Zócalo en entrevista.

 

Enfrentar al mal

Así, La Herencia se encuentra narrada desde distintas fuentes, siendo los periódicos de la época una de ellas, pero también desde la imaginación. La historia del escritor que se convierte, contra su voluntad, en un especie de investigador y en la de los hijos de la Ogresa, quienes describen a su madre en diarios.

Para Llaca, eso tiene que ver con la necesidad de reflexionar, también, sobre el impacto de los medios en la opinión pública y en la construcción de un personaje contra el que el odio de una sociedad se va a descargar. Eso, señala, también reflexiona sobre la maldad que cada uno guarda o cómo se enfrenta a ella.

Hay una herencia de las notas periodísticas que son de dónde se crea la novela, y el impacto que estas tenían en el público. Hay una razón para que en la prensa exista la nota roja y es es que los seres humanos tenemos una gusto por leerlas, y no nada más por morbo, sino que creo que hay una parte en la que creemos que al leerlas, nos estamos librando de ellas al decir ‘ay, es que no me pasó a mí’. A los seres humanos nos gusta saber estos crímenes, estas cosas que tienen que ver con el descubrimiento de conocer a un posible victimario.

Pero esto no deja de ser literatura, que tiene que ver con el entretenimiento porque estás contando una historia. Mi primera intención al escribir algo así es pensar en cómo voy a mantener a mi lector para que pase la página más allá de la brutalidad, sino del uso de la palabra como herramienta. Porque un libro te abstrae de la realidad, y lo bueno de ellos es que entre sus páginas podemos resolver los crímenes que en la vida real no”, comentó la también autora de Cuerpos en Renta.

Quien busque un libro de fácil lectura, quizá La Herencia no es una buena opción, pues si algo hay entre sus páginas es una violencia exacerbada. La descripción puntual de actos viscerales que, sin embargo, se quedan cortos ante los que suceden día con día en este país. 

Así, el lector que se atreva a enfrentar a la historia lo hará también con la antipatía social con la que el mundo trata a las víctimas, apunta Llaca, quien señala que esos elementos son necesarios para repensar a quienes los sufren. Verlos, saber que existen y hacer lo posible por evitar los crímenes que los convierten en víctimas.

Nunca es fácil escribir sobre la violencia ni contarla de la manera más real. Al escribir este libro no pensaba en la crudeza, que es un término que me han dicho muchos lectores, sino en el realismo porque el acto mismo es crudo. Lo que pasa es que la novela arrastra al lector a ver a las víctimas de los crímenes como infanticidios, feminicidios, violaciones o hechos que de han pasado de ser palabras a algo más que sucede en nuestro paisaje cotidiano, en cifras.

Porque cuando solo decimos ‘ay, es que la violaron’, no vemos a la víctima, lo que sucedió. Escuchamos una palabra sin sentido, sin energía, ni empatía con la víctima. Este libro trata hacer un acto de conciencia, porque los personajes arrastran al lector a vivir con ellos, a sentir lo que les está pasando para que eso se traslade a la sociedad y que cambie un poco la mirada y la conciencia”, comentó.

 

Legado de violencia

Así, La Herencia es una historia que evoca al cuestionamiento sobre el infeccioso proceso de la violencia que ha llenado a México. Si bien la historia sucedió hace 90 años, ahora mismo hay una inundación de esta, ante la alza del narcotráfico. Elemento cotidiando en la vida del país por series, música y libros. Por eso, dice Llaca, es que su novela no toca ni de cerca ese tema, sino otro, el de la oscuridad íntima y su posible legado en el país.

Siempre he creído que la realidad supera a la ficción, y más en un país como México en el que me cuesta imaginar un héroe como los de las novelas policiacas, esos detectives. Porque no creo que los lectores mexicanos no se podrían creer una historia con un policía no corrupto o al que el crimen no lo haya amenazado para que se comporte de cierta forma. 

Por eso esta novela tenía como intención, también, contar una historia que nada tuviera que ver con el narco, porque ahora todo son libros sobre los crímenes el narcotráfico. Por eso yo quería salirme de esa idea que sí, es igual de horrible y tremenda, pero fuera de algo que es tan cotidiano que ha infectado a nuestro lenguaje”, finalizó.

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