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La princesa que le rogó a Juárez

  Por Néstor Jiménez

Publicado el martes, 21 de marzo del 2017 a las 10:00


Una mujer de alcurnia se arrodilló ante el entonces Presidente de nuestro país para hacerle una petición.

Monclova, Coah.- Luego de dialogar con Porfirio Díaz, Inés Lecrerc obtuvo el permiso para acudir a Querétaro y visitar a su marido, prisionero tras la batalla decisiva contra las tropas del Segundo Imperio en el año de 1867 en Querétaro.

La guerra de la intervención Francesa había llegado a su final con la derrota y captura del Emperador de México, Maximiliano de Habsburgo en el cerro de las campanas, donde también fueron detenidos Tomás Mejía y Miguel Miramón.

La hazaña fue llevada a cabo por los Generales Mexicanos Mariano Escobedo y Ramón Corona que también encarcelaron al militar prusiano, Coronel Félix Constantin Alexander Johan Nepomuk, Príncipe de Salm Salm.

El aristócrata había servido en las filas imperialistas y por ello era también considerado enemigo de la República.

Inés, con el documento que le aseguraba que la respetarían llegó al cuartel general en Querétaro donde pidió audiencia con el General Mariano Escobedo.

Al ser recibida, pidió le permitieran ver a su marido, Félix Constantin y al emperador Maximiliano, pero el héroe mexicano, al ver a la hermosa mujer, presuntamente trató de propasarse.

Enfurecida, Inés estalló en contra de Escobedo y lo advirtió, en represalia, el General le negó ver a los personajes y explicó que sólo el Presidente de México, Benito Juárez, tenía la facultad para permitir la visita.

Posiblemente hasta burlas hubo ya que en esos momentos el mandatario se hallaba en San Luis Potosí, pero no fue impedimento para la mujer, quien demostró su carácter recio y actitud determinada al trasladarse a ese estado, pues ella era la princesa de Salm Salm.

LA SUFRIDA REPÚBLICA ITINERANTE

Hace 211 años nació el gran estadista Benito Pablo Juárez García, en San Pablo Guelatao, Oaxaca el 21 de marzo de 1806 y pertenecía a la raza Zapoteca. Hijo de Marcelino Juárez y Brígida García. Fue bajo la tutela de su tío Bernardino cuando aprendió las primeras letras y el idioma castellano. Tras irse a la ciudad de Oaxaca trabajó en la casa de Antonio Maza, padre adoptivo de Margarita, con quien años después se casaría.

Sin embargo, fue el fraile Franciscano Antonio Salanueva quien lo inició en la escuela y al paso de los años, el ilustre indio de la nación Zapoteca se convirtió en abogado en 1834 en el Instituto de Ciencias y Artes de Oaxaca.

La carrera política de Juárez tuvo muchos aciertos pero también le tocó las épocas más difíciles de la República: Fue diputado y Gobernador de Oaxaca en 1847; en 1853 fue desterrado a Cuba por Antonio López de Santa Ana, quien se vengó al recordar que Don Benito le negó la entrada a Oaxaca cuando huía de las fuerzas norteamericanas proveniente de la Ciudad de México.

Fue parte de la Revolución de Ayutla y en 1858 fue presidente de México y se desató la Guerra de Reforma llamada también de Los Tres Años. Posteriormente en la Intervención Francesa la Presidencia de la República tuvo qué estar en constante movimiento.

Narra el cronista de Monclova y director del Archivo Municipal, Arnoldo Bermea Balderas, que Juárez juntó a sus más cercanos colaboradores, siempre se desplazó al norte para evitar que las huestes de Maximiliano los capturaran.

Se sintió seguro en el estado de Chihuahua en 1864, luego de pasar por San Luis Potosí, Coahuila, Nuevo León y Durango. A su familia la envió a los Estados Unidos. Mientras que en Villa del Paso del Norte (hoy Ciudad Juárez) estableció el Gobierno. Para el 21 de febrero de 1867 regresó a San Luis Potosí donde estableció el Gobierno mientras se preparaba el sitio de Querétaro.

LA DAMA ANTE EL INDIO

La dama de Salm Salm finalmente fue recibida por Benito Juárez, a quien le pidió permiso para ver a los prisioneros y llevarles comida. El encuentro fue grato pues el estadista la recibió muy cordialmente.

Incluso le dio el ansiado salvo conducto, pero dejó en claro que no se apiadiaría de los invasores que agredieron la soberanía de México.

A parte de eso consiguió que se les diera un trato más digno a los prisioneros llevándolos a un convento en lugar de una celda. Trató por todos los medios de liberarlos, incluso quiso sobornar a los custodios.

La terrible noticia que su marido y el emperador serían ejecutados al ser encontrados culpables en junio de 1867, la aterrorizó y buscó desesperada a Don Benito.

La siguiente escena pasó a la historia: descontrolada, al ser recibida por el presidente, ¡la princesa se arrodilló ante Juárez y suplicó por la vida de ambos!

La desgarradora acción de la mujer a los pies del “Benemérito de las Américas” ha sido comentada infinidad de veces y se describe como una prueba de compasión para el estadista.

Bermea Balderas explicó que Juárez con sumo cuidado levantó a la princesa, hasta cierto punto con un gesto paternal y perdonó la vida del príncipe de Salm Salm.

Don Benito dijo a Inés que eso lo hacía por reconocimiento a su valor y en atención a ello dio tres días más de vida a Maximiliano. Y mientras los príncipes eran desterrados a Europa, quien ostentara la corona de México fue fusilado el 19 de junio.

Las vidas de los tres protagonistas de esta historia tuvieron desenlaces muy distintos: La princesa convertida en enfermera sufrió en 1870 la muerte de su marido. Seis años después se casó por segunda vez y el 21 de diciembre de 1912 falleció en Alemania.

En México, el 18 de julio de 1872, Benito Juárez dejaría de existir víctima de una angina de pecho, sin embargo y como sucede con los héroes, ese último respiro apenas fue el comienzo de su leyenda a nivel mundial aquella que fue coronada por sus palabras: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz”.

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