Deportes
Por
Excélsior
Publicado el sábado, 10 de enero del 2026 a las 14:10
Miami.- En Miami, donde aprendió a leer defensivas antes que balances generales, Fernando Mendoza está a punto de cerrar un círculo improbable. El 19 de marzo disputará la final del futbol americano colegial en su ciudad natal con la Universidad de Indiana, cargando el Trofeo Heisman bajo el brazo y el estatus de futura primera selección del draft de la NFL. Afuera del estadio, en Las Vegas, ya corean su nombre. Los Raiders tienen el pick uno y una urgencia histórica por encontrar a su quarterback franquicia. Dentro del campo, Mendoza sigue siendo el mismo estudiante de negocios que sólo tiene Linkedln como red social activa.
La próxima gran figura de la NFL no vive de highlights ni de likes. Vive de rutinas, pizarras blancas y listas de tareas. Lee libros de liderazgo como Extreme Ownership y Inner Excellence. Pasa los veranos haciendo prácticas. Invierte. Se organiza como si cada semana fuera un trimestre fiscal. Y luego, los sábados de futbol colegial, destroza defensivas como un talento generacional.
Mendoza es latino, con sangre cubano mexicana, y también es una anomalía en un deporte que suele glorificar el caos. En Indiana se ha convertido en el pasador más eficiente del futbol americano universitario. Ha completado el 73 por ciento de sus envíos, suma 3349 yardas aéreas y 41 pases de anotación. En la semifinal contra Oregon lanzó cinco touchdowns y sólo falló tres pases. Llegó a esa instancia con seis intercepciones en toda la temporada y sin perder un solo balón suelto.
Su camino, sin embargo, fue todo menos lineal. En la preparatoria, en Miami, Mendoza era tan devoto de los libros que algunos entrenadores dejaron de reclutarlo. Dudaban de su compromiso con el futbol americano. Antes de su último año aceptó que su destino podía estar lejos de los grandes estadios y se comprometió con Yale.
“ Puede que mi carrera en el futbol americano no vaya como quiero. Pero todavía tengo una pequeña esperanza de que seré el próximo Ryan Fitzpatrick”, decía en aquella época.
La historia cambió en el último momento. Un quarterback comprometido con California se marchó a UCLA y Bill Musgrave, entonces coordinador ofensivo de los Golden Bears, escuchó el nombre de Mendoza en los pasillos del gremio. Fue a verlo y le ofreció un lugar de inmediato. Mendoza eligió Berkeley sobre Yale por una razón simple y brutalmente honesta. Podía pagar la universidad y Cal tenía mejor futbol americano.
En Berkeley empezó desde abajo. Camiseta roja, equipo de prácticas y una obsesión paralela por destacar en el aula. Logró admisión temprana en la Escuela de Negocios Haas, que acepta a apenas una docena de atletas por año. Ahí entendió rápido que su talento en el campo no lo hacía especial en ese entorno.
Más sobre esta sección Más en Deportes
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 5 horas
Hace 6 horas
Hace 9 horas
Hace 10 horas
Hace 10 horas
Hace 10 horas
Hace 11 horas
Hace 11 horas
Hace 13 horas
Hace 14 horas