Nacional
Por
Abdel Robles
Publicado el domingo, 11 de enero del 2009 a las 16:00
México, DF.- La detención de Laura Zúñiga, ex Nuestra Belleza Sinaloa ahora relacionada con las drogas, exhibe que hoy más que nunca las mujeres mexicanas sí tienen que saber de dónde sacan el dinero sus parejas.
La supuesta ignorancia de muchos sobre el origen de ciertos dineros funciona con la misma lógica de Paulina Castañón de Salinas de Gortari: “Yo no tengo por qué saber de dónde saca su dinero”.
Muchas veces las utilizan como verdaderas mujeres en la cama, pero como criaturas en otros aspectos
A pesar de que en las últimas décadas las mujeres han ido invadiendo territorios antes vedados para ellas, y que en ese proceso han asumido la responsabilidad de sus vidas, todavía hoy muchas mantienen resabios tradicionalistas. Así, no es raro encontrar a mujeres que son tratadas como mujeres hechas y derechas en la cama, pero como criaturas en todos los demás aspectos de la vida. Ellas mismas refuerzan tal dicotomía, con su dependencia económica y su ignorancia ante los asuntos económicos, políticos y sexuales de sus parejas.
La actitud “femenina” de desconocer cuestiones que las rodean, pero de las que obtienen provecho, quedó consagrada magistralmente por Paulina Castañón de Salinas de Gortari: las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber de dónde sacan su dinero nuestros maridos. Esa frase, expresada por la señora Salinas de Gortari durante su defensa en el juicio sobre el origen de los millones de dólares depositados en Suiza, es compartida por un número sustantivo de conciudadanas.
La detención y arraigo de Laura Elena Zúñiga, “Nuestra Belleza Sinaloa”, exhibe, lamentablemente que hoy, más que nunca, las mujeres mexicanas sí tienen que saber de dónde sacan el dinero sus maridos, parejas o galanes. Y no sólo ellas.
La supuesta ignorancia de muchos ciudadanos sobre el origen de ciertos dineros funciona con la misma lógica de Paulina Castañón: “yo no tengo por qué saber de dónde fulanito saca su dinero”. Así, ciertas personas fingen demencia y aprovechan la “invitación” a ser testaferros o a asociarse en empresas donde circulan cientos de miles de dólares de origen turbio. Pero, más allá de la creciente complicidad social en torno a los beneficios secundarios del narco, y de la escandalosamente nula disposición gubernamental para controlar el lavado de dinero, quiero regresar al caso puntual de Zúñiga.
La actitud típicamente femenina de aceptar ser mantenida y no hacer preguntas tiene una contraparte masculina, “protectora y sostenedora”, pero que hoy puede encubrir una realidad ilícita: “A ti qué te importa, si yo te cumplo y te mantengo como reina”. Pero además del peligro de la vinculación con el narco, la sumisión y dependencia femeninas también generan riesgos en la salud, y no sólo la mental. Uno, muy serio, es el contagio de enfermedades de transmisión sexual, entre las que destaca el VIH.
Hace tiempo Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe compusieron una atinada canción, precisamente a partir de la frase de Paulina Castañón:
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber, de dónde sacan el dinero nuestros maridos, de dónde manan los recursos que han obtenido.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber con qué políticos se juntan nuestros maridos en qué negocios se involucran con sus amigos.
Si son secretos, será por algo, si no te enteras, ¡pues qué mejor! si a ti te cumple puntualmente con el gasto tú no te metas donde nadie te invitó.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber a dónde salen por las noches nuestros maridos, con qué personas se solazan, con qué individuos.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber si tienen hijos o entenados nuestros maridos por qué no llegan los domingos ni días festivos.
Si te maltratan, será por algo, si te someten, ¡pues qué mejor! mientras te cumplan puntualmente con el gasto qué caso tiene preguntarles por su amor.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber si tienen otras preferencias nuestros maridos, si son exóticos sus gustos o son prohibidos.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber si son enfermos contagiosos nuestros maridos, si están en riesgo nuestras vidas por sus descuidos. Si te contagian, pues ya ni modo y si te mueres, lo quiso Dios, mientras te cumplan puntualmente con el gasto pá qué preguntas si se ponen el condón.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber de dónde salen con sus cosas nuestros maridos nosotras somos sus esposas, no sus espías.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber en dónde hicieron la carrera nuestros maridos, si son banqueros o diputados o son bandidos.
Las mujeres mexicanas no tenemos por qué saber, por qué saber.
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