Coahuila
Hace 2 meses
En el amanecer de este día, el aroma a cempasúchil y pan recién horneado se despliega como un susurro de los que ya no están. Las ventanas y puertas de las casas se abren de par en par como brazos que esperan el regreso de los seres queridos. La distancia entre la vida y la muerte se desvanece, y el amor se convierte en el puente que une dos mundos.
La fiesta de los muertos es un reencuentro, un camino serpenteante que se extiende hacia la eternidad. Flores y velas iluminan el sendero de los espíritus, guiándolos hacia la ofrenda que les espera. Un gesto de hospitalidad y amor que les recuerda la vida que compartieron con nosotros.
La ofrenda es un río de recuerdos que fluye desde el corazón de los que se quedan. Se coloca una foto, se deja el plato favorito, se enciende una vela. Cada objeto es un testimonio de amor que nos une a ellos.
La senda de las ánimas empieza cuando el pan cruje con la primera mordida, cuando el olor de las flores es tan intenso que parece abrir una puerta hacia lo desconocido. Las personas sostienen a sus difuntos con historias rescatadas de la memoria, testimonios que convierten los recuerdos en un libro con cada relato.
La muerte y el dolor de la pérdida son una presencia constante que nos acompaña durante la vida. Sin embargo, la esencia de nuestros seres queridos permanece en nosotros, y es en la memoria donde encontramos la verdadera conexión con ellos.
La memoria es un legado de amor que nos dejan nuestros seres queridos. Un legado que nos recuerda que la vida es breve, pero el amor que compartimos perdura en el tiempo.
El camino del ser querido hacia nosotros no se mide por la distancia recorrida, sino por la huella que deja en nuestros corazones. La memoria siempre está en el calor de una vela, en el perfume del pan, en la risa de un niño que pregunta por él.
En este día de reencuentro, la eternidad se condensa en un momento. Un momento en que el pasado y el presente se unen, y la ausencia se convierte en presencia. La senda de las ánimas es un camino de regreso al amor, un recordatorio de que la vida es un viaje hacia la eternidad.
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