Internacional

Publicado el lunes, 1 de junio del 2026 a las 20:25
Washington, D.C.– La “ultraderecha” en Estados Unidos (o Far-Right) atraviesa actualmente una etapa de diversificación y consolidación. De acuerdo con el Panorama de la Extrema Derecha, elaborado por Mark Pitcavage para la Universidad George Washington, este movimiento no es monolítico, sino un ecosistema fragmentado que aglutina desde supremacistas blancos y milicias antigobierno, hasta sectores antiaborto y antimigrantes.
El espectro de este movimiento es amplio y cuenta con figuras que han intentado capitalizar el descontento social. Entre los nombres más citados por organizaciones como la Liga Antidifamación (ADL) destacan:
– Nick Fuentes: Líder supremacista que busca incidir en la política republicana bajo una retórica nacionalista.
– Richard Spencer: Referente de la alt-right y el nacionalismo blanco.
– Ecosistema mediático: Voces como Tucker Carlson, Steve Bannon y Alex Jones actúan como los principales amplificadores de estas visiones dentro del tejido social estadounidense.
Más allá de la retórica interna, sectores de la derecha dura en el Congreso han logrado trasladar su agenda al plano internacional, centrando su discurso en la inseguridad fronteriza y el tráfico de fentanilo.
El senador Chuck Grassley, a través de un informe emitido en 2023, puso sobre la mesa señalamientos sobre la presunta complicidad entre funcionarios mexicanos y cárteles, acusando a agencias federales de EU de ignorar la corrupción en el gobierno de México al supervisar los fondos destinados al combate contra el narcotráfico.
Esta postura ha derivado en propuestas legislativas radicales. Figuras como el congresista por Florida, Greg Steube, y el excongresista Mike Waltz —actual embajador ante la ONU—, han abogado abiertamente por una respuesta directa de Estados Unidos, respaldando iniciativas para autorizar operaciones militares contra cárteles mexicanos. En esta misma línea, el congresista texano Dan Crenshaw fue un impulsor clave de una autorización para el uso de la fuerza contra estas organizaciones.
El tema ha escalado a lo más alto de la esfera política con la administración de Donald Trump. La Casa Blanca ha posicionado el combate al narco como eje central de su estrategia de seguridad, adoptando medidas contundentes que incluyen:
1. Clasificación de cárteles: Designación oficial de grupos criminales como organizaciones terroristas extranjeras.
2. Opción militar: Instrucciones al Pentágono para preparar posibles acciones castrenses contra el crimen organizado en México.
3. Presión diplomática: Exigencia de extradición de políticos mexicanos acusados de complicidad con grupos delictivos, bajo el argumento de que el gobierno mexicano carece de capacidad o voluntad para desmantelar a estas estructuras por cuenta propia.
Este escenario refleja cómo la extrema derecha ha dejado de ser un movimiento marginal para influir de manera directa en la relación bilateral, marcando una línea de confrontación sin precedentes en la política exterior estadounidense hacia México.
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