Coahuila
Hace 4 meses
Me he querido apropiar de esta frase, atribuible al título de dos canciones, una de la antigüedad y otra de la modernidad, una de Agustín Lara y la otra de Ryeli Barba para destacar la perseverancia de un hombre que luchó para lograr su propósito de vida, como un ejemplo del que se propone algo y lo logra.
Esta no puede ser una historia cualquiera, pues en ella se mezclan la educación como oficio y la vocación como servicio. El maestro Alfredo Moreno Quintero, originario de la comunidad La Madrid, en la Región Centro del estado, muy cerca de Monclova, Coahuila, hijo de un obrero de Altos Hornos de México, viajó a Saltillo para estudiar en el Instituto Tecnológico, donde se graduó como técnico en maquinas y herramientas. Regresó al terruño para seguir con la tradición e ingresó a la planta acerera de AHMSA hasta el año de 1991 cuando, invitado por uno de los hermanos Peart Mijangos, originarios de Monclova, regresó al Tecnológico de Saltillo, ahora como maestro.
La vida es un conjunto de experiencias y, desde esta concepción, una vez jubilado, el maestro Moreno Quintero ideó poner un modesto puesto de carnitas de puerco, aprovechando que sabía hacerlo y animado por un grupo amigos del Tecnológico.
Y fueron sus primeros clientes tres de sus compañeros maestros: Manuel Padilla, Chuy Mora y Sergio Castro, quienes, metafóricamente, le dieron “la patadita” de la buena suerte y, con el devenir del tiempo, el negocio creció, aunque modestamente y en el mismo lugar del pequeño puestecito rodante, donde inicia la avenida Isidro López Zertuche, hacia el norte.
Ahora es el hijo, Alfredo Moreno Padilla, quien trata de demostrar la importancia de tener un objetivo claro por el que luchar y es que al tiempo que el padre le sede la batuta del negocio, él delimita su meta y los medios para alcanzar el éxito del negocio.
Al principio colaboraron en él sus hermanos y su mamá doña Guadalupe Padilla Ramos; ahora es su esposa Gloria Edith Herrera García y los hijos de ambos los que participan en el negocio.
Todo se inició con un puesto de carnitas, que el abuelo Alfredo Moreno Castillo tenía en La Madrid, Coahuila. Alfredo tercero está consciente que lo único imposible es aquello que no intentas.
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