Y reloj biológico que le cantó al amanecer
Hubo y hay muy buenos locutores en el mundo, podría mencionar decenas de famosos, pero hoy quiero rendir homenaje a un contemporáneo, que sin haber traspasado las fronteras de nuestro estado y el país, fue, creo, mejor que muchos de ellos, me refiero a José Guadalupe Medina Cepeda, el famoso “Compadre Cepeda”, que comunicó a miles de personas en una interlocución para llevar mensajes al campo de la Región Sureste, y gente de los ejidos de otros estados aledaños al nuestro, en momentos en que no había más conexión en el país, que el telégrafo, el teléfono fijo y por vía terrestre el tren y el autobús de pasajeros.
A través de las ondas hertzianas de la XESJ, el Compadre Medina dejó una huella imborrable.
Su intercambio epistolar (mensajes por carta) logró salvar vidas, aliviar enfermos, arreglar bodas y cumpleaños, resolver problemas que nuestra gente campirana no hubiera logrado, sin la labor tan seria y eficiente que Medina Cepeda llevó a cabo por más de 30 años, casi al finalizar el último tercio del siglo pasado.
Su voz inconfundible hacía despertar todas las mañanas a los saltillenses, pues se convirtió en el termómetro para dar con exactitud la temperatura y la hora. El sector oficial educativo lo tomó como base o referente para suspender clases en tiempos de invierno o en cualquier otra eventualidad climática.
Además de ser mi amigo, era mi compañero de trabajo en la XESJ, me dio la primera oportunidad de leer noticias y sé su historia “al dedillo”, que sería largo enumerar, voy a procurar hacer una síntesis.
Nativo de Punta de Santa Elena, una ranchería al sur de Saltillo, llegó a la ciudad para terminar la primera, hizo secundaria en el Ateneo Fuente. Otra de las cualidades que poseía el futuro comunicador era el canto y la charrería. En el primero incursionó sin éxito, a pesar de su bien timbrada voz de tenor, porque tal vez no quiso, y en el segundo fue un excelente conductor del llamado deporte nacional.
En Nuevo Laredo tenía un programa como cantante y de ahí se dirige a Monterrey, donde se desempeñó como operador de consola de los grandes de la locución de la primera mitad del siglo pasado, Eulalio González “El Piporro”, José Rosendo Lazo, “Jeremías Becerra” y otros más en la radiodifusora XEFB. Decide incursionar en la locución en la XESJ de Saltillo, donde es aceptado por el joven gerente licenciado Jorge Ruiz Schubert y crea los programas de música norteña Arriba el Norte y Música Alegre en la Mañana, este último con música en vivo de los conjuntos regionales.
Algunas de sus frases:
¡Que mates el marrano, pa’ que vengas, pues se casa tu hija Rosita la menor, acá en Saltillo! ¡Oye que dice tu “amá” que te vayas en la burra gris, con cuidado porque es muy pajarera, para que recojas las medicinas de tu apá que llegan en el ferrocarril. Las cartas y los mensajes fluían por decenas cada día, en cada programa.
El Compadre Medina rompió a través de la radio por más de 20 años las barreras con que se tropezaban los habitantes de las regiones rurales, distancias, caminos y terrenos escasos de comunicación.
Madrugador empedernido, Lupe fue puntual hasta que su salud se lo permitió. Acostumbraba a llegar a las 4 de la mañana a la XESJ, única estación de radio para la cual presentó sus servicios durante tanto tiempo. Preparaba con acuciosidad, atención y esmero su material discográfico, y sobre todo los mensajes, que ordenaba por importancia y con ese gracejo que adquirió de una vena natural, por su origen campesino, José Guadalupe Medina Cepeda le daba ese sabor a su trabajo, con un tono muy natural norteño y lleno de frases y palabras que se identificaban con la gente del campo. Como fondo en todo su programa utilizaba sonidos naturales de animales de corral y silvestres, en un disco de acetato. El material se fue desgastando y sólo quedó el gallo, que por mucho tiempo fue su identificación y reloj biológico que le cantó al amanecer.
El Compadre Medina falleció el 7 de octubre de 1992.
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