Fiel a la novela de David Herbert Lawrence en la estética de la película y en el sentido erótico de la misma, la nueva adaptación de la novela El Amante de Lady Chatterley de Netflix, merece un comentario aparte porque, pese a lo complicado que es interpretar una obra erótica, lo lograron bien. Y eso permite que las nuevas generaciones conozcan esta literatura, en este caso una obra maestra y clásico de las letras eróticas. El libro que se lee en la efervescente adolescencia y que se disfruta siempre con la oferta de una lectura nueva en cada vez que se le tome entre las manos. Emma Corrin y Jack O’Connell interpretan a Constance Chatterley y Oliver Mellors. Ella es la lady de la propiedad en donde vive con su esposo Clifford, quien está inmovilizado de la cintura para abajo, va en silla de ruedas y no tiene interés en la actividad sexual. Recordemos que como dicta nuestra coitocracia, la importancia del sexo reproductivo es la función principal de una unión matrimonial, y más aún de la que se espera herederos. Lawrence retrata perfecto esta socialización entre las clases sociales acomodadas como los Chatterley, pero como buena novela modernista, él sabe cómo definir la conversación evidente y la soterrada sobre cómo debían ser las cosas entre cada estrato social, qué significa una transgresión y qué la redime: por eso la relación sexual de lady Chatterley y el guardabosque Oliver Mellors, no solo es el nodo de la novela, sino que guarda un enorme peso en el momento histórico en el que fue escrita.
No solo es la historia de amor que el buen Lawrence nos quiere dar en el más puro y expuesto sentido del amor romántico y romantizado, sino que también es el triunfo de una revolución de castas. El rudo hombre del campo con una sensibilidad tal como para ser un lector de James Joyce, pero también capaz de casi hacer desmayar a una dama en la ejecución de un cunnilingus. No estamos solo ante el triunfo del amor sino de la demolición de una pared.
Lady Chatterley deja a su esposo por el guarda bosques y huye embarazada. Un hijo ilícito que, si hubiera sido producto de algún señor aristócrata, no hubiera sido problema para Clifford. Pero no le latió ser el papá falso del hijo de uno de sus trabajadores.
En la novela el despliegue del erotismo, debido a la buena capacidad para coreografiar escenas sexuales por parte de D.H. Lawrence, nos regala momentos en verdad excitantes y creo que bien escenificados en este caso, en la película de Netflix (2022). Me gusta también que él es un autor con una perspicacia inusual para notar los detalles del acto sexual que si bien parecen lugares comunes son fundamentales para sentir, acoplar y que hay una filosofía del sexo y del ser sexual muy interesante.
En la película, con todo y el pulido trabajo de actuación de Corrin y O’Connell, orgánicos y frescos, creo que ninguna versión o adaptación de la novela resulta tan excitante y tan cerca a la experiencia humana del erotismo que detalla Lawrence, quien es contundente con la sensación profunda de sentir no solo el éxtasis, sino su poder de avasallar por encima de todo, como una fuerza de la naturaleza.
La adaptación de la directora Laure de Clermont-Tonnerre es hermosa, honra a la obra y hasta incluye a una ex Lady Chatterley, Joely Richardson, quien la protagonizó en 1993, y en esta aparece como la señora Bolton. Otra historia larga e incendiaria es la de la novela desde su aparición en el mundo, la censura y su prohibición.
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