Internacional
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La Jornada
Publicado el sábado, 14 de marzo del 2015 a las 03:34
Pekin. Ch.- El presidente chino Xi Jinping hizo saltar por los aires su imagen de dirigente conciliador al imponer al Partido Comunista una amplia purga anticorrupción, arrogándose más poderes y alimentando una suerte de culto de la personalidad que podría molestar al aparato, según los analistas.
Cuando accedió a la presidencia hace dos años en marzo de 2013, Xi -además, secretario general del Partido Comunista Chino (PCC)- era percibido como un candidato de compromiso entre las facciones rivales, aprobado a la vez por Jiang Zemin y Hu Jintao, sus dos predecesores.
Pero la amplitud de su campaña anticorrupción, que ha golpeado en varios flancos de las filas del partido, ha puesto punto final a su prudencia inicial.
“Si la gente (del PCC) hubiera pensado que esto fuera a pasar, no habrían elegido a Xi. Ha hecho lo contrario de lo que se creía, (es) la perfecta encarnación de un aguafiestas”, declaró Minxin Pei, experto en política china en el Claremont McKenna College de Estados Unidos.
Desde la muerte en 1976 del fundador de la República Popular, Mao Zedong, el partido es “políticamente, profundamente conservador” para evitar las derivas de este último, explica el experto.
bs
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