“Hemos olvidado que nuestra única meta es vivir y que vivir lo hacemos cada día y que en todas las horas de la jornada alcanzamos nuestras verdadera meta si vivimos… Los días son frutos y nuestro papel es comerlos”. J. Giono.
El desayuno que más me gusta por sencillo y sabroso, es el desayuno Andaluz. Una pieza de pan tostado con aceite de oliva y azúcar; así, sin más, con el sabor encontrado en el ingenio. En realidad se llama desayuno molinero. En la provincia de Jaén, cubierta de olivos, durante el siglo XIX las jornadas laborales eran continuas y los molinos no paraban noche y día de exprimir aceitunas y trabajadores.
Los jornaleros sin descanso se turnaban para trabajar y la peonía coincidía entrada y salida en el desayuno que aprovechaba el calor de las calderas para tostar el pan y los restos derramados del molino para untarlo de aceite.
Hoy es un símbolo de identidad de los y las trabajadoras que no tenían tiempo ni para desayunar. Ejemplo de dignidad, ante la avaricia y honor de la tierra de Andalucía.
El pasado martes el congreso de La Unión aprobó una reforma constitucional para reducir la semana laboral de 48 a 40 horas dando fin a una concepción neoliberal que medía la productividad por agotamiento y ahora se construirá con dignidad.
Cuándo surgió el capitalismo se trastocaron la relaciones humanas y con ello la noción del tiempo y el trabajo lo que colocó la lucha por la jornada laboral en el centro de la pelea entre el capital y los obreros y también de manera especial para que el ocio deje de ser un privilegio y se constituya en algo profundamente revolucionario que impacta el desarrollo de la cultura, la ciencia, el arte y todas las actividades que nos hacen género humano y humanidad, como tal.
La huelga de Cananea en 1906, concluyó en la redacción del artículo 123 de la Constitución en 1917 que decretó la jornada laboral de 48 horas y serían 100 años después cuando la cuarta transformación la llevaría a 40 horas.
Quede en el tintero, reducción de los días pero ahí estaremos con la bandera en alto, en su ausencia sin olvido que resuene el festejo.
Ensoñadora de verdades
Te conocen los pobres
han andado tus marchas
tierra adentro de la raíz
Germinal de los suelos
Y ellas quieren vivir
bienvenidas en un sereno de
rocío.
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