Sociedad
Por
Alfonso Dávila
Publicado el domingo, 29 de agosto del 2010 a las 14:10
Saltillo, Coah.- A17 días de conmemorarse el 26 aniversario luctuoso de doña Elsa Hernández de De las Fuentes, familiares y amigos estuvieron presentes en un homenaje que se llevó a cabo ayer por la mañana en el panteón Santo Cristo.
“La Dama de Dulce Autoridad”, como era conocida, falleció el 14 de septiembre de 1984, antes de que su esposo, el ex gobernador del estado José de las Fuentes Rodríguez, finalizara su mandato.
Cerca del los restos mortales de doña Elsa se montaron varias guardias de honor, mientras la recordaban por su incansable espíritu de lucha, siendo así un ejemplo de solidaridad con los más necesitados.
Diana Patricia González tuvo a su cargo la semblanza de la homenajeda y antes de finalizar el evento, la familia recibió una fotografía de doña Elsa, que fue grabada con su nombre y la frase “Nuestro Orgullo”.
‘La Dama de Dulce Autoridad’
Incomparable resulta la profunda e imborrable huella que dejó a su paso por la vida en el ámbito social, económico y político, pero sobre todo en lo humano; en la memoria y corazón de los coahuilenses la señora Elsa Hernández de De las Fuentes, “La Dama de Dulce Autoridad”, como fue bautizada por su pueblo.
Falleció el 14 de septiembre de 1984, cuando aún no llegaba a la mitad de su período como gobernador del estado, su esposo, José de las Fuentes Rodríguez.
Incansable luchadora social, desde diversas trincheras, nunca desaprovechó la oportunidad de servir a los demás, con sencillez, ternura, agilidad, inteligencia, serenidad, amabilidad y efectividad, siempre con inmenso amor y una eterna sonrisa a flor de labios, dando prioridad a quienes más necesitaban de su ayuda, los marginados y desprotegidos.
Hija menor del doctor Agustín Hernández Mejía y de la señora Guadalupe Salazar de Hernández, nació en Jalapa, Veracruz, un 11 de septiembre, aunque en toda su vida adulta sintió y consideró a Coahuila como su estado. Muy pequeña se trasladó a la ciudad de México al lado de sus padres y de sus hermanos mayores, Agustín, Dolores Guadalupe y José Othón.
En la Universidad Autónoma de México cursó sus estudios profesionales en la Licenciatura en Derecho. Fue en esa casa de estudios donde conoció a José de las Fuentes Rodríguez, quien cursaba la misma especialidad en un grado más avanzado. En 1958 la familia cambió su residencia a Saltillo, ya que José de las Fuentes fue nombrado Procurador General de Justicia en el estado por el entonces gobernador de Coahuila, Raúl Madero González. De inmediato, doña Elsa se incorporó a la labor social.
Se manifestó enemiga de los excesos en el burocratismo. Actuaba de inmediato, sin papeleos ni antesalas innecesarias para quienes acudían en demanda a su ayuda. Poseía también una memoria privilegiada y fue una buena administradora, inteligente, práctica y eficiente; muy enérgica en cuanto al uso honesto y racional de los recursos y a la administración transparente; por eso pudo hacer tanto con tan poco en aquellos primeros tiempos de labor en beneficio de la niñez y la familia, labor entonces aún no institucionalizada y por ello sin presupuesto oficial.
Tras el sexenio del general Madero, asumió la gubernatura Braulio Fernández Aguirre, y su esposa, Lucía Aguirre invitó a la señora De las Fuentes a continuar como directora del IPIC, reconociendo en ella su experiencia, sensibilidad y entrega hacia la obra que fue su pasión: el bienestar del niño y su familia.
De 1969 a 1976 fue subdirectora y maestra de la Escuela Secundaria Técnica Experimental 122 del Distrito Federal, en la que conquistó el cariño y la estimación de sus compañeros de trabajo y los estudiantes del plantel.
Al tomar posesión como gobernador constitucional José de las Fuentes, doña Elsa quedó por tercera ocasión al frente del mismo organismo ahora denominado Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia de Coahuila (DIF Coahuila) y ahora en calidad de presidenta. Nuevamente, pero con más intensidad, conquistó el cariño, respeto y admiración de todas las clases sociales, pues dio amor, comprensión y solidaridad a toda la gente con la que tuvo contacto, sin distinción de credos o clases.
Junto con su equipo de trabajo, brindó una creciente ayuda a personas con capacidades diferentes, buscando siempre su integración a la sociedad; utilizó la educación como medio para combatir las desigualdades sociales, a través de programas de alfabetización, cursos de capacitación para el trabajo, para el mejor aprovechamiento del gasto familiar, para la producción hogareña, para el autoconsumo y la comercialización, así como a través de convivencias familiares y asambleas comunales en las regiones más apartadas del estado, sobre higiene, nutrición, educación y planificación familiar.
Repartió alimentos, becas, artículos de vestir, calzado y ropa entre los sectores más necesitados; aumentó y mejoró la alimentación en hospitales, centros de readaptación social y albergues campesinos; fomentó con gran interés el fortalecimiento de la unidad familiar, promoviendo convivencias en centros vacacionales, parques y jardines; brindó asesoría jurídica a las personas de escasos recursos económicos.
Aún así, con la humildad que le caracterizaba, dijo en muchas ocasiones: “No estamos satisfechas; tenemos todavía un largo camino por recorrer”.
Su labor en el aspecto material, tangible, como se puede apreciar, fue extraordinaria, pero quizá la superó su entrega y herencia espiritual.
Fue tanto el amor y la ternura que de ella emanaba, que a donde quiera que fuera el pueblo prácticamente se volcaba para recibirla y saludarla con cariño y respeto.
Por todo lo anterior, estamos seguros de que usted estará de acuerdo en Elsa Hernández de De las Fuentes dejó en Coahuila una huella imperecedera.
Elsa Hernández y José de las Fuentes iniciaron un noviazgo, que culminó en 1948 con su matrimonio y procrearon cuatro hijos, José Manuel, María Guadalupe, Arturo José y Fernando Donato.
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