Pues resulta que miles de ciudadanos se manifestaron a favor del INE y en contra de la pretendida reforma electoral del presidente López Obrador.
Que mil aquí, 4 mil en Torreón, decenas de miles en la Ciudad de México y serán muchos o pocos, dependiendo de las filias y fobias de cada quien.
Lo cierto es que el reclamo, de fondo, es legítimo, ya que expresa la preocupación de quienes ven que el país se encamina a pasos agigantados hacia un autoritarismo propio de épocas pasadas, y por ello la defensa del INE, se convirtió en símbolo de la resistencia de los sectores que simplemente no están dispuestos a la incondicionalidad como requisito indispensable para ser tomados en cuenta.
El Presidente, como el gran demócrata que es, en lugar de ver una manifestación pública de ciudadanos en ejercicio de su libertad de expresión, vio a no más de 60 mil personas que apoyan el racismo, el clasismo y la discriminación.
En fin, que había “aspiracionistas y corruptazos” entre los que se manifestaron, seguramente, como también los hay, y por docenas, en las filas de Morena, como los hay en todas partes, pero la cuestión de fondo es que existen voces que reclaman ser escuchadas y que se niegan a vivir en un país con un pensamiento único, en donde se descalifique y reduzca, sistemáticamente la disidencia, la oposición.
Hay voces que, en el fondo, en la defensa del INE, intentan defender también a todas las instituciones que tantos años y esfuerzos nos costó –a todos los mexicanos, en mayor o menor medida– construir, y que desde hace cuatro años se han ido desmantelando y destruyendo sin que nada nuevo o mejor, o más eficiente, ocupe los vacíos que dejan.
No hay que olvidar lo que sucedió en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, que en manos de una activista de la 4T perdió su esencia, su solidez, al convertirse en un ariete político, y por eso, entre otras muchas cosas, la defensa del INE, hoy, es el símbolo de la defensa de la democracia, entendida esta como el Gobierno mediante el diálogo y los acuerdos, eso que en los hechos estamos perdiendo a pasos agigantados.
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