Cd. De México

Publicado el domingo, 6 de marzo del 2022 a las 11:08
Ciudad de México.- A sus 2 años y 5 meses, Leo pasó de ser violentado, lastimado y abandonado en un hospital a desarrollarse en una familia temporal en la CDMX.
Él es uno de los menores que provienen de una situación de violencia o vulnerabilidad y que, en lugar de enviarlos a un albergue, conviven con personas solas, familias tradicionales u homoparentales, mientras su situación jurídica se resuelve. La estancia puede durar hasta 6 meses.
Miriam Cifuentes, pediatra, y Reyes Manuel Mosco, representante médico, de 50 y 51 años, conocieron a Leo cuando se recuperaba en el hospital. Tras aprobar ellos exámenes, lo integraron a su familia.
“ No hay que preocuparnos por lo que sintamos nosotros, es por el bien de Leo, todo es por él”, dice Reyes Manuel.
Leo personifica el objetivo y la meta cumplida del programa “Hogares de Corazón” del DIF, en que los niños que sufrieron traumas pueden salir de los ciclos de violencia y avanzar en su aprendizaje y salud emocional.
Los signos del abandono eran evidentes en él: llegó a su nuevo hogar temporal, vistiendo ropa de niña, con tenis que no eran de su talla y se golpeaba la cabeza de forma constante.
Un abrazo y un beso eran acciones que recibía con extrañeza y que no realizaba, su semblante era serio y cabizbajo.
Ahora juega, ríe y es amoroso, está aprendiendo a hablar y ya casi no se autolesiona; también es disciplinado y lo educan sobre deberes, pero sin violencia.
“ Vimos en él ese niño inocente, triste, venía con carita triste, pero, una vez que estuvo aquí, empezó a tener esa transformación de un niño alegre.
“ Muchas familias dicen: ‘¿qué voy a hacer cuando se vaya?, ¿qué va a pasar conmigo?’ y les digo: no te preocupes por ti, preocúpate por los niños que no tienen un hogar, una familia, nada”, detalló Reyes, quien ha promovido el programa “Hogares de Corazón”, que actualmente tiene a 79 menores con familias temporales.
Miriam sabe que no será sencillo salir de la vida de Leo, pero lo acepta y hasta evalúa si repetirá la experiencia después.
“ De pronto es un boom, porque a veces pensamos desde nosotros, qué va a pasar con nosotros cuando él se vaya, no quiero sufrir, pero en realidad creo que es un programa muy noble, porque se le da la oportunidad a un niño de que pueda tener otro panorama, que haya algo más aparte de una violencia física, emocional, sexual.
“ Ellos se quedan sorprendidos porque a veces no saben cómo manifestar el amor, ni recibirlo”, resaltó.
Ambos aceptaron que Leo puede que los recuerde o no, pero aseguraron que importa romper el ciclo de la violencia para evitar ser maltratados o convertirse en agresores.
Ese es el objetivo, enfatizó Esthela Damián, titular del DIF local, incluso para menores con padecimientos mentales, tendencias suicidas, discapacidades, migrantes y adolescentes en conflicto con la ley.
Las familias pueden convivir con menores, desde bebés hasta adolescentes o que padezcan discapacidad o enfermedades mentales.
El “banco de familias” en un año y medio suma 30 y la meta es llegar al menos a 200, destacó Damián.
Entre adopciones definitivas, entrega a familias extensas y hogares temporales, el DIF registró a unos 3 mil 353 menores en familias y no en albergues.
“ No hay mejor lugar para un niño o una niña que una familia, seguramente todavía hay voces que piensan que remitir o que enviar a una niña o un niño a un centro de asistencia social es una ruta ineludible”, indicó.
La presidenta de la Comisión de Derechos Humanos, Nashieli Ramírez, coincidió en que el ideal es no tener a menores en albergues.
“ Lo que se tiene que hacer es buscar de entrada atención de las familias funcionales, con especialización, que permita que estén en un entorno de protección”, destacó.
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