Arte

Publicado el martes, 6 de mayo del 2025 a las 04:01
Ciudad de México.- El pianista Abraham Barrera camina sobre un sendero que se bifurca. De un lado, la libertad del jazz; del otro, la estructura monumental de Silvestre Revueltas.
Lo demuestra con dos discos recientes que, aunque nacen de lenguajes distintos, comparten una raíz creativa profunda: Te quiero decir algo, una grabación en vivo a trío que nace del impulso emocional y la improvisación, y un ambicioso homenaje al compositor duranguense para cuatro pianos, que convierte la complejidad orquestal de su obra en un tapiz de texturas musicales.
El primero, grabado con público en Estudio 13, junto a Aarón Cruz en el contrabajo y Giovanni Figueroa en la batería, es un álbum íntimo y emotivo.
“Son composiciones que escribí a raíz de diferentes sentimientos. En cuanto sentía algo, lo transformaba en melodía, en armonía, en ritmo”, explica Barrera.
El disco, que se grabó en una sola toma, surge del deseo de restituir la experiencia viva del jazz: la interacción, el riesgo, la escucha mutua.
En un contexto donde las inteligencias artificiales producen música sin tocar una tecla, Barrera apuesta por la sensibilidad humana.
“Una inteligencia artificial no puede improvisar con otros músicos. Ya hay mil cosas que se pueden hacer por medio de la tecnología, pero lo que no se puede lograr, es esa interacción de ejecutar un instrumento y reaccionar al momento”.
El trío, señala, es la formación clásica del jazz, donde coexisten rítmica, melodía y acompañamiento. Pero más que un álbum de género, Te quiero decir algo es también una forma de resistencia: una vuelta a lo esencial después del confinamiento por la
pandemia.
“Uno es músico en cuanto hay oídos dispuestos a escucharte”, asegura Barrera.
Y ese es el pacto que propone este álbum, apenas grabado el pasado 15 de abril.
La segunda ruta de Barrera conduce a una empresa mayor: un homenaje sonoro a Revueltas construido para cuatro pianos y pensado como un acto de exploración y relectura.
Con una duración de 52 minutos ininterrumpidos, el proyecto articula un recorrido por ocho obras del compositor, entre ellas La noche de los mayas, Sensemayá, Redes, Caminos y Homenaje a García Lorca, entrelazadas en forma de collage.
“No es una simple reducción”, subraya Barrera: “Hay una propuesta como arreglista y pianista: momentos de la obra original y también secciones de improvisación”.
El reto fue no sólo técnico, traducir texturas orquestales al teclado, sino también interpretativo: sostener la densidad polifónica de Revueltas desde un lenguaje pianístico múltiple. “Tres o cuatro mundos están sucediendo al mismo tiempo en su música”, dice Barrera, formado como pianista clásico con Ninowska Fernández-Britto e Ignacio Gutiérrez Campoy.
Para él, Revueltas es el compositor mexicano más genial de la primera mitad del siglo 20 en manejo de texturas y por su habilidad para compaginar diferentes melodías y rítmicas.
Nunca antes se había intentado un homenaje de este tipo con su obra, y Barrera lo aborda con respeto y libertad.
Junto a Mauricio Nader y Rodolfo y Roger Ritter, el homenaje se grabó en noviembre pasado en la Sala Cultural del Bicentenario de la Universidad Anáhuac, aunque el disco está por salir, en un par de meses.
Ambos discos, aunque disímiles en forma y enfoque, se suman a la trayectoria versátil del pianista, que ha transitado desde homenajes a Agustín Lara, Manuel Esperón y Manuel M. Ponce hasta experimentos con tuba y batería, y con 16 álbumes publicados hasta ahora.
Y en cada uno de esos caminos, Barrera reafirma una convicción: que la música no es una serie de estilos, sino una forma de establecer una conversación.
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