Acuña

Publicado el martes, 28 de abril del 2026 a las 04:02
Acuña, Coah.- El temor de perder a sus hijos fue el impulso definitivo que llevó a Gloria y a Marisol a librar una intensa batalla para salir del mundo de las adicciones y reconstruir sus vidas. Hoy los abrazos, las sonrisas y la mirada inocente de sus pequeños se han convertido en el principal motor que las impulsa a seguir adelante y a no rendirse ante las dificultades.
La historia de ambas hermanas está marcada por una infancia complicada dentro de un hogar donde predominaban los golpes, las agresiones y la violencia constante. En medio de ese entorno, crecieron observando conductas destructivas y carentes de afecto, situación que poco a poco las arrastró a buscar una salida momentánea al dolor que vivían diariamente.
Fue así como a la temprana edad de 11 y 12 años, Gloria y Marisol tuvieron contacto con las drogas. A esa corta edad no solo perdieron parte de su niñez e inocencia, sino que también comenzaron a cargar con responsabilidades demasiado grandes para unas niñas. Poco tiempo después, ambas enfrentaron una nueva realidad al descubrir que se convertirían en madres.
El embarazo de las jovencitas llamó la atención entre los vecinos, quienes veían con sorpresa cómo dos menores cambiaban los juegos y las muñecas por el cuidado de bebés reales. Sin embargo en medio de aquella difícil etapa apareció una mano solidaria que sería determinante para sus vidas.
Guadalupe Hernández González, vecina de las hermanas, se convirtió en un verdadero ángel guardián para ambas. Fue ella quien les brindó apoyo emocional, acompañamiento y orientación cuando más lo necesitaban. Gracias a sus gestiones, Gloria y Marisol pudieron recibir atención médica durante sus embarazos, seguimiento después del parto y respaldo en la crianza inicial de sus hijos.
Las jóvenes aseguran que el momento en que tuvieron a sus bebés entre los brazos marcó un antes y un después. Escuchar su llanto por primera vez, sentir su cercanía y verlos indefensos despertó en ellas un profundo instinto maternal y el deseo de cambiar por completo su destino.
Ese amor infinito fue la fuerza que las llevó a abandonar las drogas y buscar ayuda en las instancias correspondientes para salir adelante. Decidieron enfrentar su pasado, romper con los ciclos de violencia y trabajar para ofrecerles a sus hijos una vida distinta.
A pesar de todas las adversidades, Gloria y Marisol no se han dado por vencidas. Actualmente ambas cursan la secundaria en sistema abierto y tienen la firme intención de continuar con sus estudios de preparatoria, convencidas de que la educación será una herramienta clave para transformar su futuro.
Entre sus sueños se encuentra integrarse algún día a los cuerpos de seguridad, ya sea en la Policía Municipal o Estatal. Su propósito no solo es tener una profesión estable, sino también ayudar a niñas y adolescentes que, como ellas, han caído en el mundo de las drogas o viven en entornos de violencia.
Actualmente Gloria tiene 15 años y se hace cargo de su bebé de un año, mientras que Marisol cuenta con 14 años y dedica cada día al cuidado de su hijo de apenas cinco meses de nacido. Aunque el camino no ha sido fácil, ambas han demostrado que con apoyo, amor y determinación siempre existe la posibilidad de comenzar de nuevo.
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