Carbonífera

Publicado el domingo, 12 de noviembre del 2023 a las 04:08
Nueva Rosita, Coah.- Tras la devastación que dejó el huracán “Otis” en Acapulco, Guerrero, el instinto de supervivencia obligó a la señora Blanca Nieve Santa María Hernández y a su hijo, a abandonar su terruño y ponerse a salvo en la Región Carbonífera, específicamente en la ciudad de Nueva Rosita.
Sin querer salir del lugar donde ha estado la mayor parte de su vida, a sus 67 años doña Blanca y su hijo Irvin de 41, arribaron el pasado domingo para resguardarse con su hija, quien desde hace 16 años ejerce su profesión como doctora en esta localidad y es propietaria de un negocio de comida tradicional de la costa.
“Yo no me quería venir, me trajeron”, dice entre risas al recordar que jamás había acontecido algo tan fuerte en el puerto, lo que obligó a muchas familias a salir de sus hogares para buscar un lugar seguro.
“Eso era un remolino, duramos mi hijo y yo seis horas parados deteniendo la puerta porque si no el aire la iba a tumbar y nos iba a arrastrar, los destrozos son muchos, es una devastación, Acapulco está destruido”, comentó.
Narró que aparte del viento y la lluvia del feroz huracán que ocasionaron daños a la infraestructura, se enfrentaron a la realidad el día 25 de octubre por la mañana, cuando gente de otras colonias empezaron a saquear las casas y centros comerciales.
“Veíamos cómo en camionetas se llevaban todo, desde muebles, comida, ropa, no teníamos luz, tampoco víveres, pues la ayuda aún no llegaba, mi hijo y yo teníamos huevito que habíamos comprado y así nos la pasamos hasta que mis otros hijos pudieron localizarme y optaron por sacarme de Acapulco”, señala.
Lo peor apenas comenzaba, la falta de comida, energía eléctrica y agua estaba provocando la desesperación de los lugareños, un panorama que fue analizado por la ama de casa y determinó que lo mejor era salir cuanto antes.
Eso también fue toda una odisea, no había transporte, y el que estaba disponible se saturaba de inmediato por tantas personas que buscaban como resguardarse o comprar víveres en ciudades cercanas.
Diez días después logró llegar a Nueva Rosita, “por ahora estamos ocupando la mente con lo que tanto me gusta es qué haciendo la comida en el local de mi hija, platillos típicos de Acapulco, es como traerles un pedacito de lo que soy a toda la gente de aquí, siempre nos ha tratado bien y agradezco a quienes ayudaron a mi hija para llegar con bien, pero le soy sincera, extraño mi casa, mis vecinos, mis amistades, sólo estamos aquí por una temporada en lo que todo mejora, porque si de algo estoy segura es que mi tierra estará de pie y con mayor fuerza”, recalcó.
Agradecida con Dios por permitirle estar con vida y ser parte de la lista de quienes sufrieron sólo daños materiales, recuerda con tristeza que muchos de sus paisanos no corrieron con la misma suerte, “dicen que son poquitos muertos, pero mucha gente que vivía en las orillas, en el cerro, murió aplastada, otros degollados con las láminas que arrastraba el viento tan fuerte y los que se quedaron en el mar tratando de salvar sus botes, además de las moles de casas que quedaron totalmente destruidas”.
Finalmente comentó que ya conocía Nueva Rosita porque su hija tiene muchos años viviendo aquí y constantemente la visitaba, sin embargo jamás pensó que un fenómeno natural la obligaría a dejar su hogar, un departamento que ahora está al cuidado de los vecinos, a quienes diario les habla para saber la situación de su tierra, con la esperanza de regresar a una zona diferente a la que dejó Otis.
Gran desesperación no saber de ellos
Por su parte, la doctora Mónica Ortiz, aseguró que desde el día 24 de octubre que se pronosticó el huracán, le habló a su mamá para que tuvieran cuidado y compraran algo de comida, un día después perdió todo contacto.
“Fueron los tres días más largo de mi vida, por redes intentaban saber algo, las llamadas telefónicas no entraban y el temor de que algo les pasara se apoderó de mi, es una angustia muy fea el saber que tus seres queridos están en peligro o pensar lo peor”, comentó.
Afortunadamente pudo tener comunicación con su madre y su hermano, al igual que lograr ponerlos a salvo, “no es buen lugar ahorita para vivir en Acapulco, no hay comida y todo puede desencadenar enfermedades, Nueva Rosita es tranquilo y sobre todo seguro para mi familia, gracias a Dios que pueden estar conmigo”, concluyó.
Más sobre esta sección Más en ZocaloApp-home2
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 13 horas
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 1 dia
Hace 2 dias
Hace 2 dias
Hace 2 dias