Nacional

Publicado el jueves, 21 de diciembre del 2023 a las 04:29
Piedras Negras, Coah.- Tardaron dos meses en llegar desde Guatemala hasta Piedras Negras, y solo un minuto en cruzar el río Bravo; ahora esperarán días para saber si su sueño se concreta.
Se llama Jerson Linares, un joven guatemalteco de 26 años, viaja con su esposa y sus dos hijas. Salieron de su país desde el 25 de octubre, huyen de la violencia y la corrupción que impera en el Gobierno, cuenta Jerson mientras mira hacia lo que ve como su tierra prometida.
En el trayecto Jerson y su esposa se encontraron con un grupo de personas originarias de Honduras, integrantes de una congregación Cristiana, se unieron a ellos y viajan en grupo, ayudándose, orando y pidiéndole a Dios que no los abandone.
Ahora, 56 días después de abandonar su tierra, están aquí, en la ladera del río Bravo, 15 metros de una incesante corriente de agua los separa de su sueño, de su objetivo de tener una mejor vida, “este es el día”, menciona Jerson.
“
Que den la oportunidad de entrar a mis hijos, quiero que estudien, que nos den la oportunidad, mi país lo amo, pero la corrupción y la delincuencia nos aleja de todo eso”.

El trayecto fue difícil, comenta Jerson, hubo momentos en que quiso claudicar, pero regresarse no era opción, “mejor aquí que allá”, señaló. Allá en su país es casi un hecho que iba a morir, ya sea por la inseguridad o por la falta de oportunidades.
Lo único que quiere es trabajar, que le den la oportunidad de darle a sus hijas una mejor calidad de vida, está confiado porque Dios está de su lado, dice, de que le darán el asilo político.
A unos cuantos metros de su destino final, Jerson se reúne con su grupo y se arrodillan, comienzan a orar, a pedir a Dios que no los abandone en este último tramo, que les permita cruzar el río sin complicaciones; como respuesta a su petición, sale el sol que durante la mañana había estado oculto tras la nubosidad.
Llegan a EP
El grupo se prepara, entre ellos viaja don Martín, un señor de 70 años, le grita a su hija que no se quiere mojar los zapatos porque son los únicos que tiene, esta responde que así tiene que ser, que ya están muy cerca, el señor hace caso, aunque no está del todo contento.
Recorren la ladera del Bravo en busca de un punto para poder cruzar, primero va uno, tanteando el camino, despacio, tarda cinco minutos en llegar al islote, luego regresa para ayudar a los demás a cruzar, no pasan más de tres minutos y los cristianos ya están en la isla, falta otro tramo del río y lo lograrán. Repiten la estrategia.
Así es como en menos de cinco minutos Jerson y su grupo ya estaban del otro lado, pero ahí se toparon con la malla ciclónica rodeada de alambre de púas, ahí comenzaría la súplica.
Tendrían que pedir a los agentes de la Patrulla Fronteriza que los dejaran pasar al campamento donde tienen congregadas a todas las personas migrantes que cruzan el Bravo de forma ilegal, con la esperanza de que sean ingresados al programa de refugio.
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