Carbonífera
Por
Fabiola Ferrer
Publicado el lunes, 29 de junio del 2026 a las 04:00
Sabinas, Coahuila.- Ya lo dijo el misionero San José Freinademetz, “El mejor lugar del mundo será siempre aquel en donde Dios me quiera”.
En el 2023, inspirada por el entusiasmo de la orden misionera Josefinos México, que realizan un trabajo titánico de evangelización en la misión de Moxico Velho, en Angola África, Anahí García Pérez, orgullosamente sabinense, emprendió su sueño de sumar un par de manos más a la misión.
Inició una cuenta de ahorro, y una gran labor de recolección apoyada por familiares y amigos.
Trabajo que, en mayo del 2026, se reflejó en 200 despensas, más de 300 pares de zapatos, medicamentos, artículos escolares, una silla de ruedas y muchos pequeños pero muy significativos detalles que llenaron de luz a decenas de pequeños rostros que sobreviven a una infancia en la absoluta precariedad.
En un vuelo de más de 24 horas, la sabinense radicada en el estado de Texas, visitó algunas comunidades de Angola, como Luanda, Luena, Moxico, Santa Mónica, con la guía del padre César Lomelí Flores, y así compartió su experiencia en exclusiva para periódico Zócalo:
“ En la vida siempre hay una experiencia que te marca un antes y un después, en la mía sin duda fue este viaje a Angola, con la misión de los hermanos Josefinos.
Desde niña conocí valores muy hermosos como la empatía, mediante el ejemplo y el enorme amor de mi familia.
Pero atravesar el mundo para llegar a lugares de tan difícil acceso, donde muchos niños no conocen su rostro, porque jamás se han visto en un espejo, o en la pantalla de un celular.
Donde desde muy temprana edad se enfrentan al dolor de la pérdida, porque no tiene acceso a servicios médicos, a servicios de primera necesidad como agua, luz, lugares donde es común alimentarse de los desechos que se logran encontrar en los basureros clandestinos, y después los ves congregarse en la eucaristía, y al momento del ofertorio, tus ojos no dan crédito que, en su extrema necesidad, poseen la generosidad para dar lo que no hay en sus hogares, pero sí en su corazón, por mínimo que sea.
Comunidades donde te acogen familias que alaban, que sonríen agradecidos por recibir un rosario o una tarjeta de oración.
Padres y madres desesperados porque sus hijos alcancen un par de zapatos, o lo que sea, que les permita creer en la humanidad, creer que Dios está en todas partes.
Angola no sólo me cambió la vida, me cambió la forma de ver la vida, tantas cosas que para mí eran importantes, preocupantes, pasaron a segundo término, pues no hay nada que pueda llenar más el corazón, y darle más sentido a la existencia, que el amor a través del servicio, del servicio en sus infinitas trincheras.
Ver a los niños sorprenderse al conocer su rostro por primera vez, verlos jugar con burbujas, con stickers, hizo que todo valiera la pena, pues más que un viaje fue un reto, tengo una condición de salud que requiere algunas precauciones, pero cuando Dios dirige la orquesta, todos los instrumentos se acomodan.
Fueron muchas personas las que se sumaron, a las que les agradezco con todo el corazón, y segura estoy que serán muchas más las que se sigan sumando, porque esto no se detiene aquí, voy a volver las veces que Dios me dé luz verde para regresar, porque la esperanza no sólo es para ellos, la esperanza es para todos, algunos están hambrientos de comida, otros lo estamos de fe, otros de amor, todos necesitamos alimento en el cuerpo y en el alma, para creer que un acto de servicio es mucho más efectivo para curar el dolor, que el más potente analgésico.
Cubrir piecitos descalzos, te enseña el verdadero sentido de la fe, la solidaridad y el amor”
Anahí García Pérez, activista orgullosamente sabinense.
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