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Agencias
Publicado el sábado, 16 de abril del 2016 a las 14:00
Ciudad de México.- Diana Alba tiene 29 años y es psicóloga, activista y mamá. Apenas hace 4 años su vida se transformó: dejó de sentirse insegura y reconoció que durante 8 años fue víctima de violencia por parte de su pareja. Ni siquiera los golpes que le perforaron el intestino habían podido separarla del “amor”.
Después de abandonar el hospital tras esa golpiza, Diana perdonó a su novio e incluso decidieron tener un hijo. Pero, dice, “los agresores no cambian”. Los golpes continuaron hasta que un día, como parte de la capacitación para un nuevo empleo, se reconoció como víctima de violencia. “Ahí empecé a nombrarlo”, Descubrió también que la violencia no es exclusiva de un sector social o educativo. “Feministas o no, tenemos ese tipo de relaciones porque así nos educaron”, afirma la activista, integrante de la colectiva Las Enredadas.
La frase tiene sustento: en México, 44% de las mujeres ha vivido algún episodio de violencia en su vida durante una relación conyugal, según la encuesta Panorama de violencia contra las mujeres en México 2011. Además, la violencia intrafamiliar es la décima causa de muerte de mujeres en el país.
Se trata de una violencia ejercida en el espacio más intimo por un agresor que dice sentir amor, lo que vuelve más compleja la situación. Es por eso que, dice Diana, “las mujeres, a pesar de que tenemos el conocimiento, no podemos salir de esas relaciones tan fácil”.
A pesar de vivir violencia, “no podemos nombrarla ni identificarla”. Se vive de forma “privada”. En la mayoría de los casos, la víctima ni siquiera se atreve a comentarlo con su círculo más cercano como amigas o familiares. “Piensas: ‘no tengo que decirle a mi amiga que este tipo me está matando porque voy a ser Los números lo confirman: 90% de las mujeres casadas o en unión libre que fueron violentadas por su pareja no pidieron ayuda ni denunciaron. Sólo 10% lo hace, pero de ellas, la mitad lo hace sólo ante organismos como el DIF o el Instituto de la Mujer, que no tienen facultad para someter al agresor a un proceso judicial.
“En nombre del amor nos están asesinando”, sentencia Diana cuando insiste en que las mujeres deben “desmitificar el amor romántico”; es decir, reconocer que los celos no son sinónimo de amor, ni el control, de la protección.
CONTROL TOTAL
Después de que Lorena terminó su noviazgo con Martín, él le escribió un mail de despedida que incluía frases como: “Eres una puta”, “mediocre”, “ojalá te mueras”. Cuando lo leyó, no le impactó porque lo consideró como una tontería. Pero después de varios días seguía pensando en esas palabras le retumbaban en la Ella es una mujer independiente, con un trabajo estable y afición por el arte. Él estudia un doctorado en Antropología. En un principio tenían una relación abierta, pero luego Lorena cedió a la presión para comenzar un noviazgo y eso abrió la puerta para que Martín quisiera controlarla.
Después de varias peleas, ella descubrió una manera de evitar la confrontación: “Le informaba todo lo que hacía en el día: ‘ya voy al trabajo; voy a comer; ya estoy en casa’”. Él le respondía: “Gracias por contarme todo, ya estamos funcionando mejor”.
Aún así, ella tenía que cuidar lo que decía frente a él porque podía malinterpretar sus palabras y, por ende, tener más peleas.
También criticaba que usara falda o cómo se comportaba frente a los demás. “Siempre te voy a juzgar, lo hagas bien o no. Lo hago por tu bien”, le decía. Aunque ella terminó la relación un mes después, reconoce que ni siquiera debió intentarlo por las señales de alerta.
CICATRIZ DE GUERRA
Diana tiene una cicatriz que inicia en su pecho y llega hasta el vientre. Es la marca de una laparotomía a la que fue sometida luego de que los golpes de su novio le perforaron el intestino. Tenía 21 años y estuvo a punto de morir.
Ver esa marca sobre su cuerpo la hacía recordar lo que había vivido, pero desde hace 3 años ha cobrado otro sentido: “Mi cicatriz es como una marca de guerra”. Es el recordatorio de que es una sobreviviente. Superar ese episodio fue un proceso difícil y largo. Para dejar a su expareja tuvo que empezar a restablecer Después tuvo dos procesos psicológicos para “empoderarme y construir autoestima”.
Diana lleva cinco años separada, pero “apenas tiene 3 años que lo superé”.
AGRESIONES
» En nuestro país, 89% de las mujeres ha sido agredida psicológicamente por su pareja; es decir, ha sufrido insultos, menosprecios, intimidaciones, imposición de tareas serviles y limitaciones para comunicarse con amigos, conocidos y familia-res.
» En todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental.
» Ya sea en el hogar, en la calle o en los conflictos armados, la violencia contra las mujeres es una pandemia mundial que ocurre en espacios públicos y privados.
ENEMIGO
» La violencia y el abuso afectan diariamente a mujeres de todo tipo de origen.
» A veces, las mujeres son atacadas por extraños, pero más a menudo son lastimadas por personas cercanas a ellas.
» El abuso y la violencia pueden causar un terrible dolor emocional y físico. Pero no está sola y puede obtener ayuda.
Sí hay salida El siguiente paso es ver las opciones de seguridad que tienes a las que puedes recurrir.
Puedes memorizar los números de emergencia de la policía por lo general son sencillos, o avisar a algún vecino por medio de una señal como alguna palabra, un encendido o apagado de luces, o cualquier otra que le indique que llame a la Policía.
Puedes ubicar los refugios o los lugares de ayuda en situaciones de violencia, también debes de tomar en cuenta que dejar a un abusador suele ser peligroso, por lo que es necesario encontrar el momento más oportuno para hacerlo.
Ten ubicados los utensilios de emergencia, como algo de ropa, dinero, llaves y documentos importantes que puedas meter en una bolsa en el mínimo tiempo y sea fácil de llevar.
agrega. Ese fue el primer paso.

criticada’”.
cabeza. Comenzó a cuestionarse si los calificativos eran verdad. “Dudé de mí”, reconoce.
redes, a retomar las relaciones con sus amigas y familia, porque “un agresor te aísla y al principio crees que sin él no vas a poder”. Pero Diana decidió convertirse en madre soltera.

Lo primero es reconocer que existe violencia en su relación de pareja, que por sí solos no están en condiciones de resolver esta situación, que se tiene que encontrar ayuda externa. Ya sea que la pareja sea consciente de su necesidad de ayuda o que la víctima quiera detener la situación de violencia en que vive.
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