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Grupo Zócalo
Publicado el miércoles, 12 de agosto del 2026 a las 19:49
Ciudad de México.- Lindsay Clancy continúa enfrentando el juicio por la muerte de sus tres hijos —Cora, de 5 años; Dawson, de 3; y Callan, de 8 meses— ocurrida el 24 de enero de 2023 en Duxbury, Massachusetts. La acusada se declaró inocente de los tres cargos de asesinato en primer grado que le imputa la fiscalía, y las audiencias en el Tribunal Superior de Plymouth ya suman una semana sin fecha de cierre confirmada. Este miércoles se espera que continúen los testimonios de la policía estatal y se revise más evidencia sobre la atención psiquiátrica que recibió antes de la tragedia.
Su defensor, Kevin Reddington, abogado con amplia trayectoria en casos penales de alto perfil en Massachusetts, sostiene que Clancy no puede ser responsabilizada penalmente porque atravesaba una psicosis posparto severa agravada por un tratamiento médico desordenado. Según su argumento, entre septiembre de 2022 y enero de 2023 le recetaron hasta 12 medicamentos distintos, y la defensa busca demostrar que los proveedores de salud nunca ajustaron el tratamiento a la evolución real de sus síntomas. Reddington remarcó además que, tras los hechos, Clancy intentó quitarse la vida arrojándose desde una ventana del segundo piso de su casa.
En notas personales leídas durante el proceso, la acusada escribió sobre su necesidad de sostenerse mentalmente mientras cuidaba a sus hijos: “Es como si estuviera tan desesperada por tener un descanso mental de cuidar a todos que mi mente está tratando de hacer que algo físicamente esté mal conmigo”, y añadió sentirse culpable por las dificultades para dormir a Callan. En otro pasaje pidió ayuda directamente: “Quiero ayuda. Quiero estar bien”.
La psiquiatra Jennifer Tufts declaró que Clancy acudió a consulta con ella en 12 ocasiones por insomnio severo y ansiedad elevada, y que en la primera cita negó tener intención suicida, ideas homicidas o alucinaciones. Meses después, tanto Clancy como su esposo, Patrick Clancy, demandaron a los proveedores médicos que la atendieron, alegando que le diagnosticaron mal un trastorno bipolar posparto y la sometieron a una combinación de fármacos que terminó por desencadenar un episodio psicótico grave.
De acuerdo con sus diarios, la medicación con Zoloft le provocó insomnio de 48 horas y pensamientos acelerados; el Prozac le generó efectos adversos a los pocos días de iniciado el tratamiento; y el Seroquel, combinado con otros fármacos, la dejaba exhausta pero sin poder dormir. Pese a que llamó a una línea de prevención del suicidio y buscó apoyo en crisis en diciembre, en ambos casos se descartó una intervención mayor porque no expresó un plan concreto. Se internó voluntariamente en el Hospital McLean, en Belmont, el 1 de enero de 2023, pero la evaluación psiquiátrica llegó recién dos días después y fue dada de alta el 5 de enero; las alucinaciones reaparecieron en menos de una semana.
El caso ha abierto un debate más amplio en Estados Unidos sobre las fallas del sistema de salud y del sistema judicial frente a la salud mental materna. La depresión posparto afecta a entre una de cada siete y una de cada ocho mujeres tras el parto, y especialistas como Catherine Birndorf, del Motherhood Center de Nueva York, insisten en que las madres que atraviesan una psicosis posparto están gravemente enfermas, no son “malvadas”. Jamie Belsito, de la Maternal Mental Health Leadership Alliance, subraya que Clancy buscó ayuda por múltiples vías antes de la tragedia, y que esa red de contención debería estar disponible para cualquier madre en crisis.
🧵 LIVE: Lindsay Clancy Murder Trial — MA v. Lindsay Clancy — Day 12 https://t.co/TkPz2Hjv8k via @YouTube
— Cathy Russon (@cathyrusson) August 12, 2026
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