Seguridad
Por
Luis Lemini
Publicado el lunes, 19 de enero del 2009 a las 16:00
Saltillo, Coah.- Su ingreso al Centro de Readaptación Social para varones lo hizo replantear sus objetivos, restándole importancia a ser o no culpable por la transgresión que cometió contra las leyes, buscando el mayor aprendizaje de la soledad y del trabajo duro, para merecer la libertad nuevamente.
La historia del cómo fue aprehendido es parecida a la de muchos de sus compañeros del centro, “yo soy operador de tractocamiones. Un día me contrataron para llevar el tráiler a la frontera, pero uno no revisa nunca la caja”, comenta el involucrado en delitos contra la salud.
Leonardo Beltrán López es originario de Guadalajara, Jalisco, y planteó su camino de vida por medio del transporte privado, al ser apasionado de las carreteras, los viajes y las experiencias que se pueden acumular en cada paso por las vías terrestres mexicanas.
Más de 20 años pasaron cuando se encaminó en el último recorrido que realizaría hasta la fecha. En septiembre de 2006, Leonardo fue detenido en la entrada a Saltillo para descubrir la “mercancía” que se escondía entre el camión, “a mí nomás me contrataron para llevar la carga, pero yo no estaba enterado de lo que traía”, comenta en justificación.
Como operador de camiones había sido testigo de algunas tragedias carreteras, anécdotas chuscas entre los restaurantes de paso, hermosos amaneceres y caminos guiados por la luz de la luna, sin embargo, éste se convertiría en el suceso más fuerte de su travesía por las carreteras.
No se preocupa mucho por el qué dirá su familia ni por el sufrimiento que ellos podrían tener al saberlo encarcelado, pues ya habían pasado algunos años desde que decidió separarse de ellos para dedicarse íntegramente a su trabajo.
“No me llevo mal con mis hijos, pero ellos ya están grandes y cada quien está haciendo su vida. Uno es economista y el otro el arquitecto”, explica.
Estaba acostumbrado a la libertad y a recorrer largas distancias en menos de tres días, sin embargo, ahora ha tenido que obtener pericia para aguantar el encierro que le impide continuar con su estilo de vida, “pero aquí he aprendido cosas que nunca pensé que podría hacer. Ya me metí al curso de computación, terminé la secundaria y estoy aprendiendo a tocar la guitarra. Allá afuera nunca me hubiera imaginado que podía tocar un instrumento”.
Pero aún con las “bondades” que Leonardo dice estar obteniendo del centro penitenciario, se encuentra a la espera de un resolutivo que le podría beneficiar anímicamente, en lo que terminan los 10 años de sentencia que le fueron impuestos hace poco más de dos años.
“Estoy buscando mi traslado a las Islas Marías. Yo sé que allá tienen más libertad y es más fácil llevar la vida en prisión con el trabajo que se tiene allá, porque los días se van muy rápido y no puedes pensar en otra cosa que no sea ponerte a ‘jalar’ para tener la libertad”.
Justo en ese momento parece que recibirá alguna noticia de su petición, pues uno de los custodios del centro penitenciario se acerca para pedirle que lo acompañe, “voy a ver si tengo buena suerte y nos vamos para las Islas, para contarles cómo me fue”.
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