Saltillo
Por
Paola Casas
Publicado el domingo, 4 de octubre del 2026 a las 06:00
Saltillo.- A 54 años de la tragedia ferroviaria ocurrida el 5 de octubre de 1972, sobrevivientes del trenazo de Puente Morenocontinúan compartiendo recuerdos que permanecieron guardados durante décadas y que, en algunos casos, están estrechamente relacionados con su fe en san Francisco de Asís.
Dos testimonios
Ernestina Bustos Rocha y José Adán Lara Jaramillo sobrevivieron al accidente cuando eran niños y ambos aseguran haber visto, en distintos momentos de aquel viaje, a una persona cuyas características relacionan actualmente con san Francisco.
Ernestina tenía 11 años cuando viajaba junto con su madre a Real de Catorce, como lo hacían cada año para participar en las peregrinaciones dedicadas a San Francisco.
Antes de abordar el tren de regreso a Saltillo, recuerda haber visto a un hombre de edad avanzada, barbado, con overol de mezclilla, huaraches y una pequeña gorra, quien advertía insistentemente a los peregrinos que no subieran.
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Decía: ‘no se vayan, es el tren de la muerte, es el tren de la muerte’, pero pues yo siendo niña, todo el mundo con la algarabía de ¡vámonos!, ¡vámonos!, nos subimos”, recordó.
Durante años conservó aquella imagen, pero fue con el paso del tiempo que comenzó a relacionar a ese hombre con san Francisco de Asís.
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Yo puedo asegurar al 100% que sí era. A mi edad, 11 años, pues nadie hacía caso. Yo recuerdo muy bien su overol de mezclilla, su cachuchita y era barbón”, señaló.
Sobreviven a un infierno
Ernestina y su madre sobrevivieron al descarrilamiento. Ella recuerda el fuego y el intenso calor dentro del vagón, al grado de que parte de su cabello resultó quemado, aunque no sufrió lesiones de gravedad.
Desde entonces, cada 4 y 5 de octubre dedica un momento para agradecer.
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Yo agradezco a Dios. Vengo a la iglesia, me pongo a orar, a agradecer, a llorar, porque digo: tú tenías un propósito para mí”, expresó. Para ella, aunque han pasado más de cinco décadas, los recuerdos siguen presentes.
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Son heriditas que tú dices: duelen, sanan, pero si te metes vuelves a recordar”.
Una experiencia similar fue compartida por José Adán Lara Jaramillo, quien por primera vez en 54 años decidió hacer público un recuerdo que había mantenido únicamente dentro de su familia.

José Adán viajaba acompañado de su abuela y su hermana cuando ocurrió el descarrilamiento.
Su abuela los protegió con su cuerpo durante los movimientos del tren y posteriormente logró sacarlos por una de las ventanas del vagón.
José Adán cayó en una parte baja del terreno y, al intentar salir, asegura que apareció un hombre que le tendió la mano.
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Una persona de huaraches, con falda, de barba. Tendió su mano, un bastón y me dijo: ‘vente, vamos con tu abuela’”, relató.
El sobreviviente asegura que nunca supo cómo aquella persona sabía que viajaba con su abuela. Después perdió el conocimiento debido al humo y despertó entre cuerpos, pues inicialmente había sido considerado como una de las víctimas.
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Escuché unas voces de personas que gritaron: ‘aquí está un niño, está vivo, llévenselo con los vivos’”.
Al llegar al hospital se dieron cuenta de que no tenía heridas de gravedad y que la sangre que cubría su cuerpo pertenecía a otras personas.
Su hermana murió a consecuencia de las quemaduras, mientras que el cuerpo de su abuela Berta nunca fue localizado, pese a que su madre la buscó por cinco años en hospitales de distintas ciudades.
Ambos testimonios fueron compartidos durante la Ofrenda por los que se fueron con san Francisco, realizada en la plaza del templo, en vísperas de las celebraciones del 4 de octubre y del aniversario del trenazo.
Durante el encuentro, un hermano franciscano señaló que el objetivo no era volver a contar los detalles de la tragedia, sino recordar a quienes murieron y acompañar a quienes sobrevivieron.

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Hay heridas que una familia carga durante décadas, hay recuerdos que atraviesan generaciones y hay acontecimientos que dejan cicatrices no solamente en las personas, sino en la memoria entera de toda una ciudad”, expresó.
Añadió que Saltillo continúa cargando con las consecuencias de aquel hecho, pues existen familias que aún conservan fotografías, historias y preguntas que nunca encontraron respuesta.
Antonio de la Cruz
Durante la ofrenda también se recordó a Antonio de la Cruz Rodríguez, periodista y rescatista que tenía 19 años cuando ocurrió la tragedia y quien falleció horas antes del homenaje, al que tenía previsto asistir.
Patricia Rodríguez recordó que durante más de cinco décadas don Toño se dedicó a contar lo que vivió aquella noche y a mantener presente la memoria de las víctimas. Antes de morir, Antonio de la Cruz también pidió que estas historias continuaran siendo contadas.
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Este legado no puede terminar, tienes que continuar, que nadie se olvide este tema porque todavía hay muchas personas que necesitan expresarlo y sanar”, recordó Patricia.
Aún quedan historias por contar
La periodista y escritora Patricia Rodríguez, autora de Voces del Tren Peregrino, señaló que después de 20 años de recopilar testimonios, descubrió que buena parte de la historia de la tragedia permanece en las personas que sobrevivieron y en las familias de las víctimas.
Rodríguez explicó que llegó a reunir cerca de 200 testimonios y que fueron precisamente estas historias las que la llevaron a escribir su novela.
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Los testimonios siempre salían chiquitos y las fotos enormes, los números bien grandes, los títulos enormes, pero los testimonios pequeños, y era lo que realmente era fuerte”, relató.
La escritora señaló que muchas personas permanecieron durante décadas sin hablar sobre lo vivido, debido a que en los años 70 existía poca apertura para expresar sentimientos relacionados con una experiencia traumática.
A 54 años del trenazo, las cifras y los datos forman parte de la historia conocida de Saltillo, pero aún permanecen testimonios que apenas comienzan a salir a la luz.
Historias de sobrevivientes que durante años guardaron recuerdos, pérdidas y experiencias que hoy encuentran un espacio para ser contadas, precisamente en las fechas en las que nuevamente se recuerda a san Francisco y a quienes emprendieron aquella peregrinación de la que muchos nunca regresaron.
Con los años, José Adán se acercó a movimientos franciscanos y actualmente participa junto con su esposa en actividades de la comunidad del templo de San Francisco.
Fue entonces cuando comenzó a relacionar a aquel hombre que recuerda desde su infancia con el santo.
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Yo nunca lo mencioné quién era porque yo no lo conocía. La gente fue la que empezó a decir. Pero hoy sí puedo decir, con mi fe, que esa persona de huaraches, de falda y de barba era él”, sostuvo.
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