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Publicado el viernes, 16 de octubre del 2026 a las 06:29
Saltillo, Coah.- En las tierras áridas de Coahuila, donde el sol muerde con fuerza y el viento arrastra el polvo de la tradición, el rodeo no es una moda de fin de semana: es un pacto de coraje, una herencia que se respira en cada rincón de Saltillo.
En “la ciudad más vaquera de México” el sombrero y las botas no son un accesorio casual, de hecho, son la identidad de quienes desafían la gravedad y la muerte sobre el lomo de bestias que llegan a pesar hasta una tonelada.
Y para entender este universo de adrenalina mezclado con miedo y tierra batida, nos adentramos en el Lienzo Charro Prof. Enrique González Treviño, donde un hombre de mirada firme y manos curtidas por el rigor del pretal, nos espera.
Es Roberto Saucedo, conocido en el circuito como “El Casco”, quien a sus 34 años carga en su cuerpo la memoria de dos décadas de batallas en la arena.

El toro de la familia
La historia de Roberto no comenzó por herencia familiar, sino por una chispa de rebeldía que se encendió por su cercanía al Lienzo; tenía 14 años cuando el joven de la Colonia Virreyes sintió el llamado al ruedo.
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Yo empecé justamente aquí en el Lienzo, aquí fueron mis inicios como charro, y después de la charrería derivó a ser jinete de rodeo”, explica, “yo empecé a montar a las yeguas brutas y ya después a los becerros y a los toros”.
Hoy, “El Casco” cuenta con más de 100 hebillas de rodeo que, para quien no lo sepa, son los trofeos de los jinetes, y cada una es la materialización de un instante eterno.

Y es que, en el rodeo, el tiempo se mide de forma distinta: ocho segundos pueden parecer un suspiro para el espectador, pero sobre el lomo de un toro de reparo, cada milésima es una eternidad donde se disputa la vida.
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El objetivo principal es montar toros, animales de 600 a 800 kilos, completar un tiempo reglamentario de ocho segundos y ya después de ahí deriva una puntuación que es basada 50 puntos al toro y 50 puntos al jinete”, explica.
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Sí, sí, es más difícil de lo que se ve, la verdad, implica mucho: estar montado en un toro, completar tu tiempo, ocho segundos tal vez se escuche poquito tiempo, pero la verdad que es muchísimo; hay mucha dificultad porque el toro lógicamente tiene mayor fuerza que nosotros como humanos, entonces sí hay una dificultad muy pronunciada dentro de lo que es el rodeo”.
Esa disparidad de fuerzas convierte a la monta en un deporte de alto riesgo. No hay espacio para la distracción. Es la hora de la verdad.
¿Qué pasa por la mente de un hombre cuando se abre la puerta del cajón?, ¿qué se siente en ese momento previo al salir al ruedo? “Adrenalina”, responde sin titubeo, “bien perrón”, dice entre risas. “Miedo, sí, sí, existe el miedo, pero creo que estamos entrenados para eso, para sobrellevar el miedo y combinarlo con la adrenalina”.

Pacto de respeto
Lejos de los prejuicios que a veces rodean a esta disciplina, el jinete profesional entiende que el toro no es un enemigo, sino más bien un compañero de baile y, también, un atleta que se respeta.
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No, no sufren, hay un cuidado especial para ellos, también son atletas, por así decirlo, a los toros los tienen en caballerizas separados, en su cuartito cada uno, con su alimento balanceado como debe ser, les ponen proteínas, vitaminas, los ponen a hacer ejercicio, los bañan, los cepillan”, afirma “El Casco”.
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Las espuelas que nosotros utilizamos para montarlos no tienen ningún tipo de filo, no las encajamos ni nada, en caso de llegar a cortarlos con esa espuela o con una adecuación que nosotros le hagamos a esa escuela, es una multa para nosotros, o sea, es un cuidado intenso hacia el animal; el pretal que utilizamos es de rafia o de algodón, por lo mismo para no lastimar al toro, los apretamos sí, pero a un punto de no lastimarlos”.
Ese respeto mutuo se traduce en una conexión casi mística en los momentos previos al estallido de la arena, de tal manera que, al recorrer los circuitos del país, jinetes y toros llegan a conocerse, a entenderse y hasta caerse mal.
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Sí llegamos a sentir una conexión con el animal, porque estás pegado con él, a veces hasta hablamos con ellos, así de que ‘vamos a echar un baile, ayúdame, no pasa nada’, ¿me explico?”, dice Roberto entre risas, “es la adrenalina que siente en el momento y uno a veces hace cosas que ya las ve normal”.
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Y sí, también hay unos toros que te ven y te ven, lo ves y dices, ‘ay cabrón’, me estás viendo feo entonces sí, sí se siente la rivalidad también”.

Carácter norteño
Ser vaquero en Coahuila es llevar un sello de distinción, es una cuestión de carácter, y esa firmeza se refleja en el orgullo de portar la vestimenta tradicional.
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Antes hasta se burlaban de nosotros por traer sombrero, por ser vaqueros, nos decían ‘es de rancho’, a mí me hubiera encantado ser de rancho, la verdad, porque creo que es un estilo de vida muy bonito, porque estás conectado con la naturaleza, con los animales, con mil detalles que a veces la gente no lo ve como es, y es algo muy, muy bonito el ser vaquero y el vestirte así”.
Y así, Roberto Saucedo, Campeón del Festival Saltillo 2019, Campeón de Finales de Cuernos Chuecos 2021, representante de Saltillo, Coahuila, México en Costa Rica, Guatemala, El Salvador y otros países, orgulloso padre de dos pequeñas niñas, lo dice fuerte y claro.
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El norte está en el mapa y que se fijen, ahí está arribita pues, entonces sí identifica mucho el ser de acá y la vestimenta, luego-luego se dan cuenta cuando uno es del norte, te dicen eres vaquero, eres del norte”, afirma.

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