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Los apuros de ‘Andy’

Por Salvador García Soto

Hace 7 meses

Dice un viejo refrán que hay que ser humilde en la victoria y digno en la derrota, pero en el caso de Andrés Manuel López Beltrán no parece haber ni dignidad en la derrota y la humildad al parecer no la conoce. Porque justo cuando el secretario de Organización de Morena tenía que dar explicaciones por el fuerte retroceso que sufrió su partido en los comicios estatales de Durango, donde él vendió y operó una estrategia que haría crecer al morenismo en el estado y lo llevaría a las puertas de ganar la gubernatura en tres años, los resultados fueron totalmente inversos.

Pero más allá de justificarse y atribuir la derrota de su candidato en la ciudad de Durango, José Ramón Enríquez, y el retroceso general de Morena que apenas pudo ganar el municipio de Gómez Palacio a “un fraude cometido por el PRI y por el gobernador Esteban Macías”, acusación que debería presentar formalmente con todo y pruebas, López Beltrán se dedicó a esgrimir una serie de argumentos en los que, fiel al estilo y tradición familiar, no reconoce ni acepta ningún error o falla en su estrategia y termina hablando de un “complot” priista para explicar su derrota.

Pero con todo el poder del que se le ha investido como el “heredero” del movimiento político que fundó su padre, y con todos los recursos que manejó en las elecciones duranguenses del 1 de junio, difícilmente el dirigente morenista puede argumentar que los malos resultados que obtuvo en su primera elección a cargo son solo obra de la “conspiración” de sus adversarios y no de sus acciones y decisiones. Culpar siempre a los demás de lo malo que nos sucede o de nuestros errores, sólo revela una personalidad victimista y paranoide, en la que son siempre los otros los que se equivocan o hacen cosas para dañarnos, sin asumir la responsabilidad propia.

“Nosotros nos fuimos a vivir a Durango, desde hace dos meses, y eso fue porque tuvimos la información de que en ese estado se estaba organizando una elección de estado. Nos fuimos para allá para tratar de organizarnos y tratar de evitar lo que se veía venir que era un tsunami en nuestra contra. Estuvimos ahí dos meses, haciendo campaña, aunque esos resultados no pueden leerse sin contrastarlos o matizarlos con los fraudulentos hechos que se dieron antes y después de la elección. Creo que los resultados fueron muy favorables porque nuestro partido creció”, dijo López Beltrán en un programa de internet conducido por la dirigente de Morena, Luisa María Alcalde.

Es decir, que a pesar de que no ganó la capital Durango, que era su principal objetivo, y su partido perdió con diferencia de 2 a 1, y aun cuando en la elección local anterior Morena ganó 18 municipios y en esta apenas alcanzó 16, López Beltrán acusa a las autoridades electorales de no reconocerle 5 triunfos y asegura que fue “una elección marcada por la violencia, no hay democracia en Durango”, por la intervención de policías municipales y estatales que se dedicaron a arrestar e intimidar a los candidatos de Morena. ¿Y no sabía el joven heredero que así se manejan las elecciones en México y que su propio partido, en los estados que gobierna y a nivel federal, incurre en las mismas prácticas que él denuncia?

Pero, ¿de verdad no sabía que en México esas prácticas son comunes, incluso por parte de su propio partido? ¿O simplemente repite el guion del “fraude” como explicación universal cuando no se gana?

La falta de autocrítica parece una herencia bien aprendida. López Beltrán prefiere achacar el revés electoral a todo menos a su desempeño. Y para rematar, hizo otro berrinche: que lo llamen “Andy”. Molesto, aseguró que usar ese diminutivo es una forma de despojarlo del peso simbólico de su nombre completo: “Me llamo Andrés Manuel López Beltrán, como el mejor presidente que ha tenido este país”, dijo, como si el apodo hubiera sido determinante en la derrota electoral.

Maquiavelo decía que la derrota puede ser lección, si se entiende como tal. Pero cuando la soberbia impide ver errores, se repiten. El “príncipe” Andy aún no lo entiende. Prefiere culpar a los medios, a los opositores y a los apodos, antes que reconocer que Durango le quedó grande.

Está claro que al “príncipe” López Beltrán la soberbia y el creerse perfecto no le permiten ver sus equivocaciones y mucho menos aprender de su derrota. Porque es más fácil culpar a todos los demás y gritar “fraude”, que analizar y aprender de lo que pudo haber hecho mal para que, lejos de avanzar y afianzarse en Durango, su partido se conformara con triunfos en los municipios más pequeños. Pero en vez de eso prefiere emprender una cruzada para evitar que lo llamen “Andy”, como si por eso no hubiera podido ganar las elecciones.

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