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Los hermanos del Santo Cristo

  Por Leticia Espinoza

Publicado el martes, 6 de agosto del 2013 a las 14:00


Imágenes similares despiertan el fervor religioso en distintas comunidades

Saltillo.- Sus rostros y sus cuerpos poseen detalles que los hacen únicos como cada hijo en una familia, sobreviven en medio del desierto y la fe en ellos se niega a morir. Los pobladores les conocen como los hermanos del Santo Cristo de la Capilla.

En Ramos Arizpe existen, al menos, cuatro Cristos de gran parecido al llamado Señor de Capilla en Saltillo: el Señor de la Misericordia radica en el Centro Histórico de Ramos Arizpe y ocupa su morada desde 1921; el Cristo de Calandrias hoy sobrevive a la soledad en su capilla desde 1919; el Cristo de Guadalupe de las Mesillas habita en el lugar desde 1805, cuando se terminó de construir su capilla, y el Señor del Amparo, en la hacienda San José del Anhelo, es el más antiguo de los cuatro, mora ahí desde 1800.

Llegaron a la región entre dos y tres siglos después que el Santo Cristo de la Capilla, que se remonta a 1608, cuando Santos Rojo, comerciante de Saltillo, adquirió la imagen en Xalapa, Veracruz. Se conoce que a mediados del siglo 17 la familia de este personaje construyó una capilla funeraria al lado norte de la parroquia.

La historiadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Gabriela Román Jaques, afirma que el culto a la imagen del Santo Cristo se extendió a las villas y haciendas de Coahuila y Nuevo León, mientras que “la imagen de Cristo crucificado fue probablemente promovida por los frailes franciscanos a lo largo de la ruta del Camino Real a Texas”, donde hoy se encuentran las ruinas de las haciendas y las capillas, en las cuales sobrevive la fe a los llamados hermanos del Santo Cristo.

La leyenda y los milagros rodean a los hermanos que empiezan a festejarse desde el 23 de julio hasta el 6 de agosto, y en algunos casos se han convertido en la razón de ser de sus custodias, algunos parecen abrir sus ojos cansados al peregrino que le demuestra su fe, e incluso cuentan las anécdotas que uno de ellos sale a caminar las veredas del desierto.

‘Quieren que abran su capillita’

“Dice mamá que Cristo llegó en mulas”, así empieza el relato de la señora Blanca Estela Valdez, quien lleva a cuestas la tarea de velar por el Cristo que sobrevive en medio de la soledad y el desierto, en la capilla de la antigua hacienda Las Calandrias.

Lleva 12 años viviendo a la entrada de la hacienda junto a sus hijas; su esposo trabaja para los dueños y ella de vez en cuando camina unos cinco kilómetros para darle una “barridita y una limpiadita” a la capilla.

“A veces vienen a ver al Cristo, ahora casi no han venido. Me dicen que vienen a platicar con el Cristo, a rezarle su rosario”, cuenta la mujer, que no pasa de los 40 y tantos años.

“Le piden sus milagros, le dejan trenzas. Vino una señora que traía a su muchachita trastornada y sí se alivió, o cuando están los niños enfermitos vienen a dar gracias que vivió la mamá y el bebé”, dice.

A diferencia de sus hermanos, el Cristo de Las Calandrias está expuesto en la pequeña capilla que se terminó de edificar hacia 1919; yace bajo un retablo de madera del Espíritu Santo sin vitrinas, compartiendo el espacio con milagritos y cuadros de la Virgen de Guadalupe.

El actual propietario de la hacienda, don Jesús Flores, cuenta que al parecer ésta es una obra del mismo artista que pasó por la hacienda Anhelo y Mesillas y las traía en burros, atadas de los brazos.

“Yo recuerdo que cuando lo restauraron tenía fuelles en las axilas, se le bajaban los brazos; sin embargo, esos fuelles se apolillaron y se cubrió con la misma pasta de la que está hecho, vino una persona que le hizo la restauración hace unos 40 años”, dice.

Este Cristo estuvo de 1919 a 1968 expuesto en la capilla de la hacienda Calandrias, duró cinco años fuera de su recinto, debido a que el lugar se quedó sin pobladores y se optó por trasladarlo a lo que era la Agrícola Guanajuato. En 1972 se restauró la capilla y la actividad volvió, así que optaron por traer de regreso la sagrada imagen.

El Cristo ha pertenecido a la familia Flores Castro desde 1919 y, según don Jesús, a futuro se pretende restaurar la hacienda, pues será necesario darle vida, debido a que están creciendo los desarrollos campestres, a pocos kilómetros de la zona.

La capilla sólo se abre el día de fiesta, el primer sábado de agosto, cuando se traen danzas y un sacerdote que aprovecha para bautizar a los niños de ranchos vecinos; sin embargo, el resto del año la imagen sólo se alegra con la llegada de Blanca o algún peregrino.

“Él casi siempre tiene una veladora, la que tiene ahorita no sé quién se la prendió. Hay una señora que se llama Lupita Carmona, ella viene seguido, yo siento como que llora porque hace falta que alguien platique con Él, le dé una oración. Vamos nosotros y yo lo veo como que abre sus ojitos y digo es que quiere que abran su capillita”, finaliza Blanca.

‘El viejecito que pide ‘ride’’

Antes de llegar a Paredón, cruzando las vías de ferrocarril una brecha conduce al ejido Anhelo, popular por la mina de mármol que ahí se encuentra y por la historia del viejecito que pedía “ride” a medio camino a los traileros que transportaban las grandes piedras de mármol.

Los traileros platicaban que siempre les pedía “ride” un viejito con su bastón en las madrugadas. Les decía que estaba muy solo, que nadie lo visitaba. Dicen que siempre que llegaba a las vías les decía: “Vivo allá en lo último del rancho. Me dejas en el camino que va para la hacienda”, y ahí lo bajaban.

Cuando los traileros llegaban a casa de doña Oli, una señora que les vendía comida a la entrada, le preguntaban por el viejito y a ella se le hacía raro porque ningún señor grande vivía por allí. Hasta que un día acompañó a un trailero a la capilla y él dijo: “Doña Oli, este Cristo se parece al viejito que yo le di ‘ride’”, es el relato de Leonor García.

Una leyenda que se repetía muy a menudo hace casi cuatro años cuando el ministro de la Eucaristía que atendía la capilla del Señor del Amparo se enfermó y el templo, por donde incluso pasó Miguel Hidalgo, quedó cerrado. Por eso ahora que el ministro falleció, Leonor junto con siete mujeres le da calor al Cristo y a su recinto.

Tan milagroso como el resto de sus hermanos es el Señor del Amparo, que llega gente desde Ciudad Juárez, de Durango, Monterrey, Monclova y Estados Unidos a implorarle su ayuda.

Desde la centenaria capilla, que se distingue a lo lejos por sus cúpulas y torrecillas, el milagroso Cristo le ha dado sentido a muchas vidas, como la de Leonor, quien no pudo tener familia y está enferma de diabetes.

“Yo no me resignaba, pero le pedí que le mostrara el camino y pienso que cuidarlo fue el camino que Él eligió para mí”, dice Leonor, quien es catequista y cada jueves y domingo celebra la Palabra.

La gente lo conoce como el Señor del Amparo, y muchas mujeres de la pequeña población, donde viven unas 15 familias, se llaman así. Comparado con los Cristos de Mesillas, Calandrias y el de la Misericordia, el Cristo de Anhelo es el más pequeño de los hermanos, pero no en edad, pues la capilla, enclavada en la hacienda propiedad de don Rodolfo Garza Cavazos, se construyó hacia 1800.

Al Cristo lo sacaban en procesión el 5 de agosto por la tarde, como el Señor de la Capilla en Saltillo, pero este año Leonor habló con la asamblea de ejidatarios para que ya no saliera, pues a sus más de 200 años más vale que el Señor del Amparo se quede quieto, pues una caída podría ser de graves consecuencias. En su lugar peregrinará otra imagen ya purificada para no romper con la tradición, le harán sus Mañanitas y hoy 6 de agosto, el día de la fiesta, acudirá el padre a dar comuniones.

“Le pedimos que no se agote el manantial que hay aquí, que llueva donde más lo necesite la gente y que aquí no llegue la maldad y la violencia. Aquí sí nos sentimos bendecidos por Él, porque no vivimos muy lejos de Paredón y ahí hay mucha gente mala, aquí estamos bajo su amparo”, finaliza Leonor.

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