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Agencias
Publicado el lunes, 7 de marzo del 2011 a las 19:36
SIPSE.COM / México, DF.- ¿Rancho en Tamaulipas? Sin censar. ¿Casa en Ciudad Juárez? Sin censar. ¿Villa en la sierra de Durango? Sin censar. Como éstas, miles de viviendas en varios estados son actualmente una incógnita: resultaron demasiado peligrosas para incluirlas en el Censo de Población y Vivienda de 2010. Debido al riesgo que implicaba ingresar a ellas, nadie sabe quién las habita. Mucho menos, a qué se dedican sus inquilinos, entre 35 y 80 mil mexicanos.
Pese a dotar a sus encuestadores por primera vez de escoltas armados, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) determinó no levantar el Censo de Población en más de 17 mil casas por consideraciones de seguridad, según revelan documentos del organismo autónomo, en los que también se detalla parcialmente por qué: varias decenas de sus voluntarios fueron víctimas de la violencia.
En respuesta a dos solicitudes de transparencia realizadas por MILENIO, el INEGI dio a conocer parte de las dificultades por las que pasaron sus voluntarios en uno de los censos más atípicos de la historia, realizado en medio de una ola de violencia sin precedentes. De los miles de mujeres y hombres que peinaron el territorio nacional a lo largo del año pasado, tres fueron asesinados, 10 murieron en accidentes de tránsito y 276 fueron asaltados.
Para evitar agresiones, los encuestadores en varios estados afectados por el narcotráfico recibieron la orden de no acudir a realizar entrevistas en 17 mil 666 viviendas, entre rancherías, colonias y unidades habitacionales consideradas demasiado calientes.
En relación al total del país, la cifra es mínima: las 17 mil 666 viviendas por las que no pasaron los encuestadores sólo representan 0.06 por ciento del total de todas las residencias habitadas en México, según calcula el INEGI. Pero oficialmente son casas de las que no se sabe nada y que podrían albergar a miles de mexicanos, desde una cifra baja de 35 mil o dos por casa, hasta una alta, de 80 mil, o cinco por hogar.
Estadísticamente, no existen. Pero a las dudas sobre cuántos y quiénes las habitan también se suma la de dónde están: el INEGI clasificó por 12 años los nombres de estas manzanas, colonias y poblaciones a las que no quiso enviar a su personal por temor a la violencia. Inéditamente, consideró que dar a conocer su ubicación exacta dificultaría al gobierno mexicano su gobernabilidad.
En su negativa, el INEGI se amparó en el artículo 13, fracción IV de la Ley Federal de Transparencia al argumentar que revelar cuáles son estas zonas calientes de México “Causar(ía) un serio perjuicio a las actividades de verificación del cumplimiento de las leyes, prevención o persecución de los delitos, la impartición de la justicia, la recaudación de las contribuciones (y) las operaciones de control migratorio”.
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“No se logró el acceso del personal por situaciones de tipo social, por los mismos pobladores o por algún problema de límites o por situaciones que ponían en riesgo la seguridad de nuestros colaboradores en la entrevista”, expuso el INEGI en respuesta a la solicitud de información 00020910 hecha por este diario.
El Instituto reportó que el estado en el que más problemas hubo para cubrir ciento por ciento de las viviendas fue Tamaulipas, en donde los encuestadores enfrentaron dificultades en 534 locaciones.
Le sigue Chiapas, con 196 poblaciones, rancherías o viviendas a las que no pudieron acudir los voluntarios. En tercer lugar se encuentra Chihuahua, donde 190 manzanas fueron literalmente eliminadas de la lista.
Ciudad Juárez fue una de las locaciones en las que más trabas se presentaron para los encuestadores, a los que no sólo se dotó de escoltas de la Policía Federal y el Ejército, sino se ordenó en su momento pasar de largo casas de seguridad de narcotraficantes o secuestradores.
“No podemos saber qué casas están ocupadas por delincuentes, pero nos damos cuenta porque los mismos vecinos nos dicen ‘a esa casa no vayan'”, dijo en junio pasado Apolonio Buitrón, supervisor de encuestadores al oeste de Ciudad Juárez. “Cuando nos enteramos de una casa así, ni preguntamos. Corremos”.
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Sobre los encuestadores víctimas del crimen, el INEGI reveló que tres fueron asesinados: uno en Veracruz, otro en Durango y uno en Michoacán.
Agregó que 276 encuestadores sufrieron asaltos y reportaron haber perdido su equipo y pertenencias. El Estado de México fue el más peligroso para censar, pues se registraron 92 asaltos en sólo 57 días.
Otras entidades con problemática de asaltos a encuestadores fueron: DF, 25; Guerrero, 20; Guanajuato, 17; Sinaloa, 15; Chihuahua, 14, y Jalisco, 13.
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