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Coahuila

Los poshonestos mexicanos

Por Fernando de las Fuentes

Hace 10 meses

“La confianza de los inocentes es la herramienta más útil del mentiroso”
Stephen King

 

A diferencia de lo que usted cree, cualquiera de las redes sociales a las que esté suscrito no tiene la función de informarlo ni objetiva ni verazmente, por el contrario, su finalidad es proporcionarle lo que usted quiere ver y oír, porque esa es la forma en que venden su servicio y compiten entre sí.

Debido a que pasamos gran parte de nuestro día en estas plataformas, en lugar de conocer la verdad, abrirnos al mundo y conectarnos con otros, como deseamos y pensamos que es, sólo estamos tapiando la pequeña parcela de “realidad” y “verdad” en la que queremos habitar, porque, mientras menos nos exponemos a lo que nos perturba, más intolerantes no volvemos a ello.

Cuando un algoritmo comienza a proporcionarnos material desagradable, no obstante las modificaciones que hagamos a nuestras preferencias, cerramos la cuenta y abrimos otra o abandonamos la red. Nos quedamos en aquellas en las que obtenemos exactamente lo que queremos, ya sean sedantes para nuestra angustia y ansiedad; reconfortantes para nuestras crisis, culpas o vergüenzas; estabilizadores de seguridad; oportunidades para la indignación y el desahogo agresivo; vetas infinitas de drama y escándalo; simples distracciones de la realidad; motivos de risa (una de las vertientes más sanas, por cierto) y soluciones a nuestros problemas y tormentos.

En cualquiera de estos casos, y los que se le ocurran, están involucradas nuestras emociones y sentimientos. Vivimos pues, nuestra más significativa vida en las redes sociales y, con ello, evitamos hacerlo de manera interpersonal, porque en las relaciones reales no podemos simplemente ponerle like al otro, dejarlo en visto o insultarlo así nada más, sin justificación alguna.

Este es el mundo hoy. Esta es la clase de personas y ciudadanos en que nos hemos convertido. Y le daré datos para que reflexione sobre el curso de la historia que estamos protagonizando. Comencemos señalando que un estudio del Massachusetts Institute of Technology señala que las noticias falsas se difunden seis veces más rápido que las verdaderas y a más niveles de difusión, porque tienden a ser más novedosas, sorprendentes o sensacionalistas y contienen más palabras que evocaban sorpresa o disgusto. A todo ello el cerebro humano responde intensamente, reacciona. Sin ir más allá, sin cuestionar, cree.

No sólo la sicología, también la lógica elemental, nos indican que somos más inteligentes, estamos más en dominio de nosotros mismos, establecemos mejores y más profundas relaciones y tenemos mayor capacidad de ser felices si controlamos nuestras reacciones; es decir si desarrollamos la habilidad de detectar las emociones o sentimientos que nos invaden ante un estímulo proveniente del exterior, antes de tomar cualquier acción.

Bueno, pues las redes sociales, por su instantaneidad, son un inhibidor de esta vía de crecimiento personal. Nos impelen a la acción inmediata, irreflexiva, y con ello literalmente nos embrutecen; perdemos la capacidad de discernir entre lo falso y lo verdadero; la falsedad se convierte en veracidad y la verdad se relativiza, deviene en posverdad y nosotros, con ella, en seres poshonestos, es decir, en personas que sólo admitimos sobre nosotros lo que construye la imagen que queremos dar.

La poshonestidad es la característica de quienes promueven su propia imagen en las redes. Para gustar o disgustar, según pretendan, se convierten espontáneamente en mediomentirosos o semiveraces, como lo quiera ver. Tergiversan sutilmente la verdad para hacerse propaganda, con “pequeñas desviaciones” que justifican para sí mismos porque, aunque identifican la mentira, la consideran necesaria e incluso normal, despreocupándose, así, de su mentir, y volviéndose cómplices de muchos otros que hacen lo mismo, todos creyéndose entre sí, tanto para avalarse como atacarse.

Y así las cosas, en 2020, el investigador Luis Ángel Hurtado, de la Universidad Nacional Autónoma de México, realizó un amplio estudio cuyo resultado arrojó que México es el segundo productor mundial de noticias falsas, después de Turquía. Imagínese las consecuencias. De hechos están a la vista

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