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Coahuila

Los Reyes de la Fontanería

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 meses

Era un grupo de arriesgados saltillenses expuesto al peligro que, todavía en la década de los años 50 a los 70 del siglo pasado, se dedicaban a hacer excavaciones para la introducción de los servicios de agua potable y drenaje sanitario de la ciudad usando rudimentaria herramienta.

No había jerarquías, aunque sí un mando, pero todos le entraban a la pala y al talache (zapapicos), cuando todavía no llegaban los adelantos técnicos como excavadoras, “mano de chango”, y otros implantes que ayudaban a estos hombres que prestaron sus servicios a la ciudad.

Vimos por doquier a fontaneros o plomeros comprometidos con el bienestar de sus semejantes, que iniciaba una nueva etapa en la sanidad, a través de los servicios elementales de agua potable y drenaje en el domicilio de cada una de las familias saltillenses. En ese tiempo sólo un sector del primer cuadro de Saltillo contaba con esos beneficios básicos.

No sé cuántos instrumentos utilizaron, pero recuerdo uno muy mentado, la tarraja (o terraja), que es una herramienta de corte manual para crear roscas externas (filetes) en tubos y varillas metálicas, permitiendo unirlos con tuercas o acoples, transformando una superficie lisa en una roscada para reparaciones o instalaciones de fontanería y ahora de gas. Se compone de un cuerpo con cuchillas de acero templado y se fija a un mango llamado porta terrajas para aplicar la fuerza bruta necesaria.

Seguramente hay muchos nombres, muchos plomeros antiguos: Pablo Bazaldúa, “El Chaparro” Amaya, “El Negro” Cisneros, entre otros que entregaron su vida a este duro oficio.

Hoy quiero recordar a don Arnulfo Salas Dávila, un hombre de corta estatura, alegre, carismático y de gran entrega al trabajo de plomero. Tanto fue su afán que llegó a ser contratista del Ayuntamiento de Saltillo, y eso quiere decir mucho, labor que le permitió sacar adelante a su numerosa familia.

A ellos y muchos otros plomeros se debe más del 50% de la introducción de la tubería general y domiciliaria de agua potable y del drenaje sanitario de la ciudad, tubería que aún distribuye el agua.

“El Chaparro” Salas aprendió el oficio de plomero de su papá Arnulfo Salas García. Arnulfo Salas junior fue uno de tantos líderes de la Unión de Plomeros de Saltillo durante varios periodos. Sólo uno de los hijos de don Arnulfo fue plomero: Felipe. Francisco Javier estudió ingeniería civil, animado por el trabajo de su señor padre, por ser parte de la construcción.

Todos los hijos del plomero nacieron en la casa de Escobedo y Mina.

El matrimonio formado por don Arnulfo Salas Dávila y doña María Esther Chávez Ovalle procreó 10 hijos: Rosa Ofelia, Alberto, Juana Inés, Francisco Javier, Rosario, María Esther, Arnulfo, Felipe de Jesús, Alejandro José y María Esther.

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