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Coahuila

Los trumpitos

Por Gerardo Hernández

Hace 8 meses

Después de la primera presidencia de Donald Trump surgieron imitadores del farsante neoyorquino. Boris Johnson, en Reino Unido; Jair Bolsonaro, en Brasil; Nayib Bukele, en El Salvador; y Javier Milei, en Argentina. El primero de ellos, rubio y también nacido en Nueva York, competía con Trump en el peinado extravagante e igual que él mentía a mansalva. El exlíder del Partido Conservador terminó el proceso para separar a su país de la Unión Europea (Brexit), en 2020, lo cual lamenta hoy la mayoría de los británicos. La prensa denunció fiestas clandestinas en la residencia oficial durante la pandemia de COVID, contratos a empresas cercanas a funcionarios y una larga cadena de escándalos cuyo centro era el Primer Ministro.

Bolsonaro, un militar ultraconservador retirado, participó en la trama para que el juez Sergio Moro encarcelara al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva por delitos fabricados. Y al igual que Trump, intentó dar un golpe de Estado para impedir que Lula asumiera la presidencia por tercera ocasión tras las elecciones de 2023. En marzo pasado, el Supremo Tribunal Federal de Brasil imputó a Bolsonaro y a otras 33 personas por rebelión e intento de apropiarse del poder. Entonces ya había sido inhabilitado por ocho años para ejercer un cargo ejecutivo.

Las políticas de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, son igual de represivas y violatorias de los derechos humanos que las de Trump, con quien se acaba de reunir en Washington. En 2024 se eligió para un segundo periodo en contra de lo establecido por la Constitución. Empresario, lo mismo que Trump, Bukele tuvo entre los asistentes a su toma de posesión a los presidentes de Argentina, Javier Milei, apodado el Loco, y el ecuatoriano-estadounidense Daniel Noboa, recién reelecto.

Conocido como el Trump argentino, Javier Milei es otro populista ultraconservador. El economista ha exaltado a la dictadura de su país. Desde febrero enfrenta acusaciones por participar en un fraude con criptomonedas. El escándalo ha provocado protestas multitudinarias, acompañadas de paros y disturbios debido a las reformas de su Gobierno. La popularidad de Milei se ha desplomado, igual que la de Trump, y el descontento social en Argentina, como en Estados Unidos, es presagio de tormenta.

El Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, recién fallecido, reflexionó acerca de la democracia: “Como ha demostrado Donald Trump, todas —sí, todas, hasta las que creíamos las más antiguas y sólidas— son precarias. ¿El triunfo de Boris Johnson en Inglaterra no lo ha demostrado acaso? Que haya un voto libre no significa que los ciudadanos siempre voten bien. Muy a menudo votan mal y eligen no lo mejor, sino lo peor. Quizá esa sea la mejor enseñanza que nos ha dejado Trump. Los norteamericanos eligieron mal —votaron más contra la señora Clinton que a favor de Trump— y eso ha sido una tragedia para Estados Unidos” (Piedra de Toque, Asalto al Capitolio, El País, 16.01.21). Lo peor aún estaba por venir. Los estadunidenses tropezaron con la misma piedra y reeligieron a Trump.

Vargas Llosa conservó su fe en la democracia hasta el final. “Pero, no hay duda, sobre todo después del asalto al Capitolio, que llevará a muchos a reflexionar, el país se reconstruirá desde esos abismos en los que lo ha hundido Trump, y volverá a ser lo que fue hasta el año 2016: el líder de los países libres, que salvó al mundo entero de caer en brazos de Hitler y luego de Stalin, y que, aunque haya cometido desafueros y abusos en su historia, en América Latina, sobre todo, está siempre allí, como una esperanza para aquellos —y son muchos millones— que en el mundo de hoy siguen soñando con la libertad (…)”.

Podría haber sido así, siempre y cuando Trump fuera un demócrata y un patriota, pero no lo es. Regresó a la presidencia no para volver grande a su país de nuevo, sino para terminar de demoler sus cimientos y acabar con la confianza del mundo en Estados Unidos.

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