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Ludopatía, la cara oculta del juego

  Por Ernesto Acosta

Publicado el viernes, 27 de agosto del 2010 a las 14:00


Se estima que en Saltillo y el área conurbada más de 20 mil personas tienen problemas con los juegos de azar.

Saltillo, Coah.- Se estima que en Saltillo y el área conurbada más de 20 mil personas tienen problemas con los juegos de azar.

A estas personas se les considera como ludópatas, y el punto de partida en este tema es que el juego patológico, aunque pueda parecer un vicio, es una enfermedad. Porque, aunque el juego en general es algo normal y deseable, cuando se constituye en adicción se convierte en enfermedad.

Muchas personas han llegado a perderlo todo, dinero, familia, trabajo, relaciones, por culpa de su dependencia del juego. Para estos enfermos, el juego es una obsesión que puede considerarse como un descontrol de los impulsos, lo mismo que sucede con el impulso de robar (cleptomanía) o de quemar cosas (piromanía).

Cada uno de los ludópatas se estima que dañan económica y emocionalmente a cinco o más familiares o amigos; el vicio de apostar dinero resulta más peligroso incluso que consumir droga y alcohol, pues el satisfactor no está en el exterior sino en el propio interior.

Rita Martínez Jáuregui, presidenta de la Federación Mexicana de Jugadores en Riesgo y quien sufrió ludopatía por nueve años, señala que a nivel nacional la “enfermedad” afecta a entre 2 millones y 2.5 millones de personas, epidemia que va en crecimiento. “Es una adicción más fuerte que la cocaína”, revela.

Quienes padecen ludopatía llegan al grado de robar a su propia familia y vender el carro para seguir apostando o pagar las deudas, hay quienes se prostituyen con el mismo fin, otros cometen fraudes y todos sufren problemas emocionales y físicos.

La Asociación Americana de Siquiatría clasifica a la ludopatía como una enfermedad porque involucra la pérdida del control de los impulsos.

“La ludopatía es una incapacidad de dejar de jugar, es una incapacidad de controlar el impulso que nos lleva a jugar porque el cerebro nos juega muy malas pasadas y nos da a entender que estamos ganando cuando realmente no estamos ganando, es una cuestión de química cerebral”, expresa Martínez Jáuregui.

“Está considerada una enfermedad por la dependencia que tenemos de las dopaminas; cada vez que nos sentamos a jugar hay una descarga de dopamina, que es una sustancia cerebral que nos da el mismo placer y la misma excitación que cuando alguien inhala cocaína o se inyecta heroína, es exactamente lo mismo, nada más que es una adicción endógena, está dentro de nuestro cerebro”.

JUEGO COMPULSIVO: EVASIÓN DE REALIDAD

La autora del libro “Conciencia Cero”, donde habla del problema de los jugadores compulsivos, explica que la enfermedad tiene un origen interior por lo que se necesita analizar los temores y miedos, el entorno familiar y social, las experiencias del pasado y del presente que detonan la enfermedad, provocada por un impulso de evadir la realidad de manera inconsciente.

“Queremos escapar de la realidad… vas a interactuar con una máquina y no te va a decir ‘¿estás gorda, verdad?’, ‘tu marido te está poniendo el cuerno’, ‘tus hijos no te pelan’, ‘te fue mal en el trabajo’, la máquina no pregunta, nada más te da, te da emociones… es una evasión, quiero olvidarme de lo que sea y la máquina obra esa magia.

“No piensas en nada y extrañamente te sientes reconfortada, muy excitada, sientes que el mundo te vale un cacahuate, por ese momento, hasta que el dinero se acaba”.

Después viene la depresión y los remordimientos por gastar dinero de más, pero conforme avanza la enfermedad el cerebro pide más euforia, más excitación, más emoción por tentar a la suerte y luego ya no importa si ganan o pierden. El cerebro sólo pide una mayor ración de dopamina.

La ludopatía afecta a todas las clases sociales; quienes disponen de más dinero van a los casinos y otros van a los juegos de lotería, donde por igual gastan lo que no se tiene.

¿QUÉ CONSECUENCIAS EMOCIONALES O SICOLÓGICAS ARROJA ESTA ENFERMEDAD?

La licenciada en Ciencias de la Comunicación asegura que la ludopatía es la enfermedad que registra más suicidios de todas las adicciones porque un alcohólico o drogadicto generalmente mueren por los excesos, por la sobredosis, no porque se hayan querido matar.

“El ludópata se suicida y de eso tenemos casos documentados, sobre todo en el sureste del país, donde hay 11 suicidios reportados por ludopatía, estamos hablando de cuatro años para acá”, señaló.

Las deudas, la desesperación por no contar con dinero, la depresión por perder el patrimonio y familia es lo que los llevan al suicidio, y los especialistas en ludopatía afirman que el 27% de los jugadores compulsivos pueden atentar contra su vida.

“Es una enfermedad muy soterrada, no cualquiera le va a hablar de esto. Es igual que el anuncio de las hemorroides: todos son primos o amigos de alguien que juega, no es muy sencillo encontrar a un ludópata. Lo más difícil de este proceso es que el jugador compulsivo se asuma como enfermo, es igual que cualquier otra adicción, mientras el jugador no sepa que es un enfermo no se puede hacer nada por más que la familia lo vea”.

Un jugador compulsivo empieza a mostrar síntomas de la enfermedad en el momento en que empieza a aislarse, en que tiene problemas para dormir, cuando se torna irritable y agresivo y no tolera que le pregunten el porqué de su actitud.

Además, empieza a tener problemas gástricos fuertes por el nivel de estrés.

“Y termina hasta acabar con todo lo que tiene él, sigue el empeño de las cosas de la familia, el robo y, en el caso de las señoras jóvenes, la prostitución. Hay señoras que por que les recarguen la tarjeta con mil pesos se prostituyen porque la necesidad de jugar es mucho mayor a cualquier reserva moral que pueda haber”, sostiene.

SÍNTOMAS DEL AVANCE

Al igual que con el alcoholismo, los adictos al juego pueden iniciar por curiosidad, para experimentar la sensación de ganar dinero fácil, por “invitación” del amigo o la amiga, para liberar la presión del trabajo y para evadir los problemas. Los motivos sobran y las consecuencias pueden ser igual, mortales.

Sin darse cuenta, sólo esperan que llegue el día de pago para correr en busca de un casino, ignoran las llamadas telefónicas por estar jugando, descuidan las citas y por las apuestas y pérdida de dinero no pagan ni los recibos de agua o luz ni las colegiaturas de los hijos. También hipotecan la casa, roban y cometen fraudes, en casos extremos.

“Entras en un estado de depresión donde tu aspecto físico ya no te importa y las consecuencias de la enfermedad son cada vez más visibles, hay deterioro físico, te empiezas a demacrar por las grandes jornadas que te avientas en un casino y tu estabilidad emocional se colapsa, el cerebro reacciona con síntomas inclusive de paranoia, es como una danza de números cada vez que queremos cerrar los ojos”.

La adicción es tan grande, “que el jugador ludópata no juega para ganar, el jugador compulsivo juega para seguir jugando; nuestro propósito no es ganar, es ganar para lograr el siguiente propósito que es seguir jugando… no dudo que haya jugadores sociales que ganen ¿pero cuál es la ganancia de los enfermos? ¿Cuál es la ganancia de las miles de familias que han perdido su patrimonio?”

¿QUÉ LLEVA A LA PERSONA A CAER EN El VICIO?

“Son tres circunstancias en que los expertos no se ponen de acuerdo, yo siempre digo que esta adicción es un dolor escondido, porque a final de cuentas es una manera de autodestruirse.

“Son circunstancias genéticas, a lo mejor por ahí tienes al abuelo que apostaba todo en las carreras de caballos; son circunstancias de entorno social, muchas veces jugar es un símbolo de estatus, de que eres de clase media privilegiada, la misma sociedad te va llevando y la enfermedad te atrapa”.

El otro motivo se encuentra en el cerebro, en la química cerebral, donde la adicción pide dosis mayores de tiempo frente a las máquinas y cantidades de dinero más fuertes para apostar.

“Las sustancias que generamos cuando estamos jugando son tan adictivas como cualquier dosis de heroína, y conforme pasa el tiempo necesitas más cantidad, aumentar tu apuesta hasta que te acabas el dinero disponible y empiezan los fraudes y los robos”.

Además, los más vulnerables a la enfermedad son las personas obsesivas-compulsivas, aquellas que tienen las obsesiones exacerbadas y si tienen predisposición genética o cerebral “se enganchan con el juego”.

Los estudios científicos demuestran que la ludopatía es más adictiva que el alcohol y la droga. En Escobedo, Nuevo León y en Cancún se han registrado casos de madres de familia que dejaron a los niños en los carros y afuera de los casinos mientras apostaban junto con los abuelos hasta la madrugada, lo que refleja la gravedad de la adicción.

“Hay dos tipos de drogas, las que uno tiene que consumir y las otras son las que el mismo cerebro produce –advierte–, entonces a la hora que uno juega está produciendo todas estas sustancias de placer y por supuesto que el cerebro necesita cada vez más dosis, es el mismo proceso adictivo que la adicción al sexo, a Internet, nada más que aquí no necesitamos meternos nada, el mismo cerebro nos produce esa sensación de droga.

LUDOPATÍA: EPIDEMIA EN ASCENSO

“La incidencia de la enfermedad nos está hablando de que pudiera haber hasta 20 mil ludópatas en Saltillo y el área conurbada, pero no es nada más el enfermo el que tiene problemas, cuando menos hay cinco personas seriamente involucradas de su círculo íntimo, ya sean familia o amigos”, explica.

Los más afectados son la esposa o el esposo, la pareja, los hijos, los padres y hermanos de la persona enferma.

A nivel nacional, se calcula que entre 2 millones y 2.5 millones de personas sufren la enfermedad y son afectadas con la operación de más de 70 mil máquinas en los casinos y casas de apuesta, según cifras conservadoras.

La solución, asegura, está en promover una cultura del juego responsable, como esas campañas de si toma no maneje o de evitar las drogas.

También se requiere difundir información sobre la enfermedad, para que los jugadores se den cuenta si tienen problemas para controlarse en las apuestas.

TESTIMONIO: LUDÓPATA POR NUEVE AÑOS

Relata enferma rehabilitada su experiencia con la adicción al juego

Rita Martínez Jáuregui está casada, tiene tres hijos, durante nueve años fue jugadora compulsiva, perdió dinero y lo más doloroso para ella es que perdió tiempo de convivencia conellos. También perdió amistades y el vínculo con familiares que no recuperará porque no le perdonan el haberlos hecho sufrir tanto.

“En mi experiencia la enfermedad tuvo muy marcadas sus etapas; pasa de jugar muy poquito y de repente, va madurando la enfermedad y en el último año y medio había falta de control total.

“Perdí todo lo que tenía que perder y más, recurrí a todas las fuentes de financiamiento posible, incluyendo prestamistas, empeños, robos entre mi familia o hacia mi familia cercana con tal de seguir jugando, realmente no te importa lo que tengas que hacer. Ya la prostitución no se me daba porque a los 50 años yo tendría que haber pagado, pero créame que pues igual y también le hubiera atorado”.

Una jugadora o jugador compulsivo no se detiene en principios o valores con tal de seguir en el vicio, la desesperación es tal, que miente y roba para conseguir dinero. En su caso, empeñó y perdió joyas, robó dinero a su mamá y a su esposo lo llegó a golpear para exigirle dinero.

REHABILITACIÓN

Pese a los problemas económicos y emocionales que causó, su familia no la abandonó y la ayudaron para internarse en la Clínica de Adicciones “Samadhi”, ubicada en Chihuahua, única en el país en su tipo.

“Estaban abriéndola en enero y yo me inscribí en febrero, fui la primera mujer rehabilitada en esa clínica. El dueño es un ludópata en recuperación también, hasta la cocinera tiene un hijo ludópata, todo mundo está relacionado con la ludopatía”, afirma.

El centro de tratamiento para el juego compulsivo es el primer modelo clínico profesional para el tratamiento de adicciones ludópatas que promueve la transformación integral de la persona y la familia con la intervención de sicólogos, terapeutas en adicciones, terapeutas familiares y espirituales, médicos y enfermeras.

Una vez rehabilitada, Rita no deja de pensar en lo que perdió a causa de su obsesión por apostar.

“Perdí mucho tiempo con mi familia, generé muchos pleitos en mi familia que no tenían razón de ser, me alejé de muchas personas que definitivamente a algunas no las voy a recuperar. Se hacen huellas emocionales muy difíciles de superar… tengo un hijo de 20 años y prácticamente la mitad de la vida de él me la pasé apostando”.

Para evitar que otras personas pasen lo que ella, que pierdan lo que ella perdió, se decidió a escribir el libro “Conciencia Cero” para informar sobre su experiencia, sobre el peligro de la obsesión por el juego, para dar a conocer que es una enfermedad que daña al jugador y a la familia y que tiene una cura.

“Lo que les recomiendo es que se asuman como enfermos si ven que no logran controlar su forma de apostar. Ése es el primer paso para salir adelante; uno no es culpable de la enfermedad, pero es responsable de las consecuencias”.

El proceso de recuperación no es sencillo, es una lucha como la que llevan a cabo los alcohólicos y drogadictos.

“Es un delírium tremendo a la hora que uno deja de jugar, empiezan las mismas consecuencias de la abstinencia: son ataques de pánico, dolores en el pecho, consecuencias emocionales muy duras que se manifiestan físicamente. Yo dejé de jugar varias veces y acabé en el hospital… son síntomas como si fuera un ataque al corazón, hay taquicardia violenta, sudoración excesiva, hay una sensación de muerte”.

Su debilidad por el juego le afectó la salud. Presenta una lesión precancerosa en el esófago provocada por el exceso de reflujo gástrico, esto por no comer, por tomar demasiado refresco y fumar en exceso a causa del juego.

La lesión es de por vida, cada cuatro meses debe practicarse una endoscopía para descartar el desarrollo de cáncer y toma medicamento en forma permanente.

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