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Paola A. Praga
Publicado el jueves, 15 de enero del 2015 a las 16:01
Ramos Arizpe, Coah.- ¿Sabes lo que quiero ser, mamá? “Policía”, respondió. Y aunque sus padres no estaban convencidos del todo de la profesión a la que pensaba dedicarse, Luis Ángel Estrada Picena no desistió y después de entregar el certificado de técnico en electromecánica se enlistó para pertenecer a la Policía Investigadora. Hoy está al frente de la Policía Municipal de Ramos Arizpe.
Su sentido humano, el que está detrás del chaleco antibalas, el uniforme verde y el cabello a ras de cráneo, estilo militar, muestra vocación a las Fuerzas Armadas y la intención de servir. Con 26 años, Estrada Picena se siente satisfecho.
“Soy policía los 365 días del año, las 24 horas del día”, sentencia. Maneja un radio Matra, con tecnología francesa digital, al que baja el volumen. Sentado detrás del escritorio, en una oficina de un edificio descuidado de la Dirección de la Municipal en Ramos Arizpe, descansa una foto de sus compañeros caídos en combate.
MUEVE SU VIDA
Ser policía le apasiona. Dice que el defender a las personas le ayuda a entender que para muchos la opinión de los elementos que salen a la calle a combatir el crimen puede ser negativa.
“No a todas las personas les gusta que se luche contra la delincuencia porque hay muchos que se benefician de ella, directa o indirectamente”, asegura.
Cuando tenía 18 años, en el 2007, ingresó a la Academia de la Policía Investigadora en el 2007. Egresó con buen promedio y le dio el impulso para tomar un curso de protección, entonces se dedicó a ser escolta de empresarios y funcionarios. Aprendió la lealtad y la habilidad de observar, de mantenerse siempre alerta.
“El entrenamiento que te dan es muy bueno, muy estricto, ya depende de cada quién cómo lo use, hay policías que lo dedican para ser delincuentes, son delincuentes natos”.
No perder de vista el objetivo es una de los principios para las Fuerzas Armadas y de esta premisa Estrada Paciencia ha construido su filosofía: “La vocación es lo principal, tienes que ser firme. Duro, recto, se trata de hacer las cosas bien”.
Luego de ser escolta, se incorporó al curso para el entonces recién creado Grupo de Armas y Tácticas Especializadas, GATE. Ahí entrenó por un año, encerrado, igual que los 250 hombres y mujeres que se enlistaron para formar parte de la primera generación.
“Obtuve el primer lugar de aprovechamiento; muchos no aguantaron la disciplina de las actividades, de todos los que entramos fuimos 50 elementos que salimos, luego me incorporé como elemento de tropa”.
AUTOCONTROL
No es que Estrada Picena sea un superhéroe, pero su mente y cuerpo aprendieron el arte del control. Fueron épocas duras cuando estaba sometido a la disciplina militar. Sus recuerdos son una lista de ejercicios y actividades que había que cumplir, sin excusas.
“Me di cuenta que cuando tu cuerpo dice ya no puedo, siempre hay un extra, someterte a temperaturas muy bajas, a estar en el sol 24 horas, a no quitarte el equipo durante dos días, a no dormir durante tres días seguidos; el hecho de que te metieran a una fosa con agua a temperatura de menos 8 ó 10 grados ya era someter tu cuerpo a reacciones climáticas muy fuertes, te marca, te disciplina”, explica.
El hombre robusto aprendió a valorar el agua. A usar las armas, a correr, a soportar. Los entrenamientos siempre fueron rudos, no había sosiego para los cadetes que intentaban pertenecer a primer grupo policiaco especializado de Coahuila.
“Yo me siento raro cuando veo que la gente está desperdiciando el agua, yo llegué a un punto en el que hubiera dado lo que fuera por un vaso de agua, por poder tomar agua, así eran los entrenamientos, fue cuando aprendí a valorar el agua, el hecho de que tengas la boca seca y estés con sed es algo muy difícil”.
FRENTE AL ENEMIGO
Cuando abandonó el cuartel para iniciarse en las calles su pensamiento se enfocó en el objetivo. El enemigo era el crimen organizado.
“El enfrentamiento por el que más he sentido impotencia fue en Piedras Negras, eran enfrentamientos casi diarios, pero tuvimos uno carretero con la delincuencia organizada”.
“Hablamos de muchas camionetas, de misiles, hablamos de que destruyeron una tanqueta a “misilazos”, tiraban con ametralladoras, nos superaban en número, fue muy triste ver caer a otros elementos, podías ser tú. Pero la batalla más difícil fue ver que los compañeros se iban, que varios (que uno creía incondicionales) se iban, no quisieron seguir por miedo”.
Algunos otros, por el contrario, soportaron las pruebas emocionales y físicas que presentaba la realidad.
“Nos quedamos para hacer una hermandad, decíamos: ‘si ya les ganamos 10 veces les podemos ganar otras 10, hasta que los estemos acabando’… hasta que llegó el punto en que tranquilizamos la frontera, fue a sangre y balazos, pero se logró”.
GUARDIA EN ALTO
Estrada Picena se ve saludable, sus ojos se perciben firmes sin titubeos. Su actitud está en guardia.
“Si 100 veces muriera y 100 veces volviera a reencarnar, 100 veces sería policía”, afirma mientras sonríe.
“En los combates, fue algo traumático ver que personas pedían ayuda a gritos, nunca quitamos el dedo del renglón para poder ayudar. Esa parte muchos no la ven, aunque la gente piense lo contrario, somos más los que tenemos vocación, los que ayudamos a niños, a adultos”.
En sus años como policía participó en operativos de rescate de personas secuestradas. Los recuerdos se hacen rémoras en su mente: “vi a personas que tenían amarradas y vi las caras de la gente que te agradece, que te dicen, ‘no tengo con qué pagarte’, y ésa es la mejor satisfacción para uno”.
Satisfacción, el mejor pago a su trabajo
Al frente de la Policía Municipal de Ramos Arizpe, Luis Ángel, hermano del actual director del Cereso de Torreón, Jesús Francisco Estrada Picena, han sufrido en familia las consecuencias de pertenecer a corporaciones de seguridad pública.
“Son momentos difíciles, uno ve de todo, desde un muchacho que levantaron del crucero (que estaba limpiando vidrios), hasta empresarios. La gente siempre te agradece todo, como policía de vocación vale más que todo lo que te puedan dar en el mundo, que te reconozcan la labor que estás haciendo por ellos”.
Una imagen especial es la que conserva de un encuentro a fuego abierto sobre la carretera. Ahí, un Chevy quedó atrapado en medio de los disparos. Él y otro compañero decidieron auxiliar a los afectados: dos pequeñas y un adulto, su padre.
“Las niñas se despiden llorando, cuando vimos el carro tenía cuatro impactos, en la parte trasera, pensamos que tal vez ellos hubieran muerto, o las niñas se hubieran quedado sin papá, o el papá sin su hijas, y eso sí fue un agradecimiento puro, nadie te lo cuenta, tú lo vives.
“Soy un hombre que tengo mi esposa, mi hija, vivimos los tres juntos, tengo otra hija de primer matrimonio. Mis hijas son mi vida (…) Saber que les estoy dejando un mundo mejor, me compromete”.
HERIDAS QUE DEJAN HUELLA
Un remolino de sangre invade el cuerpo del policía cuando se abre el fuego. Eran 10, eran 20, ya no lo recuerda. Era una carretera en Piedras Negras, en el norte de Coahuila. Los sicarios eran más que los policías, se abrió fuego y una de las compañeras quedó tendida en el asfalto. El cuerpo inmóvil le recordó la fragilidad de la vida.
“Fueron lágrimas, sangre, cosas muy fuertes, después de los enfrentamientos uno queda muy sacudido, no es para menos, los civiles también, los ciudadanos también, la sociedad también.
“Yo soy herido de guerra, una vez me hirieron en el hombro, me dieron dos impactos en la cabeza”. Según el reporte, le rebotó el proyectil en el casco balístico.
“Me dieron un impacto en la cabeza en un combate, después uno en el hombro, eran épocas en las que a pesar de las bajas no se perdió la esperanza, fue algo traumático, pero sigues adelante”.
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