Coahuila

Publicado el jueves, 26 de septiembre del 2024 a las 03:54
Saltillo, Coah.- “Enterré su cuerpo, pero para mí, sigue viva como persona”, expresa entre lágrimas y sollozos la señora Catalina Alfonso Farías, originaria de Piedras Negras, al recordar a su hija Zoé, fallecida a los 23 años, y cuyos órganos fueron donados para salvar y mejorar la calidad de vida personas desconocidas.
“ Como me lo dijeron aquí (en el Hospital General de Saltillo), ella le dio vida a más de 100 personas. Cómo una persona, un ser humano, puede darle vida a tanta gente, a niños, jóvenes, personas adultas y pues en realidad es algo muy bonito el saber eso, a veces no sabemos o no tenemos el conocimiento de saber que podemos ayudar a mucha gente”.
Zoé Viridiana Gómez Alfonso, separada y madre de una niña, llevaba una vida normal, hasta que de pronto enfermó y en poco tiempo perdió la vida.
“ Ella, al parecer tenía asma y estaba comiendo cuando le empezó el ataque de asma y fue lo que hizo que ella se medio atragantó y pues de ahí la llevamos al hospital, ahí fue donde le dieron dos paros respiratorios, un infarto y pues ya después quedó hospitalizada, la tuvieron que intubar”.

Desde el 26 de diciembre pasado, la joven madre estuvo hospitalizada y de Piedras Negras la trasladaron a Saltillo a inicios de año. Finalmente falleció el 6 de enero. Cuando la señora Catalina decidió que donarían los órganos de su hija, hubo voces dentro de la familia que se opusieron a ello, pero ella, con la fe en Dios, se mantuvo firme en la decisión.
“ Pues al principio no, después sí. Me dijeron que por qué yo había donado los órganos, que había hecho mal, pero honestamente les dije: yo creo que apenas una persona que esté en mi lugar lo va a entender para tomar una decisión así”.
“ En realidad, al menos para mí en lo personal al menos siento que mi hija sigue viva en esas personas… en realidad es muy difícil ver a tu hijo, a tu hija, en un estado que no tienes la manera de cómo saber que va a seguir sobreviviendo y que ya no tenga esperanza. Eso fue lo que a mí me hizo el pensar o al saber que hay personas, son adolescentes, niños, jóvenes, adultos, que tienen una esperanza y que por un pedacito de un tejido, de un órgano, pueden tener vida y eso es algo muy bonito. Eso fue lo que me hizo donar sus órganos”.

Durante estos meses, la madre de Zoé ha recibido acompañamiento espiritual y gracias a eso ha podido enfrentar la realidad con esperanza y con fe para aliviar el dolor. Ahora, hay algo que la reconforta.
“ El saber que hay muchas personas, que mi hija está en cada una de todas esas personas, eso es lo que a mí me fortalece… ella quería todavía seguir, terminar sus estudios y sacar adelante a su niña, porque dejó a una niña que ahorita tiene 7 años”, concluye.
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