Saltillo

Publicado el domingo, 15 de marzo del 2026 a las 15:48
El sacerdote Hilario González García advirtió que la maldad, la injusticia y la mentira son la oscuridad que puede detonar procesos de desgaste emocional y afectivo que suelen llevar a la pérdida del sentido de vida y producir obras estériles.
“ Sin embargo, la luz divina que ilumina la mente y enardece el corazón, nos ayuda a restaurarnos en el ánimo y en el gozo de Dios. La ceguera nos limita para conectarnos con nuestro entorno, pero estimula otros sentidos para no quedar aislados totalmente. Por ejemplo, al carecer del sentido de la vista, el sentido del oído se desarrolla para escuchar con mayor agilidad”.
Cristo, indicó, nos ha hecho pasar de las tinieblas del pecado a la luz de la fe, de la esclavitud a la dignidad de ser hijas e hijos de Dios.
“ En la noche oscura de los sentidos, espiritualmente podemos encontrarnos con nuestro yo, con el riesgo de sentirnos agobiados por la aridez espiritual, la falta de paz y la sensación de abandono de Dios para experimentar nuestra discapacidad para desprendernos de lo que nos ata a nuestros pecados”.
Esta oscuridad del alma y de la mente nos puede conducir hacia la desesperanza o darnos por vencidos en la búsqueda de encontrarnos con Dios.
“ Es aquí donde nuestro oído espiritual puede mantenernos en la esperanza de escuchar la voz del Señor. San Pablo nos recuerda que unidos al Señor somos luz viva, como hijos de la luz, y al vivir como hijos de la luz podemos producir frutos de la luz como son la bondad, la justicia y la verdad”.
Su mensaje nos invita también a buscar lo que es agradable al Señor, quien es la luz del mundo y evitar nuestra participación en las obras estériles de los que son tinieblas.
“ La bondad con los demás, es luz que anima la confianza en nuestra persona, en que podemos ser factor de cambio positivo en nuestros ambientes y que estimula a que nuestros semejantes sean también luz. La justicia en nuestros asuntos, ya sean económicos o profesionales, familiares o negocios, también es luz, al ser transparentes en nuestros tratos y dar cuentas claras de lo que hacemos”.
La justicia es luz cuando el trato entre nosotros reconoce la dignidad de cada persona y logramos que cada uno brille con luz propia, conforme a su condición de prójimo e hijo de Dios.
“ La verdad en nuestras palabras y publicaciones, de nuestros argumentos y sentencias es luz necesaria para mantener la confianza y, con el respeto debido, a tomar las decisiones convenientes para el bien del otro y de la comunidad”.
“ En apariencia, las obras malas, injustas y falsas producen un bien provisional que nos da cierta luz o respiro, pero la experiencia revela que son una ilusión que nos hunden en oscuridades mayores y nuestra condición ética se debilita y termina por pervertirse”, concluyó.
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