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Mamás de Saltillo: Comparte maternidad con vida profesional

  Por Redacción

Publicado el domingo, 10 de mayo del 2015 a las 14:00


Sara encontró una manera muy particular de trabajar sin descuidar a su niño

Lourdes de Koster / Edith Mendoza / Leticia Espinoza / Saltillo, Coah.- “Inhalamos profundo, abres tus brazos, unes las palmas de tus manos, los bajas exhalando lentamente, llevándolos hacia el corazón”, dice Sara al iniciar su clase de yoga, mientras su pequeño Bastian se sienta en su regazo y la música del lugar invita a la relajación.

Sara Ruiz Rodríguez llegó a Saltillo cuando Bastian nació. Ser madre le cambió la vida, decidió dejar su empleo como nutrióloga en hospitales de Guadalajara para venir con su esposo a esta ciudad.

Los primeros seis meses se entregó por entero a su pequeño, luego empezó a pensar de qué forma podía compartir su maternidad con su vida profesional y su pasión por el yoga.

“La maternidad es algo que dura muy poquito, van creciendo y se vuelven más independientes. Yo dije: ‘¿De qué manera puede funcionar para mí trabajar y poder estar con mi hijo, para no dejarlo en una guardería?’.

“En la parte de la consulta nutricional, yo hablo con mis pacientes, les digo que tengo un bebé. Llegan, los peso, los mido, les hago su plan de alimentación mientras el bebé juega; los pacientes que he tenido afortunadamente son muy conscientes”, cuenta.

Piensa que será mamá toda la vida; sin embargo, su hijo la necesitará de tiempo completo un par de años y esto tiene que ver con la lactancia. “Lo abrazas, lo observas, lo miras y es difícil generar una lactancia cuando te vas a trabajar ocho horas, a menos que tengas un banco de leche, pero vale la pena intentarlo. Yo encontré un plan B para no descuidar a Bastian, el yoga genera que te sientas feliz y la leche materna es la mejor alimentación porque contiene todas las defensas”, dice Sara.

Ninguna fórmula se acerca a lo que genera la leche materna, Bastian es un niño sano que únicamente se ha enfermado una vez de gripa, y aunque ya tiene un año, continúa amamantándolo. Por las mañanas y las noches el niño busca el pecho de su madre, y a lo largo del día, al menos unas cinco veces también.

“Le doy cuando él me pide, toma lechita y se vuelve a ir. Es una etapa muy importante porque muchos creen que ya es más grandecito, piensan: ‘Si ya camina, ya lo dejó de amamantar’, pero no, es en la etapa en que más se enferman porque empiezan con toda la parte oral, cuando se introducen todo a la boca, exploran y comen; la leche materna tiene esa protección que ayuda a que su sistema inmunológico esté más fuerte”, explica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda amamantar a los bebés hasta los 2 años, Sara piensa que el llamado “destete” es algo personal. “Para eso están diseñados los pechos, nuestro cuerpo está diseñado para crear vida y alimentar a esa vida que trajiste al mundo”.

Casi siempre usa una blusa bajo su ropa para cubrirse y sacar su pecho para no llamar la atención, aunque en realidad eso es lo que menos le importa.

“Le doy pecho donde sea, el pudor es cien por ciento cultural, no está mal ver espectaculares de mujeres casi desnudas, pero sí critican el hecho de que amamantemos a un bebé. Para mí las criticas no tienen sentido, al momento de darle de comer a un bebé estamos nutriéndolo, con eso evitamos obesidad y problemas en un futuro, entonces ¿qué importa más?, ¿qu e coma o lo que la gente piensa?, así de simple”, afirma convencida.

Mientras inicia su clase de yoga con mamás y sus bebés, Sara es capaz de amamantar a Bastian haciendo la posición de “flor de loto”, luego lo toma con su brazo equilibrando su cuerpo con los 12 kilos que ya pesa su niño, para avanzar a la posición de “árbol”. El pequeño no tiene dificultad para adaptarse al cuerpo de su madre, una mujer que empezó a practicar yoga cuando tenía 15 años y que ahora es instructora.

“Debes conocer la fisonomía del cuerpo humano, es un compromiso estar frente a un alumno, el hecho de que tengas que cuidar sus rodillas, la postura. Me enfoco en el yoga terapéutico para sanar cervicales, espalda baja, columna. En la parte de maternidad es disfrutar este momento, por eso iniciamos este proyecto que es nuevo: yoga de mamá con bebé” comenta.

CON SU CUERPO SALVÓ DE LAS LLAMAS A SU PEQUEÑA

Sus brazos no podrán columpiar a su hija. La cirugía plástica no le asegura recuperar la movilidad ni la estética en manos y piernas que presumía hace un año, cuando enfundada en una falda corta y blusa sin mangas celebró el 10 de mayo en casa de sus padres.

Lupita Fernández Mijares acababa de cumplir 32 años cuando con sus manos y espalda se protegió el vientre del “flamazo” que alcanzó sus extremidades, estando en el puesto de tacos que a diario instalaba con su esposo en la entrada de la colonia Parajes de Santa Elena.

“Pensé que me moría, tenía miedo por mi panza. Siento que la piel está achicharrada, las marcas me van a quedar para siempre. Gracias a Dios la libré… gracias a Dios que mi Sofía está aquí conmigo”, recuerda en la sala de su casa, mientras se acomoda a la bebé en el regazo para amamantarla.

Sofía Hashey se llama su hija, en quien pensó cuando las llamas que salieron de la estufa acabaron en un abrir y cerrar de ojos con el puesto con el que ella y su esposo José Ángel Medina mantenían a su familia.

“Mi vida cambió completamente porque al salir del Hospital General en Saltillo dependía totalmente de otras personas para bañarme, comer y alimentar a Sofía”.

El accidente la mantuvo en un área aislada desde el 22 de febrero. La Cruz Roja recibió el reporte alrededor de las 21:20 horas y atendieron la emergencia en la calle Santa Elena, donde estaba el puesto que atendía junto con su esposo José Ángel Medina.

Ella, con 7 meses de embarazo, nunca imaginó que su vida daría un vuelco y que tendría que proteger a su niña que venía en camino y por quien, asegura Lupita, estuvo dispuesta a dar la vida.

“Vi la flama y lo que hice fue encorvarme y tapar con las manos mi panza. En segundos la ropa me quedó adherida a las piernas y las manos tenían restos de la sudadera que llevaba. Me veía los brazos como salchichas dorándose, con ámpulas rojas, no me podía sostener porque los pies me ardieron”, recuerda mientras asegura que cualquier mamá habría hecho lo mismo con tal de que a su hijo o hija no le pasara nada.

Los paramédicos la envolvieron en material especial y la trasladaron al Hospital General de Saltillo. Ahí recuerda que las enfermeras no fueron muy buenas con ella. “Quiero que mi hija sea doctora, para poderle estirar las orejas cuando trate mal a la gente, a los pacientes”.

Dice que cuando sale a la calle no aguanta mucho rato en el sol. La gente se le queda viendo las piernas quemadas, arrugadas y enrojecidas.

“Una señora me preguntó en el supermercado que qué me había pasado. Pero no pienso dejar de usar mis vestidos o faldas cortas como antes. Debo demostrarme a mí misma que así me quiero, que estoy bien y que soy capaz de sacar adelante a mi familia”.

TODO ES POSIBLE: MARÍA EUGENIA

María Eugenia Sánchez ha demostrado que no hay límites para que las mujeres puedan crecer y desarrollarse en cualquiera de los ámbitos que propongan; ser exitosa en el terreno que fue construido por y para hombres, pero al mismo tiempo, al caer la tarde, ver cómo va el proyecto escolar de los niños y darles un beso de buenas noches.

La empresaria del sector industrial y hotelero reconoce que no es cosa fácil, y todavía menos en medio de la cultura que prevalece, en la que pocos han aprendido a compartir, y pese al sinuoso camino que todavía nos toca recorrer, es el mismo género el que más nos golpea.

Nacida en la capital del país, al poco tiempo de haberse casado eligió a esta tierra, que vio nacer también a su padre, como su casa. Entonces, de la mano de su esposo, inició sus labores como empresaria, en una firma de publicidad exterior, negocio al que dedicó 15 años.

Egresada de la Universidad Iberoamericana, de la carrera de Relaciones Industriales, comenzó su vida laboral desde los 17 años en campos relacionados con los recursos humanos, desarrollo organizacional, colaboró en un banco y tuvo sus inicios en publicidad.

Desde hace algunos años quedó viuda, tomando control del 100% de los negocios que había construido con su esposo, mismos que no sólo ha conservado, sino que han tenido un crecimiento muy importante.

Actualmente maneja la empresa Metalwork, dedicada a la manufactura, donde se desarrollan piezas automotrices y estampado para la industria automotriz y eléctrica. Además trabaja en el sector de comercio y servicios con El Mimbre y Casa Mexicana.

Como el ejemplo de María Eugenia, la mano de obra femenina pinta de rosa cada vez con más intensidad el sector industrial, ganando terreno en puestos importantes. De hecho, de acuerdo con las últimas cifras del INEGI, el 34.3% de los trabajadores en la industria manufacturera son mujeres, cifra que repunta a la par con las otras áreas productivas, pero todavía queda mucho por hacer en materia de instalación de infraestructura que facilite su preparación y el desarrollo de sus actividades productivas.

Por otro lado, Sánchez también lidera y forma parte de diversas asociaciones, ya sea de tintes empresariales como de beneficencia social. Así, es vicepresidenta de Coparmex, forma parte del Consejo Ciudadano, del Consejo de Nafinsa, presidenta de Cáritas, ha sido Rotaria y miembro de la Asociación de Hoteleros del Estado.

Pero ya no se trata sólo de deseos de realizarse profesionalmente. El trabajo de las mujeres en nuestra cultura se ha convertido en una necesidad por la situación económica, y los hijos deben adaptarse a estas nuevas tendencias.

“El trabajar muchas veces te lleva a ser más organizada. Acomodas los tiempos mejor; como mujer trabajadora considero que el tiempo que le dedicas a tus hijos es más de calidad que de cantidad”, reconoció, y es que “hay que buscar ser más productivo con tu tiempo y que lo aproveches”, subrayó la empresaria, madre de dos hijos (de 29 y 31 años), quienes le han dado dos nietos (uno de 3 años y otro de 5 meses).

“Me considero buena madre… les pueden preguntar a mis hijos… ahora ellos son trabajadores”, externó.

Habló de la importancia del equipo que hizo con su esposo, a quien describió como una persona muy visionaria, creativa, factores indispensables que ayudaron a construir su patrimonio. “Nos peleábamos mucho, pero éramos buen equipo”, dijo.

Bonanza automotriz

La empresaria también se suma a la ola de buenos pronósticos sobre el desempeño de la economía en función del sector de la manufactura automotriz que tiene lugar en el país, y sobre todo, por las inversiones y el auge en que está entrando esta región.

“Estamos en una ciudad donde estamos privilegiados con una industria automotriz muy fuerte que todos podemos aprovechar. La derrama económica fluye hacia todos los sectores”, dijo. Habló de la importancia de “aprovechar estos momentos para buscar mejorar y tener una economía más estable”.

FORMAN FAMILIA ESPECIAL

El viernes Lucía recibió un portarretrato como regalo del Día de las Madres. Se lo dio Bernardo, un chiquitín de 8 años que todos los días llega a casa abrazando a las dos mujeres que componen su hogar. Como desde hace tres años, él y Mariana, la pareja sentimental de su mamá, le tienen lista una sorpresa para festejar el 10 de mayo.

“Andan muy sospechosos, se dicen cosas como en clave, y yo me hago la desentendida. Ya sé que algo traman, algo me están preparando”, dice Lucía, una mujer de 26 años, mientras deposita el portarretrato en la repisa de su casa.

El niño la abraza desconfiado. “¿Quiénes son ellos?”, pregunta tímido. Sonríe, con la misma inocencia con la que trata a la pareja de su mamá, a quien tiernamente le dice “mamo”, no “mamá, ni papá”, Mariana es su “mamo”, la mujer que todos los días lo lleva a la escuela, y que lo devuelve a mediodía a casa, donde Lucía ya le tiene lista la comida.

Platica que vivió un noviazgo juvenil muy lindo, el cual concluyó en el matrimonio con el hombre con quien pensaba pasar el resto de sus días. La vida se encargó de desmentirla. Cuatro años después, de aquel nido poco quedaba, sólo el lazo por el que ambos intentaban salvar esa familia, su hijo Bernardo.

Pero no la libraron. Vino el divorcio y Lucía volvió a casa de sus padres. Para ese entonces ya convivía con Mariana, una mujer más de 10 años mayor que ella a quien consideraba su amiga incondicional, su confidente.

Con el tiempo, Lucía, que no sospechaba de la identidad sexual de Mariana, se descubrió a sí misma atraída por ese ser humano que todos los días le hacía sonreír y de quien, ahora lo sabe, se estaba enamorando.

“Yo nunca lo pensé, nunca me imaginé, pero como dicen, amor es amor, y se fue dando, simplemente”, comparte la entrevistada, quien asegura que antes de su actual pareja, nunca tuvo ningún tipo de atracción hacia personas de su mismo sexo.

“Yo se lo conté a mi mamá, ella es una gran mujer, y me comprendió. A mi papá le dije hasta después, porque mi madre me decía que esperara. Al final, él sólo me reprochó no haberle contado desde antes que mi pareja era una mujer, pero sólo eso. Sí fue difícil al principio, pero ahora ya no. Se lleva muy bien con Mariana, porque saben que me trata bien a mí y a mi hijo”, expresa la entrevistada.

Primero decidió irse a vivir ella sola con el niño. Pero luego de algunos meses de noviazgo, se fueron a vivir juntas, y tras realizar lo que ellas denominan una “ceremonia de luz”, se juraron amor eterno y pactaron su amor, manifestando, desde ese día, que eran un matrimonio, unido por algo más que un papel.

Desde entonces, Mariana se convirtió en quien trabaja para llevar el sustento a la casa, y se hace cargo de ellos dos como su más grande tesoro, y Lucía se queda en casa realizando las tareas del hogar. No creen en los roles de papá y mamá, sencillamente es como mejor se les acomodan las cosas; si fuera al revés no importaría.

Dice que la relación entre Mariana y su hijo siempre ha sido muy buena. Viven una relación de familia como cualquier otra, donde lo único que les preocupa es que en algún momento la sociedad mal intencionada le haga daño al pequeño con algún comentario hiriente, por la preferencia sexual de su mamá, sólo por ello no se muestra tan abiertamente.

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