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Redacción
Publicado el domingo, 15 de marzo del 2015 a las 15:01
CECILIA RIVAS | Saltillo.- Carmen Calvillo se sienta y comienza a realizar pacientemente el tejido de su último chal. Un nudo tras otro, ninguno simple, brota de sus manos sin dificultad alguna. Mientras el tejido fluye, ella se olvida por momentos de lo que sucede alrededor. Todo se limita a las finas figuras y los pequeños nudos.
En la Casa del Artesano, Carmen exhibe los collares y pulseras que hace con sus propias manos. El lugar está lleno de colores, de formas y figuras distintas. Los chales que hace con tejido de macramé tienen un lugar especial entre su trabajo.
“Siempre me gustó tejer con gancho, pero el macramé lo aprendí hace 15 años”, dice.
Carmen iba caminando por una calle del Centro la primera vez que vio a alguien tejiendo así. Le gustó la forma en que se hacían los detalles, las figuras con particular simetría, y no tardó mucho en unirse al grupo que estaba aprendiendo a tejer.
Luego de eso, se agregó a un grupo de artesanos saltillenses. Cada vez que había un evento al que asistiría gente foránea, el grupo de artesanos tendía sus puestos. La calle o la plaza en la cual se instalaban se llenaba de colores.
“Es algo triste darte cuenta de que la gente que realmente valora la artesanía local es aquella que viene de fuera. La gente de aquí no lo hace, te dice ‘ah, es hecho a mano’, como si eso le quitara valor en lugar de dárselo”.
Cada pieza que fabrica es una obra única. La secuencia de puntos, de tonos y figuras no puede repetirse. Además, da un sentido especial a cada trabajo que realiza.
Hace tres años su grupo se instaló en la Casa del Artesano. “Las fechas más bonitas son las de Navidad y Semana Santa. Entonces vienen muchas personas, el lugar se llena. La gente admira tu trabajo, lo reconoce como arte manual”.
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