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Redacción
Publicado el martes, 26 de mayo del 2015 a las 14:01
OMAR SOTO | Saltillo.- La Zona Centro de Saltillo es testigo del trabajo que día con día realizan menores de edad. Éste es el caso de Juan Florentino Atanasio, quien desde hace siete años trabaja vendiendo dulces en las calles.
Camina por la Plaza de Armas, lleva una bolsa de paletas en las manos pero no ha comido ninguna, no tiene el permiso de sus padres para hacerlo. Cada una de las paletas tiene un costo de 2 pesos y son para venderlas.
Juan Florentino tiene 12 años, aunque su aspecto refleja menos edad. Es originario de Querétaro, donde también trabajaba vendiendo paletas, chocolates y atendiendo las canastas que sus padres usan para vender dulces y cigarros.
Cuenta que la primera vez que salió a las calles a vender apenas tenía 5 años y que fue escasa la venta, pues le preocupaba más no perderse.
No tiene amigos, “no tengo tiempo para esas cosas, a mí lo que me importa es ganar dinero. La mera verdad no me di cuenta de en qué momento dejé de jugar”, platica, mientras deja en una banca la bolsa de dulces, saca las monedas que lleva en su bolsillo y después se pone a contarlas.
Desde que comenzó a trabajar en la calle las ganancias que obtiene por la venta de las paletas y dulces las divide en dos: la mitad para sus padres y la otra mitad para él; menciona que es un trato que tiene con ellos.
Juan dice que va a la escuela en las mañanas, pero al preguntarle cuál es el nombre de la institución y dónde queda se aprieta las manos como nervioso, contesta rápido “José Vasconcelos, no me acuerdo como se llama el lugar en donde queda”.
Su mirada refleja cansancio, lleva cinco horas trabajando bajo el sol. Tiempo después comienza a llover y se protege de la lluvia en el edificio de la Secretaría de Cultura.
Un hombre vestido de traje pasa junto a él. Le ofrece una paleta, “dos pesitos, don. Cómpreme una”. El hombre lo ignora. Juan dice que le pasa seguido, que por eso no les ofrece a las personas con corbata.
La lluvia cesa y Juan se despide diciendo “tengo que seguir vendiendo, porque después no termino de vender todas las paletas, ahí nos vemos”.
TRABAJO INFANTIL
Según estimaciones, en Coahuila trabajan 51 mil menores, de los cuales 17 mil tienen menos de 15 años, es decir, laboran ilegalmente.
Por lo general, los menores trabajan como recolectores en campos agrícolas, vendiendo dulces, en microempresas dedicadas a la producción industrial, en los cruceros ofreciendo varios productos y lavando coches.
“Casi siempre las microem-presas o empresas no registradas son las que recurren a la mano de obra infantil porque los dueños piensan que le hacen un bien al niño al darle trabajo. En el caso de los padres, a veces la situación económica de la familia los orilla a meter a los niños a trabajar para obtener más dinero”, comenta Tanya Castillón Meza, subsecretaria de Justicia Laboral.
Según datos oficiales otorgados por la Secretaría del Trabajo, las labores que arriesgan de manera significativa la integridad de la población infantil son principalmente las que se practican en los cruceros, pues en estos lugares los menores pueden sufrir alguna lesión a causa de un accidente vial o hasta ser atropellados.
Castillón Meza menciona que en Coahuila no se han presentado casos de trabajo infantil extremo como esclavitud, prostitución o pornografía y trabajo forzoso en conflictos armados.
“Con base en monitoreos e inspecciones llevados a cabo por el personal de nuestra dependencia, en Coahuila no se han presentado casos de trabajo infantil que atenten de una manera significativa a la integridad de los menores”, puntualiza.
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