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Coahuila

Manuel Villalongín  y Leona Vicario

Por Carlos Gaytán Dávila

Hace 3 años

Dos villas unidas en un solo Saltillo

 

Por encargo de Martín López de Ibarra, gobernador de la Nueva Vizcaya, el portugués Alberto Do Canto y Díaz Vieira, fundó lo que ahora se conoce como la capital del estado de Coahuila de Zaragoza, bajo el nombre de El Presidio del Ojo de Agua de Santiago del Saltillo.

Nombre que conservó hasta un poco después de la consumación total de la Independencia de México.

Una vez concluida esta la primera Revolución Mexicana, el Gobierno central ordenó que las dos villas de las que se componía la ciudad,  adoptaran nuevos nombres.

Así, la colonia española al oriente de la calle Allende, conocida como Santiago del Saltillo, recibió el hombre de Leona Vicario, heroína del movimiento independentista, quien nació en 1789 y murió en 1842. Es considerada una mujer revolucionaria, que se adelantó a las damas de su época y colaboró ampliamente con la insurgencia.

Y al pueblo de la Nueva Tlaxcala, al poniente de la misma calle Allende, rebautizado como Manuel Villalongín y Navarro, quien nació en Valladolid, España. Se unió al ejército rebelde comandado por Hidalgo y en un lapso relativamente corto alcanzó el grado de mariscal de campo, distinguido por inspirar valor en sus tropas y ser hábil al momento de mantener el frente de batalla.

Estos nombres tuvieron vigencia del 5 de noviembre de 1827 al 3 de marzo de 1834, pues por decreto del Congreso del Estado, ambas comunidades fueron unidas por un solo nombre: Saltillo y elevadas al rango de ciudad.

La población en aquel tiempo no llegaba a los 10 mil habitantes.

La misma historia nos indica que las autoridades dieron amplias facultades al capitán Francisco de Urdiñola para trasladar desde Tlaxcala a cerca de 400 personas, entre hombres y mujeres, solteros y casados para formar la famosa villa. 938 kilómetros a pie y en carretas recorrieron los aborígenes tlaxcaltecas, los soldados españoles y algunos religiosos para llegar a Saltillo, cargando con sus pertrechos, así como árboles frutales para trasplantar, semillas y una planta desconocida en el norte de México, el maguey, de donde se produce el pulque que aún le da renombre a la ciudad a nivel nacional e internacional por la elaboración del famoso  pan de pulque.

Los tlaxcaltecas fueron traídos estratégicamente para domeñar a los hombres bárbaros originarios de esta zona y a enseñarles a cultivar la tierra.

 

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