Espectáculos

Publicado el domingo, 28 de julio del 2013 a las 14:04
Saltillo.- Con la esencia de ese Saltillo tradicionalista, pero ajustándose al tiempo que le tocó vivir, María Concepción Recio Dávila es, en resumen, una distinguida dama, aunque saber que se refieran a ella de esa manera la abrume.
“Sería la cosa más hermosa del mundo llegar a viejita y que dijeran ‘es una persona fina, con modales, con buena su actitud ante la gente, ante la vida, ante su familia’, me encantaría, pero no tengo la autoridad moral para decir que lo sea. Para mí sería ideal ser alguien que pueda dejar esa imagen”, expresa a Zócalo durante la charla en la que confesó las cosas que llenan su vida.
Más allá de ser editora, catedrática, periodista y promotora cultural, Conchita, como la llama la mayoría, creció profesionalmente guiada por el historiador Javier Villarreal, figura que, según dice, ha jugado un papel determinante en su vida y aunque colabora con él desde hace 25 años, nunca ha sentido estar a su sombra.
“Siempre le reconoceré y le agradeceré. Será para mí muy importante el valiosísimo apoyo que recibí de él”. Amigo, consejero, pero sobre todo maestro, es como Conchita define a Villarreal, un hombre que la ha impulsado a hacer cosas como manejar un auto hasta comprar una casa.
VOCACIÓN POR LA ESCRITURA
Conchita estuvo en contacto con los libros desde muy pequeña gracias a su familia por línea paterna. A su padre le gustaba leer, y en 1978, a la muerte del tío Sergio, quien fuera un respetado cronista, parte de su biblioteca fue a parar a casa de los Recio Dávila.
“Yo me enfermaba mucho de niña, me quedaba semanas en la cama, entonces lo que hacía para no aburrirme era leer, todo el ‘Tesoro de la Juventud’ y todo lo que es literario de ahí (de la biblioteca) me lo sé”, relata.
Amante de la poesía de Ramón López Velarde, Xavier Villaurrutia y Manuel José Othón, entre otros autores, la coordinadora administrativa del Centro Cultural Vito Alessio Robles decidió estudiar Ciencias de la Comunicación por influencia de sus hermanos Luis y Carlos. Éste último fue quien más influyó en su decisión al contagiarla de su entusiasmo por el periodismo.
“A mí siempre me gustó escribir, desde los 14 años escribí un diario, que ahorita sigo escribiendo aunque lo hago cada mes, cada dos, ya no a diario, pero eso fue lo que me hizo decidirme por entrar a Comunicación”.
En su tercer año de carrera es cuando, con la necesidad de realizar su servicio social, en enero de 1988 se da la oportunidad de entrar al entonces Instituto Estatal de Bellas Artes que presidía Villarreal, quien la invitó a quedarse a laborar formalmente como Coordinadora de Eventos. Años después se iría con él a la Comisión Estatal de Derechos Humanos, y tras involucrarse en la creación del proyecto periodístico “Espacio 4”, en 1999 llega al Cecuvar.
En cuanto a su rol como docente de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, todo empezó en 1994, cuando su hermano Carlos, entonces director, la invita a impartir la materia de Guión, de la cual, reconoce, tenía poco conocimiento, y años más tarde, el comunicador José Mena le pide que lo sustituya como profesor en una materia de periodismo, por lo que fue algo que disfrutó tanto y que le concedería la titularidad de la materia de Reportaje.
MUJER REALIZADA
Hablar de su rol de mamá toca sus fibras más íntimas y recordar el proceso de traer a la vida a su primogénito David la conmueve hasta las lágrimas.
“Es lo más maravilloso que he tenido en toda mi vida. Es el día, el momento, la hora más linda, un 26 de julio a las 9:01 de la mañana cuando nació David”, confiesa con la voz quebrada.
Para ella el pequeño llegó en el momento adecuado aunque a veces le hubiera gustado ser más joven porque siente que es difícil aguantarle el ritmo, sin embargo, asegura que todo valió la pena, incluso lo duro que fue la gestación, una etapa que puso en riesgo la consolidación de convertirse en madre.
“Ver a David llorando (al nacer) es de toda mi vida, uno de los mejores momentos, bueno aparte de todos los momentos con mi mamá, pero verlo a él, escuchar cuanto pesó y midió y que el doctor dijo ‘excelente’ fue maravilloso. David es lo más importante de mi vida, sin duda alguna”, enfatiza la periodista y escritora.
Autora de un compendio de Leyendas, seis volúmenes de “Nuestra Gente”, con entrevistas a personajes de la localidad, y el libro “Saltillo en la Revolución”, Recio Dávila se encariñó con la historia, aunque reconoce que su pasión es la literatura, sobre todo la que entremezcla realidad y ficción. Truman Capote es uno de sus autores favoritos, lo mismo que el nobel Gabriel García Márquez.
De ser mujer lo que más le gusta es haber tenido el don de ser madre y tener gran sensibilidad, y el ser saltillense para ella es una fortuna pues aprendió a amar la ciudad por su padre.
“Adoro Saltillo, pero también lo conozco y hay cosas que me gustan mucho y otras que no. Me parece una ciudad muy llena de historia, de cosas qué contar, me gusta mucho la parte del centro, ahí nací y crecí”, dice.
Acorde a su tiempo, Conchita es fiel a su educación y a los valores que por años le fueron inculcados en los colegios católicos a los que asistió, actitud que se enriqueció con su llegada a una escuela universitaria que le abrió los ojos a un mundo, que, aunque confrontativo, supo hacer suyo para enriquecer su visión de la vida, lo que hoy la hace ser la mujer que es.
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