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ESPN
Publicado el lunes, 29 de diciembre del 2025 a las 14:04
Ciudad de México.- Cuando un Mundial se define por apenas dos puntos después de 24 Grandes Premios (seis con sprint) es imposible no realizar una mirada retrospectiva para intentar encontrar en qué momento de la temporada se perdió ese par de unidades. Y, claro, aparecen momentos para marcar. ¿Habrá sido por aquel golpe de Kimi Antonelli en la tercera curva de la primera vuelta de Austria? ¿Será por esa sanción de Barcelona, cuando perdió la cabeza con George Russell? ¿Tal vez fue el trompo que hizo solito en el relanzamiento de Gran Bretaña? La diferencia puede haber estado ahí, pero nada cambiara el enorme torneo que realizó Max Verstappen. Su abdicación como rey de Fórmula 1 fue entregando todo.
El neerlandés finalizó como el piloto más ganador del año (ocho) y llegó hasta la última fecha con chances de enhebrar su quinta corona cuando parecía que la batalla estaba completamente perdida. Finalizada la 15ª fecha, GP de Países Bajos, Verstappen estaba a 104 puntos de Oscar Piastri, el líder tras la visita a Zandvoort. El Mundial estaba terminado. Sin embargo, el sprint final del tetracampeón fue impactante. Después del parón de las vacaciones del verano boreal no se bajó del podio, logró seis triunfos y llegó a Abu Dhabi con la chance de su quinta corona.
La remontada lejos estuvo de ser casual. Red Bull vivía un clima interno espeso desde octubre de 2022. Fue cuando murió Dietrich Mateschitz, el hombre que manejaba todo en la compañía de las bebidas energizantes y había delegado el poder de la escudería en un triunvirato de hierro: Adrian Newey, Christian Horner y Helmut Marko. El gurú inglés, el creador de los chasis exitosos de los toros rojos, se bajó del barco en mayo de 2024. El inglés, desde su puesto de director, había convertido en el dueño del poder absoluto y se generaron rencillas fuertes, especialmente con Marko, amigo personal de Mateschitz, asesor deportivo de la escudería y el hombre que manejaba el programa de desarrollo de pilotos.
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— Oracle Red Bull Racing (@redbullracing) December 29, 2025
Newey salió espantado del teje y maneje de Milton Keynes. Los accionistas tailandeses comenzaron a tener más influencia sin Dietrich y empezaron ver de reojo el status de todo poderoso de Horner. En el medio de todo eso, Red Bull encaró la primera parte del Mundial 2025. El RB21 nació complicado, con problemas en la correlación entre los datos que salían del túnel de viento y el rendimiento en la pista. El chasis de Red Bull respondía bien en circuitos veloces, de curvas rápidas y de poca carga aerodinámica. Pero al llegar a lugares de variantes de media y baja velocidad, sufría de subviraje y sobreviraje y el sobrecalentamiento de los neumáticos (con la degradación que genera) lo dejaban lejos. La falta de equilibrio por un paquete aerodinámico que no se adecuaba a las pistas de ese estilo complicaron a Max, quien, de todas formas, sacaba agua de las piedras para mantenerse en la zona de puntos.
🚨 Max Verstappen has been voted as the Driver of the Year by all team principals
Norris slots in second, with Piastri in third. pic.twitter.com/USp4GjhU7k
— RBR Daily (@RBR_Daily) December 29, 2025
Las cosas en Red Bull vivieron un giro inesperado cuando tras el GP de Gran Bretaña Horner fue despedido. Era necesario un golpe de timón para tratar de reflotar un equipo que se hundía en sus propias internas. El clan Verstappen (con papá Jos incluido) y Marko por un lado, Horner, por el otro, los tailandeses… Era mucho. Eyectado el único director que había tenido el team en sus 20 años de existencia, los popes de la compañía promovieron para el cargo a Laurent Mekies, quien dirigía a Racing Bulls.
El francés llegó con misiones claras: seducir a Verstappen para que eliminara de su cabeza la ida de irse (el coqueteo con Mercedes fue intenso), rescatar la temporada de Red Bull y aquietar las aguas en Milton Keynes. Y Mekies, con pasado en Ferrari, logró todo. Max confirmó que seguirá en 2027, impulsó un paquete de mejoras en el RB21 (es ingeniero con enormes conocimientos técnicos) y la paz volvió en Red Bull. En Monza, el equipo estrenó un nuevo fondo en el auto y se mejoró notablemente el paquete aerodinámico. Y Verstappen empezó la remontada.
No le alcanzó, finalmente, pero cerró la temporada con ocho éxitos y demostró ser el mejor piloto de la parrilla. Nada ni nadie le quitará mérito a Lando Norris por el título que consiguió con McLaren, pero el neerlandés brilló, especialmente en la parte final del año y dejó su imagen impoluta. Cuando un Mundial se pierde por dos puntos siempre hay algún lugar para buscar causas. A las ya mencionadas hay que apuntar una también importante: Max corrió solo en Red Bull. Tuvo a Liam Lawson de compañero en las dos primeras citas y a Yuki Tsunoda en las 22 restantes. El japonés apenas anotó 30 puntos y nunca logró meterse en la pelea arriba como para hacer fuerza contra el tándem de Woking.
Verstappen cedió la corona, pero no el trono, justo en el cierre de una era en Fórmula 1. En 2026 llegará la nueva normativa técnica que modificará los autos y los motores. Nadie sabe a ciencia cierta en qué lugar estará cada equipo. Si Red Bull logra construir un auto y un motor competitivos, nadie duda que el neerlandés irá otra vez por el 1.
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