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Grupo Zócalo
Publicado el jueves, 1 de octubre del 2026 a las 18:21
Ciudad de México.- “No porque sea poco va a ser menos dañino”. Esa fue una de las principales conclusiones que sorprendieron a los estudiantes mexicanos que investigaron los efectos del ketorolaco en moscas de la fruta.
El equipo esperaba encontrar más alteraciones conforme aumentara la concentración del medicamento, pero ocurrió lo contrario: la menor concentración analizada presentó más cambios que algunas dosis superiores.
El resultado forma parte del proyecto “Efectos del ketorolaco en el modelo de Drosophila melanogaster”, desarrollado por estudiantes del Centro Universitario México con apoyo del Laboratorio de Genética, Evolución y Educación de la Facultad de Ciencias de la UNAM. El trabajo fue presentado en competencias científicas nacionales y posteriormente obtuvo una acreditación internacional.
Para realizar el experimento, los jóvenes utilizaron Drosophila melanogaster, conocida como mosca de la fruta, y aplicaron la prueba SMART para observar posibles alteraciones genéticas a través de cambios en las alas de los insectos.
Después de analizar tres concentraciones, encontraron que la menor cantidad de ketorolaco produjo el mayor número de alteraciones.
La profesora Laura Ivonne Herrera explicó que el resultado fue contrario a la hipótesis inicial del equipo: a mayor concentración del medicamento, las alteraciones disminuyeron, mientras que con una concentración menor aumentaron.
Para Leonardo Luna, integrante del proyecto, el hallazgo deja una lección importante: no siempre una menor cantidad de una sustancia significa un menor efecto.
No. Los propios investigadores señalan que sus resultados corresponden al modelo experimental utilizado y no permiten afirmar que el ketorolaco produzca los mismos efectos en seres humanos.
El estudio sí identificó un posible efecto genotóxico que, de acuerdo con los jóvenes, merece ser investigado con modelos más cercanos al ser humano. Entre sus planes se encuentra continuar el trabajo con otros organismos para determinar si los resultados se mantienen.
Por ello, el hallazgo no demuestra que el ketorolaco cause cáncer en personas, ni permite establecer que una dosis baja sea más dañina para los pacientes.
Lo que sorprendió a los estudiantes fue algo más concreto: en sus moscas de laboratorio, la relación no fue la esperada; menos concentración no significó menos alteraciones.
Y justamente ese resultado inesperado es el que ahora buscan estudiar con mayor profundidad.
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