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Por
Isabel Ortega
Publicado el domingo, 25 de enero del 2015 a las 16:00
Saltillo, Coah.- El Mercado Juárez mantiene el último aliento del comercio tradicional en Saltillo que vislumbró sus primeros pasos hace cuatro siglos, y que hoy sobrevive a duras penas en una desequilibrada competencia ante la instalación de grandes cadenas y la falta de afluencia de clientes.
INICIOS
Donde actualmente se ubican diversas zapaterías, la zona de bares, un estacionamiento, el Teatro García Carrillo, la Plaza Manuel Acuña y Mercado Juárez, entre las calles Ocampo y Pérez Treviño, solía ser un amplio y casi deshabitado terreno que semejaba bien la atmósfera desierta del norte para los recién llegados españoles y tlaxcaltecas en el siglo 16, quienes colocaron las primeras lonas y tendajos que albergarían los primeros mercados e intercambios comerciales.
El historiador y director de la Escuela de Ciencias Sociales, Carlos Recio Dávila, señaló que sería en los siguientes dos siglos que las comercializaciones y ventas florecieran en la realización de la feria de la región, durante la época del Virreinato, misma que convirtió a Saltillo en puntero junto a Chihuahua y Xalapa, ciudades que destacaban por esta práctica a nivel nacional.
“Era una feria muy próspera, antes el mercado era en la plaza entre los meses de septiembre y octubre, que destacó en el siglo 18”.
Fue en el siglo 19 que poco a poco el gran terreno se fue seccionando, primero con la creación del Parián, que concentraba todo el movimiento mercantil en un espacio cerrado, donde hoy se ubica Bancomer en la calle Victoria, para luego edificar el Teatro Acuña (actualmente Teatro García Carrillo) y posteriormente cerrar el Parián para construir un mercado que albergara la actividad comercial.
En 1902, donde hubiera antes una plaza de toros, se inauguró el Mercado Juárez, construido con uno de los materiales más modernos para su época, el ladrillo en vez del adobe, hecho con un sólo nivel y con columnas de fierro.
Tras tres incendios y dos remodelaciones, actualmente el mercado ha perdido la afluencia y la fuerza comercial que vislumbró en sus primeros años, pero permanece gracias al trabajo y constancia de sus vendedores, así como la costumbre y tradición de sus clientes.
Hoy son ya sordos los ecos de las primeras vendimias y se apaga paulatinamente en la memoria de los saltillenses el recuerdo de un mercado vivo, aquí donde latía el corazón del comercio en los inicios de esta ciudad.
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