Espectáculos

Publicado el miércoles, 25 de marzo del 2026 a las 17:19
Ciudad de México.- Una nueva señal de alarma recorre la industria de la moda. En los últimos meses, diversas figuras públicas han mostrado una imagen que evoca estándares estéticos que se creían superados. La reciente aparición de Demi Moore en los premios Oscar y la estética observada en las pasarelas de la Fashion Week a principios de marzo han encendido el debate en redes sociales: ¿está regresando la cultura de la delgadez extrema?
El auge de fármacos como el Ozempic ha intensificado esta preocupación, alimentando una dismorfia corporal que afecta mayoritariamente a las mujeres. Este fenómeno amenaza con revivir tendencias de los años 2000, cuando figuras como Christina Aguilera o Britney Spears personificaban un estándar de belleza basado en la fragilidad física; un modelo que fue perdiendo terreno gracias a años de campañas de concienciación sobre los trastornos alimenticios y el fortalecimiento de la autoestima.
La industria del modelaje siempre ha caminado sobre el filo de la polémica debido a sus rígidos cánones. Aunque en la última década los diseñadores comenzaron a adaptar sus obras a cuerpos más diversos y reales, las tendencias actuales sugieren un posible retroceso.
En medio de este contexto, el rodaje de la esperada secuela de El diablo viste a la moda se ha convertido en un bastión de resistencia. En una reciente entrevista con la revista Harper’s Bazaar, Meryl Streep compartió su perspectiva sobre los cambios en el set y destacó la valiente intervención de su compañera, Anne Hathaway, respecto al casting de la película.
La ganadora del Oscar reveló que su colega consciente del impacto social del filme, solicitó formalmente a la producción evitar la contratación de modelos con extrema delgadez. El objetivo es claro: evitar que la secuela envíe un mensaje equivocado a una sociedad que hoy vuelve a enfrentarse a la presión por la pérdida de peso acelerada.
Meryl Streep relató así el momento:
“Me sorprendió lo guapas y jóvenes que estaban las modelos [en la Semana de la Moda de Milán] —¡todo el mundo me parece joven!—, pero también lo alarmantemente delgadas que estaban. Creía que ese problema ya se había solucionado hacía años. Annie también se dio cuenta y fue directamente a hablar con los productores, consiguiendo que le prometieran que las modelos del desfile que estábamos preparando para nuestra película no estarían tan esqueléticas. ¡Es una mujer de armas tomar!”.
Con este acuerdo, ambas actrices no solo protegen la integridad de la producción, sino que lanzan un mensaje contundente a Hollywood: la moda puede ser icónica sin necesidad de poner en riesgo la salud y la percepción corporal de las nuevas generaciones.
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