Nacional
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AP
Publicado el martes, 19 de mayo del 2009 a las 14:00
Virginia Beach.- Santos Domínguez no piensa que se va a morir. Después de todo, tiene apenas 28 años y su trabajo como mozo en el restaurante Guadalajara Mexican de Virginia Beach no conlleva realmente muchos riesgos.
Pero si la muerte lo sorprende, sabe dónde quiere ser enterrado: en México, donde se encuentra su familia. “Ellos querrían tener mi cadáver. Sé que ese sería el deseo de mi madre”.
Razones familiares, culturales y el amor por su patria impulsan a los mexicanos que emigraron a Estados Unidos a regresar a su tierra para el descanso eterno.
“La mayoría de los inmigrantes están aquí por razones económicas y muchos quieren regresar algún día, aunque sea en un ataúd”, expresó Janice Sigala, quien hace de enlace con la comunidad hispana de la Iglesia Católica San Gregorio el Grande. “Conocí una familia que se llevó de regreso a un joven que había vivido la mayor parte de su vida aquí y que casi ni se acordaba de México”.
México es el principal destino de los cadáveres repatriados por la funeraria Altmeyer de Virginia Beach, según Chris Sisler, gerente de la firma. “Nacieron y se criaron allí, y quieren regresar a su patria”, expresó Sisler aludiendo a sus clientes mexicanos.
Sisler dijo que la funeraria de Virginia Beach repatría un promedio de 10 a 12 cadáveres al año a México. Trabaja con sus familiares para satisfacer todos los requisitos burocráticos. Los cuerpos deben ser embalsamados para cumplir con las exigencias de las aerolíneas.
El apego de los mexicanos a su tierra, incluso en la muerte, es tan fuerte que la canción “México Lindo y Querido” es como un himno nacional, indicó José González, un uruguayo que enseña en la Universidad Regent.
González recordó que la letra de la canción dice: “México lindo y querido, si muero lejos de ti, que digan que estoy dormido y que me traigan aquí”.
Beatriz Amberman, líder comunitaria mexicana, señaló que la “Canción mixteca” también emociona a los mexicanos que trabajan en el exterior.
Cuando escuchan que “Qué lejos estoy del suelo donde he nacido… Al verme tan solo y triste, quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento”, los expatriados mexicanos generalmente se ponen a cantar o a llorar, según Amberman. “Se ponen nostálgicos por más que tengan amigos en Estados Unidos”, señaló.
Igual que tantos mexicanos, Domínguez dijo que ser enterrado en México permitiría a sus familiares visitar su tumba. Su madre vive a una cuadra del cementerio de su pueblo.
Domínguez expresó que su familia repatrió hace años a un primo que falleció en un accidente automovilístico.
Y él quisiera también se enviado de vuelta a su patria. “Pero no puedo hacer nada si deciden que me quede aquí porque no tienen dinero para repatriarme”.
El costo es el gran inconveniente. Martín Javier Solís, otro mesero mexicano del Guadalajara, de 43 años, dijo que oyó que el servicio fúnebre, el traslado aéreo y otros gastos de transporte pueden totalizar 10 mil dólares, una cifra inalcanzable para los familiares.
Por ello es común que amigos y vecinos aporten dinero.
En Jessy’s, un negocio mexicano de Norfolk, el gerente Jorge Romero dijo que cuando algún mexicano muere repentinamente, coloca cajas para recibir donaciones para la familia.
“Todas las cajas se llenan de dinero”, manifestó.
La misma generosidad se observa en San Gregorio, que también recauda dinero para repatriaciones de cadáveres.
Sigala dijo que los hispanos generalmente no aportan demasiado cuando se pasa el plato durante las misas, pues piensan que la Iglesia recibe apoyo del Gobierno, como en muchos países latinoamericanos.
Pero cuando hay un funeral o se quiere enviar un cadáver a México, “todo el mundo aporta de inmediato”, añadió.
El Consulado mexicano a veces ayuda a que las familias envíen cadáveres a México. Sisler indicó que su funeraria ofrece descuentos cuando hay repatriaciones.
Sigala dijo que la mayoría de las personas quieren repatriar el cadáver entero, pero que muchos envían las cenizas para reducir costos.
“Si uno no tiene el dinero, lo mejor es cremarlo”, expresó.
Por más que esté casado y tenga cuatro hijas en Estados Unidos, Solís no concibe ser enterrado fuera de México. “Esa es mi cultura, mi familia se encuentra en México, mis hermanos y hermanas”.
No obstante, hay quienes están dispuestos a ser enterrados en Estados Unidos.
Romero dijo que era un adolescente cuando murió su madre y fue repatriada a México.
Pero él vive en Hampton Roads con su esposa Brenda y muchos tíos y primos viven en Estados Unidos. Afirma que probablemente él sea enterrado aquí.
“Dado que la mayor parte de mi familia está aquí, esa sería la solución más inmediata: que me entierren aquí, donde me pueden tener cerca, sin necesidad de ir a México para ponerme unas flores”, manifestó.
JANICE SIGALA
» Enlace con la comunidad hispana de la Iglesia católica San Gregorio el Grande.
» 10 mil dólares puede llegar a ser el gasto de servicio fúnebre, el traslado aéreo y otros gastos de transporte.
NOSTALGIA
» Beatriz Amberman, líder comunitaria mexicana, señaló que la “Canción mixteca” también emociona a los mexicanos que trabajan en el exterior.
» Cuando escuchan que “Qué lejos estoy del suelo donde he nacido… Al verme tan solo y triste, quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento”, los expatriados mexicanos generalmente se ponen a cantar o a llorar, según Amberman. “Se ponen nostálgicos por más que tengan amigos en Estados Unidos”, señaló.
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