Nacional

Publicado el domingo, 2 de abril del 2023 a las 11:55
Ciudad Juárez, Chih.- Esta ciudad fronteriza sigue desbordada de migrantes, quienes salen a las calles a limpiar parabrisas, vender dulces o pedir dinero a conductores para subsistir mientras esperan a que autoridades de Estados Unidos autoricen su ingreso.
Los extranjeros, muchos de ellos venezolanos, se colocan en cruceros para obtener unas monedas que les permitan alimentarse y pagar un alojamiento, e incluso guardar un poco para enviar a sus familiares que se quedaron en su país, del que salieron por la precaria situación económica y la violencia. En Bulevar Bernardo Norzagaray y la Avenida Heroico Colegio Militar, o cerca del centro, en la Avenida 16 se Septiembre, se observa a hombres con un limpiador listo o un cartel con un escrito pidiendo ayudan.
También se observan madres y padres con sus hijos en brazos, caminando o en carriolas, solicitando ayuda económica.
Desde octubre de 2022, cuando Estados Unidos, aplicando el Título 42, restringió el acceso vía terrestre a los venezolanos, un gran número quedó varado, sin documentos como su pasaporte, ya sea porque no tenían o lo perdieron en su larga travesía.
La noche del lunes 27 de marzo, casi 40 migrantes murieron luego de un incendio en la estación provisional del Instituto Nacional de Migración (INM) ubicada junto al Puente Internacional Lerdo-Stanton.
Varios de los fallecidos eran extranjeros que habían sido detenidos en la vía pública cuando limpiaban vidrios o pedían apoyo y trasladados a las instalaciones del INM.
Otros que también fuero retenidos, según testimonios, sólo estaban cargando sus celulares en quioscos públicos.
La Alcaldía había solicitado semanas atrás al INM, luego de la irrupción de migrantes en el Puente Internacional Paso del Norte el 12 de marzo, que los retiraran de los cruceros porque había quejas de molestias y acoso a la ciudadanía. Robinson Campos, un venezolano de 22 años, va por las mañanas a un crucero del Bulevar Bernardo Norzagaray, paralelo al río Bravo, a vender chocolates, su única forma de emplearse y ganar dinero.
Los migrantes afirman que la Policía municipal los ha corrido de los cruceros, por lo que tratan de permanecer por momentos, para evitar problemas.
“ Nosotros pagamos a diario el hotel, la comida, y eso, y por eso es que nos toca salir a la calle a vender chocolatina, lo que sea para buscar la moneda”, comenta Campos.
“ Por lo menos a nosotros nos han ofrecido trabajo acá y nos han dejado embarcados, muchas personas no nos vienen a buscar y ya no confiamos ni siquiera en nadie”.
El Secretario General de Gobierno de Chihuahua, Santiago de la Peña, estima que en Ciudad Juárez hay unos 30 mil migrantes de distintas nacionalidades.
Constantemente se observa a grupos de migrantes recorriendo el bordo del río Bravo para entregarse a la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos y así iniciar el proceso de petición de asilo.
Sin embargo, en el caso de los venezolanos, son devueltos rápidamente a México porque deben registrarse en la aplicación CBPOne, la cual, de acuerdo con los mismos migrantes, presenta errores y les impide concluir la solicitud.
Mientras las autoridades estadounidenses no les resuelven, los migrantes deben salir a las calles a trabajar o a pedir dinero.
“ A mí me toca pagar hotel, comprar alimento de mis hijos”, comenta Joselyn Hernández, una venezolana de 26 años, quien se lleva al crucero a su hija más pequeña, de tan sólo 2 años.
Tiene otros dos hijos, de 5 y 10 años, pero los deja encargados con una persona, a quien le paga por cuidarlos.
“ Y por eso no puedo dejar a la niña porque es más plata la que pago -ya le paga 50 pesos a una mujer mexicana-“. “Depende cómo me vaya, ella también me ayuda y tengo que darle algo”, refirió quien luego de meses llegó a Ciudad Juárez en enero junto con sus hijos y un hermano, Yonder Hernández, de 28 y quien también sale a los cruceros a vender dulces.
Por una habitación que rentan ambos en un hotel del centro, pagan 420 pesos por día, y de acuerdo con Yonder, cuando llegaron a la ciudad buscaron alojamiento en albergues, pero estaban colapsados.
“ Fuimos a un albergue y no nos aceptaron porque estaba demasiado lleno”, asegura.
Los entrevistados buscan ingresar a Estados Unidos de manera legal, por lo cual han optado por esperar en esta ciudad fronteriza hospedándose en hoteles.
“ Queremos pasar legal pa´allá”, afirma Campos, quien dejó su país en septiembre de 2022. “Cuando pusieron la restricción, nosotros estábamos en la selva del Darién”.
El sudamericano, quien renta un cuarto por 300 pesos diarios, aclara que en su caso no piden dinero nada más, sino que venden los dulces, aunque hay ocasiones en que la misma gente les da dinero y no toman el producto.
Comentan que en marzo, tras la irrupción de cientos de migrantes en el Paso del Norte, se complicó el trabajo en los cruceros. “Primero trabajábamos en el otro semáforo”, dice Campos apuntando al área donde solían instalarse. Pero decidieron cambiarse porque los policías municipales les dijeron que se retiraran como porque ya eran muchos migrantes en el mismo punto y porque al ser tantos era menor el ingreso.
“ No tenemos horario porque la Policía nos corre. De allá nos quitaron”, afirma una mujer que vende dulces.
“ Tuvimos que buscar lugares donde sí nos puedan colaborar, donde pueda vender uno chocolates”, agrega Campos.
Yonder asegura que le gustaría trabajar en algo diferente, y lo que hace ahora es por necesidad.
“ No es que a uno le guste hacer esto, a mí no me gusta hacer esto, sino que ¿qué voy a hacer? No voy a hacer cosas malas”, asevera. Los chocolates y paletas, “chupetas” como ellos las llaman, los venden en 5 pesos o tres por 10 pesos.
Los migrantes dicen estar agradecidos con la comunidad fronteriza por el apoyo que les han dado luego de haber salido de su país por la situación económica que enfrenta.
Al mismo crucero también se dirige Junior Fuentes, de 21 años, un colombiano que luego de entregarse a las autoridades de Estados Unidos se quedó sin nada, por lo que ha tenido que pedir dinero para lo cual porta un cartón con un mensaje, que también usa para dormir en la vía pública.
“ Todos los días llegamos migrantes, todos los días ya no somos 10, ya son 20, todos los días llega gente”, reflexiona.
“ La Migración ya no lo quiere dejar trabajar a uno en los semáforos, la Policía lo corre a uno. Uno es gente migrante, uno está por aquí de paso”.
Al igual que una gran cantidad de extranjeros, Junior llegó en el tren carguero hasta Ciudad Juárez.
“ A mí me gusta trabajar, pero estoy pidiendo por necesidad”, aclara el joven que se quedó sin nada desde la última vez que lo devolvieron a Chiapas. “Dios los bendiga. Buenas tardes my gente, soy emigrante colombiano estoy de paso. Necesito de su apoyo de corazón para poder seguir my camino. Dios los bendiga. Con Dios todo, sin él nada”, se lee en el cartón que Junior muestra a los automovilistas.
Notas Relacionadas
Más sobre esta sección Más en Nacional
Hace 1 hora
Hace 1 hora
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 2 horas
Hace 3 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 4 horas
Hace 5 horas