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Paola A. Praga
Publicado el miércoles, 30 de julio del 2008 a las 14:00
Saltillo, Coah.- Sentados bajo el puente Mixcoac, en la Cuadra Colorada, se protegen del sol. Esperan a que den las 11:00 para subirse al tren y retomar la aventura.
Un día antes de que un migrante muriera destrozado por el tren, a unos cuantos metros del trágico lugar Zócalo entrevistó a dos hondureños.
Con 22 años, Nelson Javier Carvajal todavía sueña con lograr llegar a los Estados Unidos. Dice que es la primera vez que lo intenta y, aunque el camino pinta difícil, no se va a “rajar”.
“Dejé todo allá en Honduras. Bueno, mi esposa ya está en Houston, pero ella sí tuvo para pagar un ‘pollero’ y ya está del otro lado. Yo le dije, le prometí que iba a alcanzarla”, platica con la mirada perdida.
Se acompaña de Francisco López. “Yo ya es como la cuarta vez que intento irme para el otro lado. Me deportaron una vez, me esperé unos años y otra vez lo intento porque allá en mi país no hay nada”, dice sonriendo.
Los peligros son ya sabidos. Cada día decenas de migrantes llegan a Saltillo saltando de los vagones del tren. Se ubican en distintos puntos para descansar o preguntar hacia dónde se dirigen. La mayoría de las veces para pedir un plato de comida o un vaso de agua.
“Yo ni siquiera sabía para dónde iba. Salí de Tenoxique, crucé en lancha pa’ Mérida y me fui a Orizaba a agarrar el tren. No sé ni cómo llegué aquí, pero sé que ya estoy más cerca de llegar pal otro lado, pero me voy acercando y me da más miedo la Migra, no quiero que me regresen”, dice Nelson.
En Veracruz se encontraron, se reconocieron, eran vecinos, vivían en la misma cuadra en su país. Decidieron ser compañeros en la aventura, junto con tres hondureños más. No todos lograron llegar a Coahuila. Algunos se toparon con la muerte antes de cruzar la última frontera.
“A uno de los que venía con nosotros le cortó la cabeza el tren. Nosotros vimos cuando no pudo agacharse y el cable que estaba en una vía lo degolló, fue muy triste ni siquiera pudimos decirle nada, sucedió en un momento, el tren iba fuerte”, recuerda Francisco, agachando la cabeza.
Un cartón les sirve de asiento, dos mochilas de almohada y la fuerza para llegar a los Estados Unidos para sobrevivir.
No pierden la esperanza, a pesar de que en el trayecto se han encontrado con numerosos obstáculos.
Aseguran que en México no han sufrido ningún maltrato por parte de autoridades.
Francisco recuerda que en su segundo intento, al llegar a Ciudad Acuña, lo golpearon unos policías porque no les quiso dar el dinero que traía en la bolsa, pero confía en que esta vez no se repita la historia.
En sus mochilas guardan una chamarra y el cansancio, porque “si pienso en que ya estoy cansado me pongo triste, pienso en mi familia y en lo que me pasa, así que mejor el miedo y el cansancio lo dejo ahí en el camino, me estorba”, dice Francisco, que acaba de alcanzar los 30 años.
Para Nelson es diferente. Él viaja atemorizado desde Orizaba, dice que siente que son muchos peligros a los que están expuestos. No es para menos, al pasar por San Luis Potosí fue golpeado por un par de pandilleros que estaban drogados. “No andaban buenos, olían a resistol, me agarraron y me dijeron insultos porque les dije que era migrante”.
El sol cada vez cala más en el rostro, se ponen de pie. Nelson dice a Francisco: “Ya vámonos, ya no hables más, ya van a ser las 11:00, ya va a pasar el tren”.
Ruta de peligro
» La Casa del Migrante reporta entre 50 y 60 migrantes que diariamente llegan y salen rumbo a Estados Unidos.
» David, Delmer, Carlos Elvin, Rolando, Ismael, Omar, son algunos de los nombres de indocumentados que han muerto en Saltillo al intentar llegar a la frontera norte.En la colonia La Esperanza, al sur de Saltillo, Delmer Alexander Pacheco Barahona y David, también conocido como “El Moreno”, fueron acribillados por militares en mayo de 2002.
» Tras el incidente, uno de los soldados se declaró enfermo mental, por lo que ni siquiera pisó la cárcel.Los otros agresores recibieron sentencias que no superaron los seis años de prisión.
Fuente: Casa del Migrante de la Diócesis de Saltillo/Comisión de Derechos Humanos.
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