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Coahuila

Mindfulness hoy en día

Por María del Carmen Maqueo Garza

Hace 11 meses

No deja de sorprender el grado de violencia que encontramos expresado en los diversos medios de comunicación. Sabedores de que es un tema que vende, los productores y difusores de información hacen un especial énfasis en asuntos que tienen que ver con la violencia en sus diversos modos, tanto que nos presentan un mundo que a ratos parece invivible.

Los estudiosos de la conducta humana afirman, con bases científicas, que el aislamiento al que nos empujan los medios digitales nos vuelve torpes para la convivencia con otros.  Vamos esperando que los demás respondan como lo haría nuestro aparato digital, al primer clic y justo como queremos que lo haga.  Se nos olvida que la convivencia entre humanos no se da de este modo, y que esperarlo solamente va a generar frustración e irritabilidad. No extraña entonces que surjan los conatos de violencia, cuando una persona no siente satisfechas sus expectativas con relación a otra persona. Nos vamos convirtiendo en reactores de mecha corta, por lo que, a la primera de cambios, podría generarse la agresión.

Si nos remontamos en la historia, recordaremos que los primeros homínidos requirieron de acciones grupales para su sobrevivencia. Un individuo en forma aislada estaría limitado para conseguir alimento y para defenderse de los depredadores.  En cambio, la organización grupal le proveía de mayor seguridad y sustento.  Así fue como los nómadas avanzaron en grupos, y mucho tiempo después se asentaron, conformando las primeras comunidades. Entre ellos fueron detectando diversas necesidades y surgió la especialización, de modo que ya no todos cazaban o sembraban.  Hubo quienes se dedicaron a otras labores y la interacción entre unos y otros se dio mediante el trueque.

A la vuelta de los siglos las comunidades fueron mejorando, se sometieron a distintos regímenes políticos, tal vez hasta la segunda mitad del siglo dieciocho, con la revolución industrial que marcó un cambio de paradigma.  Las religiones suplieron en buena medida el llamado al orden de los antiguos soberanos, y se hizo más marcada la diversificación entre grupos y comunidades a lo largo y ancho del orbe.

Fuimos evolucionando hasta el siglo veinte, cuando, por influencia de muy diversos factores, la personalidad del individuo comenzó a ser menos gregaria y más individualista, hasta el siglo actual, cuando la tecnología marca una tendencia extrema, egocéntrica diría yo, que nos lleva hacia el aislamiento.

Ciertamente no podemos desembarazarnos totalmente del grupo. Para cubrir nuestras necesidades continuamos siendo dependientes del comerciante, del profesional de la salud, de la educación o de las leyes. La infraestructura urbana depende de organismos centrales, así como el mantenimiento del orden público. Pero en lo que se refiere a nuestro pensamiento, tendemos cada vez más a conducirnos por cuenta propia, sin mucho atender a otros. Cuando queremos trasladar esa forma de actuar a las relaciones con los demás, la cosa se complica y surgen las fricciones, que no pocas veces terminan en actos violentos.

Tal vez consideramos que la agresión daña solamente al agredido, pero no es así. El agresor va acumulando una carga de negatividad que, tarde o temprano, termina también por afectarlo.   Entonces, la violencia entre nosotros no apuesta a la salud integral de nadie.

Hoy en día escuchamos mucho hablar del “Mindfulness” o “Conciencia plena”, un arte milenario que tiene sus raíces en oriente. Nos habla de hallar el punto armónico con nosotros mismos primero, y con los demás después, mediante diversas técnicas. Parte de la respiración consciente, base de la meditación, a la que progresivamente se van agregando pasos que conducen a la serenidad, al disfrute, al aprendizaje de respuestas que sustituyan las reacciones, y a comunicar a otros nuestros estados de paz interna.   Constituye una disciplina más que necesaria en estos tiempos cuando con tanta facilidad perdemos la calma y nos invaden, tanto la ansiedad como la depresión.

Partimos del momento presente, del aquí y del ahora, para vivirlo a profundidad, aprender a disfrutarlo y sacar el máximo provecho de este.  A partir de ello aprendemos a respetar al otro, su derecho a pensar y a actuar distinto a nosotros, lo que favorece la comunicación y disminuye los choques entre quienes piensan distinto. Ahora bien, hay que decirlo, el mindfulness se presta a prácticas falsarias, a que alguno se diga maestro o guía y busque dar clases o asesorías, sin estar calificado. Como en todo, hay que buscar fuentes auténticas en las cuales depositar nuestra confianza.

Mindfulness: Una excelente disciplina que nos permite conocernos y emprender relaciones armónicas, que coadyuven a limitar la violencia en nuestros tiempos.

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